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JOSÉ GUTIÉRREZ ROMÁN. TODO UN TEMBLOR. SILTOLÁ POESÍA, 2018

A tenor de la información que nos facilita la solapa del libro, José Gutiérrez Román (Burgos, 1977) ha publicado hasta ahora solo un libro de poemas, Los pies del horizonte, que fue galardonado con el Premio Adonáis de 2010 y una plaquette de cuentos, La vida en inglés. Ha escrito además otro libro de poemas que permanece inédito. Todo un temblor es, por tanto, su tercer libro de poemas y ha visto la luz siete años después del primero. Contrastamos, sin embargo, la información precedente y comprobamos que, sin ser falsa, es claramente exigua. Dos libros de poemas preceden al premiado con el premio Adonáis, Horarios de ausencia (2001) y Alguien dijo tu nombre (2005). Ha escrito también otro libro de cuentos, El equilibrio de los flamencos (2006). José Gutiérrez Román ha sido incluido además en varias antologías poéticas y ha recibido el Premio Letras Jóvenes de Castilla y León en varias ocasiones. Creo que son datos que merece la peña señalar para proporcionar al lector una información no sesgada.

   ¿Cuál ha sido el motivo para que después de ganar el Premio Adonáis, un premio de relieve que suele ser un gran espaldarazo para quien lo obtiene, un espaldarazo que se traduce, generalmente, en cierta predisposición editorial para publicar el siguiente libro, José Gutiérrez Román haya demorado tanto su nueva entrega? No conocemos su caso en concreto, pero existe la posibilidad de que se deba a un alto nivel de exigencia estética o puede que la propia escritura se haya mostrado esquiva con el autor. En cualquier caso, no resulta extraño que dicho periodo de silencio sea el tema del primer poema del libro, «Me preguntan si sigo escribiendo», a lo que el autor, después de dar larga, opta por decir la verdad: «Entonces me sincero, / les digo que no, que no escribo nada / desde hace ni se sabe, / son racha, bueno, surge cuando surge, / y así mil frases hechas / que acaban sepultando el asunto»». Cuánto hay de falsa modestia en estos versos resulta muy difícil discernirlo. A medio camino entre la meditación y la ironía, la poesía de Gutiérrez Román, como la de sus maestros más o menos implícitos —Luis Alberto de Cuenca, Javier Salvago, Jon Juaristi o Ramón Irigoyen, por ejemplo— combina con soltura ambos aspectos y con ellos logra desmitificar asuntos que en otra voz adquieren categoría de inefables, como el del “oficio” de poeta (el poema «Realismo Limpio» es uno de los más lúcidos en este sentido: «No me hables de realismo sucio, / de la literatura cruda y dura de no sé quién / y de la sordidez de no sé cuál. // Me dedico a limpiar culos de gente adulta / que no es capaz de hacerlo por sí misma»), el llamado “problema” de España («El problema de España / quizá sea un trastorno del lenguaje. // A este país le hace falta un logopeda») o el alto destino vital que algunos persiguen sin descanso («Desperdicia tu vida, / haz todo lo que esté en tu mano / para echarte a perder»).

     El tono trivial y jocoso que percibimos en estos versos no oculta, sin embargo, el desencanto fraguado en el conocimiento de las prosaicas ambiciones que gobiernan la conducta del ser humano, conducta a la que el poeta tampoco puede ser ajeno, aunque gracias a las enseñanzas que propicia la experiencia personal relativice los éxitos y los fracasos, estos últimos tan demonizados en la actualidad: «Me comprometo a no mezclar deshechos: / en este cubo dejaré mis cuitas, / este otro será para las metáforas, / y aquí, en este rincón, la materia vanidosa / —altamente contaminante—».

     Todo un temblor es un vademécum de poesía sustentada en lo anecdótico. Aquí tienen cabida las circunstancias laborales, las relaciones personales, el fracaso amoroso, el erotismo (la asociación simbólica que subyace en el poema titulado «Eros» me recuerda a algunos poemas de Antonio Praena o de Juan Antonio González Iglesias), la critica social y, por supuesto, la poesía y la condición de poeta, a quien se baja de ese inestable pedestal en el que le colocan críticos y antólogos. Un lenguaje claro, al servicio de la anécdota, de estructura narrativa y carácter descriptivo no debe privarnos de leer entre líneas para descubrir que más allá de lo subsidiario se encuentra lo esencial, esto es, la visión de un poeta que, desde la superficie de las palabras, hurga en las zonas profundas de su conciencia para reconocerse en sus contradicciones. El último poema del libro, «Anotaciones», resume perfectamente esta hipótesis: «Justo en ese momento / en el que la poesía / te comience a cansar y descreas de ella, / abre tu vida / por una página cualquiera del pasado / y lee las anotaciones / que hiciste al margen. / Tendrás ante tus ojos / algo más relevante que cualquier poema. / Podrás decir entonces / que tienes argumentos». Lo más evidente encierra también grandes misterios.

José Gutiérrez Román: Todo un temblor

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