JAVIER SÁNCHEZ

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. TAMBIÉN VIVIR PRECISA DE EPITAFIO. ANTOLOGÍA POETICA (1983-2017). EDICIÓN DE JOSÉ LUIS MORANTE. CHAMAN EDICIONES

Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, 1964) comenzó su andadura poética a una edad temprana, algo no infrecuente en este género. Su primer libro, Motivos —del que se recogen varios poemas en este volumen—, data de 1983, es decir, cuando el autor contaba diecinueve años. Desde entonces hasta el pasado año, fecha en la que se cierra la presente antología, ha publicado, en lo que a poesía se refiere —Javier Sánchez Menéndez mantiene abierto un ciclo reflexivo en prosa agrupado bajo el título Fábula, del que ha publicado ya seis entregas— once títulos.

Esta antología, preparada por el poeta y crítico José Luis Morante (1956), autor que ha realizado ediciones de poetas como Joan Margarit, Luis García Montero o Eloy Sánchez Rosillo, abarca este extenso periodo creativo y ofrece una muestra suficientemente representativa de cada uno de los libros, lo que nos permite asistir a la evolución creativa de un poeta que comenzó a publicar en el momento de ebullición de lo que se ha llamado poesía de la experiencia (recordemos que en 1982, uno de sus máximos representantes, Luis García Montero, obtuvo el premio Adonáis con un libro que se convertiría en paradigma de dicha estética, Un jardín extranjero). Coinciden pues los intereses estéticos de Sánchez Menéndez con los de un importante sector de la poesía española de la época («El jardín entre la niebla de la mañana / parece algo más que un jardín / porque estás tú / que no eres una sombra, / no emerges de los árboles / ni de los rascacielos», escribe en un poema de ese libro inicial). Morante tacha de germinal este primer libro, algo perfectamente comprensible si nos atenemos ala edad en la que fue escrito, pero germinal también en el sentido de que en él se adelantan muchos de los motivos y las técnicas formales de Javier Sánchez Menéndez, que iremos viendo a lo largo de estas líneas. Derrota y muerte de los héroes (1988), su segundo libro, presenta algunas novedades con respecto de ese primer libro circunscrito al rótulo de la experiencia. Aunque sin caer en los excesos de la poesía novísima, en este libro parece haber una intención de volver la vista a una estética que, si bien tuvo sus momentos álgidos en décadas anteriores, los sesenta y los setenta, no ha perdido del todo su vigencia. El culturalismo está muy presente en los poemas de esta segunda entrega, valga como ejemplo el poema titulado «En Galia Narbonense». En los siguientes libros, sin embargo, Javier Sánchez Menéndez regresa a una a sus preceptos primigenios, a una indagación acerca de la realidad con un lenguaje directo, sencillo, anecdótico que discursea sobre lo íntimo y lo histórico, y a un ritmo más atento a los dictados de la métrica tradicional que al vuelo sincopado de la cadencia respiratoria. Un poema como el titulado «El País» nos lo demuestra: «No me importan los censos, las estadísticas, / las batallas sangrientas en el Oriente Medio, / los satélites rusos, las visitas reales, / no me importa el pasado / porque en el ayer ya estamos, / cuando miro hacia el sol y compruebo / que dirige su marcha a la vertiente oeste / de tu casa». Una sutil ironía, no siempre discernible en una primera lectura, caracteriza muchos de los poemas de esta serie: «Abel siempre me dice que no sabe cuándo hablo de veras o de broma…». En este libro se encuentra además uno de los mejores, desde mi punto de vista, poemas escritos por Javier Sánchez Menéndez, «Variación de Moguer», un emotivo viaje a la infancia —«mejor mi adolescencia»— en el que alternan el presente y el pasado, la devoción infantil con la sensualidad de la madurez desde la que se escribe.

Del mismo año 1991 es Introducción y detalles, un libro denso y cargado de ironía, con implícitas referencias textuales que contribuyen a consolidar una poética personal que ya ha dejado de titubear y de experimentar con diferentes estéticas; Javier Sánchez Menéndez ha encontrado su voz: «Acusado en otro tiempo de polémico y confesional, / me he limitado a escribir versos, a asentar la cabeza en los inconvenientes / y a negar toda duda sobre mi condición / de hombre cualquiera». Vienen después otros libros que inciden en lo anecdótico como argamasa de un reflexión que se va volviendo por momentos menos gozosa, más desengañada, quizá porque «se paga la idea de agradecer / la vida a cada instante». No carece de lógica este tono desencantado. La experiencia vital enseña a no dejarse guiar por un optimismo exacerbado ni por los efluvios de un enamoramiento que suele tener fecha de caducidad. Vamos leyendo como testigos privilegiados ese itinerario vital en libros como La muerte oculta (1996), Una aproximación al desconcierto (2011) o Mediodía en KensigntonPark (2015), un libro, este último, de poemas en prosa en los que predominan las reflexiones identitaria y metapoética, de forma más o menso intensa presentes en toda su poesía.

Perdona la franqueza (2015) es, en palabras de Morante, «un muestrario breve que emplea como formato monocorde el versículo […] Así acentúa el modo reflexivo. Nos hallamos ante una poesía de pensamiento que incide en la visión de lo real de modo fragmentario. El poeta se abre a la sugerencia y la hondura, desarticula el trayecto lineal y deja constancia del paso existencial de un sujeto cambiante en el ahora y en los territorios calmos de la evocación», o lo que es lo mismo, Sánchez Menéndez simultanea lugares y tiempos y sufre las transformaciones propias de un hombre comprometido con la realidad que le ha tocado vivir. En sus poemas lo biográfico siempre ha gozado de una preeminencia voluntaria, incluso cuando se asocia con la indagación lingüística.

El baile del diablo, publicado el pasado año, es su entrega más reciente. El poeta se mira en el espejo de la página con crudeza, sin asomo de conmiseración: «Llevas toda la vida dando saltos / vestido de impostor, falso saludo / de la mano blanda sin mirar a los ojos, y a solas con el mundo renaces / con el mundo». El diablo no es un ser maligno, provee de conocimiento, un conocimiento que alimenta la experiencia, que forma una especie de escudo contra las contingencias del vivir.

Como toda antología que se precie, También vivir precisa de epitafio, se culmina con algunos poemas de un libro futuro. La muestra resulta insuficiente para aventurar hacia dónde camina la nueva poesía de Javier Sánchez Menéndez pero has versos significativos que nos hacen presagiar un descreimiento, un escepticismo más acusado aún que el que veíamos en muchos poema de sus últimos libros: «No queda nada. Ya nada permanece. / El poema, el verso, la palabras, / todo viaja hacia la falsedad». La construcción del personaje que el lenguaje propicia parece desmoronarse ante el peso de la realidad, lo que no deja de ser un buen motivo (Motivos se titula su primera entrega poética) para continuar escribiendo.

 

*https://elcuadernodigital.com/2018/11/14/javier-sanchez-menendez-epitafios-del-superviviente/

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