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ELENA TORRES. GRAMÁTICA DE SOMBRAS. EDITORIAL CALAMBUR, 2018

 La tendencia a extrapolar el significado lingüístico, gramatical, de algunas partes de la oración para dotarlos de un contenido ontológico no es nueva, aunque, tal vez, en los últimos años se ejercite con más frecuencia. El lenguaje sobrepasa su carácter instrumental y se convierte en el centro de gravedad sobre el que gravitan los pensamientos, las acciones, las emociones o, incluso, la reflexión sobre el proceso creativo. Recordemos, sin ánimo de ser exhaustivos, títulos como “Adverbios de lugar” y “Yo que tú. Manual de gramática y poesía”, ambos de Juan Vicente Piqueras, “Actos de habla” de Jaime Siles, “O fruto da gramática” de Nuno Júdice, «¡Yo soy mi sinalefa!», verso de José Luis Rey o el más lejano en el tiempo «vivir en los pronombres», verso saliniano de “La voz a ti debida”. Entre estos títulos podemos incluir “Gramática de sombras”, el nuevo libro de Elena Torres (Valencia, 1960), autora de una importante obra compuesta por trece títulos previos, publicados en poco más de veinte años, entre los que citaremos “En la esquina del desencuentro” (2001), “Alrededor del deseo” (2011), “Frágil” (premio Vicente Gaos, 2012) o “El baile de la vida” (2016).

Desconocemos el mecanismo interior que determina la elección de tal o cual parte de la oración para enfatizar una idea: ignoramos la fórmula que permita solventar la distancia entre la experiencia de lo real que las palabras transcriben y la realidad misma, y ese no saber, esa incertidumbre provoca esta indagación sobre sus propia esencia, ese andar a tientas por los abismos del significado, más allá de la forma que los encarna, que cierto tipo de lenguaje, el lenguaje poético, emprende.

“Gramática de sombras” lo expresa muy bien desde su título. Son sombras, más o menos densas, las que envuelven la intención de definir, de esclarecer, de precisar el significado. La ambigüedad es una sombra también, un manera laxa y eficaz en algunas ocasiones, de acercarse a lo indecible. La propia poeta explica de dónde procede la escritura de este libro: «Surge de una toma de conciencia con el lenguaje, de la necesidad de decir lo inefable. Y lo hace desde esas mínimas expresiones que son los nexos entre palabras y silencios. De ahí la brevedad y contención en sus poemas, que los hace diferentes de otros libros anteriores»

El libro está dividido en ocho secciones (más un poema epilogal), cada una de las cuales se presenta encabezada por unos versos ajenos. Poetas convocados a estas páginas son Caballero Bonald, Francisca Aguirre, Ada Salas, Tomás Segovia, Luis Cernuda o Jaime Siles, por ejemplo. Secciones que poseen además, un nexo común en los poemas que las integran. Así, todos los poemas de la primera están encabezados por adverbios de tiempo: Ahora, mañana, pronto, etc. «Ahora que los días / son pausado preámbulo, / cúmulo de silencios que enumera / la suma del dictar del corazón, / queda darnos más tiempo / para poder ser más» dice el primer poema. En la segunda, sin embargo, la columna vertebral del poema es el lugar, «El lugar gris de las cosas idas». El sujeto busca un lugar habitable, pero cae en la cuenta de que ese lugar acaso solo pueda existir dentro de uno mismo. Tiempo, lugar, modo, cantidad, estos cuatro adverbios conforman las cuatro primeras partes. Locuciones, estructuras verbales que poseen un sentido propio abundan en los siguientes poemas.

La poesía de Elena Torres está construida con una estudiada economía de medios cercano, en muchas ocasiones, a la brevedad del haiku (estrofa de la que Elena ha declarado sentirse deudora). Sus versos buscan la esencialidad del decir, la desnudez del sentido, la fragmentación temporal que, unas veces, distancia y otras, simultanea el suceso. Esta depuración del lenguaje no impide a la autora, sin embargo, escribir como si las palabras tomaran cuerpo, como si fueran capaces de representar con “objetividad” aquello que solo palpan, porque en “Gramática de sombras” no hay solo una indagación de carácter lingüístico, hay también una exploración sobre el amor («Darle sentido / a cada adverbio / que modifica / el verbo amar» y el desamor («¿Cómo se llega / hasta la curva/ del desafecto», se pregunta), sobre el tiempo («Solo se permanece en el después»), sobre los temas centrales de la existencia y sobre el propio ser, un tema que recorre toda su poesía. Elena Torres escribe desde el desconocimiento pero no se forcejea con razonamientos empíricos. Más que certezas, sus poemas buscan una verdad poética que está más allá de lo verificable, que colinda más con el misterio con que con la claridad, de ahí lo acertado de un título como “Gramática de sombras”, porque solo ellas es la que «sobrevive / en la escritura».

*Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 9/11/2018

 

 

 

 

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