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MARÍA EUGENIA MATÍA AMOR. LAS DIMENSIONES DE LA MEMORIA. LA POESÍA DE ARCADIO PARDO. UNIVERSIDAD DE VALLADOLID. 2018-10-28

La personal singladura vital de Arcadio Pardo (1928) se ha visto marcada desde su nacimiento por la errancia, por el nomadismo. Nació en Beasáin, un pueblo guipuzcoano de la comarca del Goierri, lugar en el que estaba destinado su padre, ferroviario de profesión. Allí pasaría los primeros años de su vida. Unos años después la familia se trasladará a Madrid y, posteriormente, a Valladolid, ciudad en la que establecen su residencia de forma permanente, aunque nuestro poeta pronto levanta el vuelo y en los años cincuenta se traslada a Rouen. Francia se convertirá, a partir de entonces, en su verdadera casas. Allí formará su propia familia y crecerá profesional e intelectualmente. Sirvan este escueto resumen vital que tan ordenadamente detalla María Eugenia Matía Amor en este libro, fruto de su tesis doctoral, para justificar, si es lícito hacerlo, la ausencia de Arcadio Pardo de los recuentos poéticos generacionales que por fecha de nacimiento le hubieran correspondido La distancia, la lejanía actúan como un cortafuegos. Separan grupos en compartimentos estancos sin ningún contacto. Unos, por orientación o por cuestiones de accesibilidad quedan en las zonas sombrías y prosperan con dificultad, y otros, sin embargo, son agraciados por la luminosidad del astro sol. La claridad aumenta su presencia, los visualiza, los difunde. Ha ocurrido en otras ocasiones y, lamentablemente, seguirá ocurriendo, por eso un libro como este de Matía Amor resulta oportuno y necesario.

Arcadio Pardo asegura que toda su obra «se ha hecho en el aislamiento personal y geográfico» (lo recuerda Jaime Siles en las páginas preliminares). Todos sabemos que la labor del creador es solitaria y que la soledad es una herramienta imprescindible para crear, para reflexionar sobre la propia obra, sin embargo, no es menos cierto que el contacto con otros pares se similares inquietudes es beneficioso y contribuye al enriquecimiento personal. Arcadio Pardo, al vivir fuera de España, no tuvo elección (hemos visto en otros poetas, Cernuda, por ejemplo, el trastorno emocional que tal soledad infligió en su atormentada existencia) y se vio obligado a levanta los cimientos de su obra sin apenas contacto con sus coetáneos, y decimos, casi porque sus primeros iniciativas literarias surgen en la inmediata posguerra. La revista Halcón (1945-1949), puesta en marcha por Manuel Alonso Alcalde, Luis López Anglada y Pardo surge prácticamente al mismo tiempo que otras como la santanderina Proel o la leonesa Espadaña, circunstancia que propicia los intercambios poéticos. El número 5 de la colección Halcón (al igual que Proel, por ejemplo, los responsables de la revista amplían su campo de acción y ponen en marcha una colección de poesía) acoge el primer libro de Arcadio Pardo, Un tiempo se clausura (1946). Cuenta entonces el poeta 18 años y una vez colmada la avidez de ver su libro publicado, se toma con más calma la publicación del segundo, El cauce de la noche, que no será hasta 1955. Casi diez años de silencio necesarios para que la voz del poeta se aquilate y adquiera tonalidades propias. Durante este periodo se publican en España una buena cantidad de títulos señeros de poetas que rondan la edad de Arcadio Pardo. Algunos son unos años mayores, como Blas de Otero, José Hierro, el malogrado José Luis Hidalgo, o Carlos Bousoño, otros, sin embargo, son estrictamente coetáneos, como Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente o Caballero Bonald, por ejemplo. Por esta razón, no resulta extraño que María Eugenia Matía Amor se pregunte «¿Dónde ubicar a Arcadio pardo en este vasto panorama?». Lo cierto es que, sin que carezca de relevancia situar al poeta en uno u otro movimiento generacional, lo verdaderamente importante es la calidad poética de nuestro autor, una calidad que alcanza un nivel notable con su libro Soberanía carnal, publicado en la colección santanderina La isla de los ratones, dirigida por el galerista y novelista Manuel arce, también nacido en 1928 y fallecido hace unos meses. Matía dice que es «un libro atípico porque la vibración sentimental de su yo (biografía, patria, erotismo) se desborda en una sintaxis no canónica que lo aparta de su contemporidad». Como decimos, esto no es, en principio, un lastre. El poeta debe ser un francotirador y no cobijarse bajo la protección de numérica del pelotón de infantería.

En la década de los setenta, Arcadio Pardo publica dos libros: Tentaciones de júbilo y jadeo (1975), En cuanto a desconciertos y zozobras (1977). Está en su apogeo la estética novísima (Nueve novísimos poetas españoles, de Castellet, se ha publicado en 1970), pero Arcadio navega «entre la inquietud religiosa y la metapoética», una preocupación, esta última, que comparte con otros muchos poetas de la época y que podemos rastrear en todo sus libros.

Inaugura la década de los ochenta con un libro publicado por la colección Adonáis, (publicaría de nuevo en tan prestigiosa colección en 2007, El mundo acaba en Tineghir)Vienes aquí a morir y en 1983 publica, gracias al premio José Luis Núñez, el que la crítica ha dictaminado como su mejor libro, Suma de claridades. Desde entonces y hasta hoy en día, a su currículum se han sumado más de una docena de títulos, el último de los cuales es una antología publicada en Buenos Aires, Poesía (2018). María Eugenia Matía Amor realiza un exhaustivo recorrido por su obra, contextualiza al autor en su época, analiza las particularidades de su mundo poético, sus señas de identidad y la construcción de la realidad a través de un leguaje elaboradísimo y personal. Después de leer este detallado estudio, no nos cabe ninguna duda de que, tal y como afirma Matía Amor, Arcadio Pardo es «Un poeta de altura, ya que su talento se manifiesta a través de una expresión intensamente creativa y sugerente, capaz de crear una cosmogonía y descubrir un mundo más allá de lo posible, enlazándolo con autores donde el tiempo mágico se humaniza». Este libro ofrece una oportunidad inmejorable para redescubrirlo, para redefinir y, en su caso, modificar el relato generacional que se nos ha trasmitido.

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