ted

TED HUGHES. UN POETA REHABILITADO

El próximo día 28 de octubre se cumplen veinte años del fallecimiento del fallecimiento de Ted Hughes (1930-1998) víctima de un cáncer incurable detectado el año antes, uno de los más grandes poetas británicos del pasado siglo, aunque, lamentablemente, gran parte de su fama, sobre todo entre los aficionados al maniqueísmo, la ha adquirido por ser el esposo de Silvia Plath y por las trágicas circunstancias en las que esta perdió la vida. Sin embargo, como decíamos, estamos hablando de unos de los poetas mayores en lengua inglesa de la segunda mitad del siglo XX, y decir esto supone decir muchas cosas, pues todo lector de poesía conoce las altas cimas que a ambos lados del Atlántico ha alcanzado la poesía en dicha lengua. Basta recordar a poetas como W. H. Auden (1907-1973), Seamus Heaney (1939-2013), Dereck Walcott (1930-2017), Philip Larkin (1922-1985). Elsabeth Bishop (1911-1979) Robert Lowell (1017-1997) Denise Levertov (1923-1997) John Asbhery (1927-2017) o la propia Sylvia Plath (1932-1963) para darnos cuenta de lo que representa su voz poética.

Unos meses antes de su fallecimiento, en marzo de dicho año 1988,Hughes publicó “Birthday Letters” (“Cartas de cumpleaños”, publicado en español en 1999, traducido por Luis Antonio de Villena) que provocó una gran controversia en el mundo cultural británico. Hughes, que hasta entonces había mantenido un discreto silencio en torno a la muerte de su primera esposa, la también poeta Sylvia Plath, cuando contaba treinta años, comenzó a escribir este libro poco después del suicidio de esta tras un nuevo intento. De hecho, en un poema escribe “Esta es la Número Tres”, lo que confirma un prolongado estado depresivo) y dilató su escritura durante más de treinta años manteniéndolo en secreto. Muchos lectores culparon a Hughes de la muerte de su esposa. Pocos meses antes de meter la cabeza en el horno de gas en su domicilio de Fitzroy Road mientras su hijos, Frieda y Nicholas (que también se suicidó, en 2009) dormían, Hughes se había separado de su esposa dejándola a cargo de sus dos pequeños hijos, hecho que, al parecer, la frágil salud mental de Sylvia Plath no pudo soportar, de ahí que el peso de la culpa recayera no en un posible desequilibrio mental de la venerada poeta sino en la conducta disoluta de su marido (Hughes vivía ahora con la también poeta Assia Wevill, cuyo fatal destino —también se suicidó con gas, llevándose consigo a la hija de ambos— avivó aún más en las acusaciones de maltrato y ultraje). Sylvia adquirió pronto la categoría de víctima y el entonces incipiente feminismo la utilizó como icono identitario, convirtiendo así a Hughes en un paradigma del machismo más extremo (a exacerbar esta idea contribuyó el libro “Ariel” de Sylvia, publicado, sin embargo, por su marido dos años después de su muerte, en el que podemos leer versos tan crudos como este: «hay una estaca en tu negro y grasiento corazón» que Hughes respetó, aunque no ofrecieran su mejor imagen), incluso tachándolo de asesino, opiniones que él nunca trató de desautorizar. «Desde el momento en que Sylvia se convirtió en una heroína cultural y fue explotada por las feministas, me han retratado como el villano de la obra y no habrá nada que lo cambie en lo más mínimo. Por eso he preferido mantenerme en silencio y no dar mi versión, añadiendo leña al fuego».

Con unos antecedentes como estos no es difícil imaginar que la poesía de “Carta de cumpleaños”, en contra del resto de la producción poética de Hughes, alejada del lirismo sentimental y muy variada temáticamente, con una presencia simbólica de la naturaleza permanente, está vinculada directamente con su vida. En ella el poeta expresa las vacilaciones, los desencuentros, los momentos de exultación de su relación con Sylvia. Son, en palabras de De Villena «… unos poemas con fondo narrativo y autobiográfico, sobre el que se teje y articula una densa red de símbolos, metáforas y comparaciones que van de la antropología al psicoanálisis, pasando por la animología de diversas tradiciones», unos poemas que intentan reflexionar sobre el pasado para encontrar la verdadera causa de la tragedia, pero que se quedan tristemente en el intento. De hecho, un poema titulado «Última carta» no incluido en el libro y hallado en 2010 entre sus papeles en la Biblioteca Británica, refleja como ninguno esa impotencia que le desquició durante toda su vida.

No hay muchos ejemplos de este tipo de libros en la poesía moderna. Quizá “La cama pintada”, de Donald Hall pueda equipararse, pero en este caso se describen la enfermedad y la muerte de su compañera, la también poeta Jane Kenyon, sin acritud, desde el dolor compartido que facilita la convivencia, no desde la distancia y la perplejidad, como en el caso de Hughes, si bien ambos describen con ternura las peripecias del enamoramiento y revelan una admiración sin fisuras por la obras de sus respectivas parejas. Otro libro que guarda algunas similitudes con “Cartas de cumpleaños”, aunque la intención del autor sea más beligerante y demoledora, es “Palais de Justice”, de José Ángel Valente. En dicho título el poeta describe con crudeza el proceso de separación y divorcio de su primera esposa —en este caso no era poeta—, aunque, a diferencia de los dos anteriores, por fortuna el desenlace resulta menos dramático, aunque igual de doloroso.

Con el paso del tiempo la calidad poética de Hughes se ha acabado imponiendo por encima de otras consideraciones de carácter biográfico y hoy se le celebra como un clásico (fue nombrado Poeta Laureado en 1984). Las notas necrológicas que daban noticia de su muerte lo adjetivaban como un “gigante” de las letras británicas, y no es para menos, por que su obra, como escribe Eduardo Lago, «es de una gran hondura y multiplicidad de matices. Su obra hunde las raíces en las posibilidades de lo mítico. A veces hace gala de un humor negro despiadado, otras se sumerge en los niveles más primarios de la sexualidad. Capaz de alcanzar momentos de un lirismo despojado de sentimentalidad, o de sumirse en un tono de signo reflexivo, posiblemente uno de los rasgos más característicos de su obra sea su capacidad de acercamiento a la naturaleza y al mundo animal, cuya violencia y belleza describe inigualablemente».Además, diferentes estudios y publicaciones más neutrales y rigurosas —“La mujer en silencio de Janet Malcolm, por ejemplo— han contribuido a rehabilitar su figura pública, como hemos dicho, muy denostada desde la muerte de Plath por las injustas acusaciones. Sí permanece vigente el reproche que suscitó entonces en los medios literarios y en la sociedad más reivindicativa el hecho de que Hughes se deshiciera de un diario de Plath con el argumento, posiblemente bien fundado moralmente, de evitar un daño irreparable en sus dos hijos. También desaparecieron unas 130 páginas de una novela inédita titulada “Double exposure”. ¿Hasta qué punto tal decisión estaba justificada? No es fácil tomar partido sin conocer el contenido, aunque tal justificación, utilizada de forma laxa, puede privarnos —como en este caso y, sin duda, en otros muchos— de documentos imprescindibles para conocer en toda su amplitud las raíces más profundas de las obras que han escrito.

En España su obra se ha ido conociendo paulatinamente. Al citado “Carta de cumpleaños” hemos de añadir la “Antología poética” publicada en 1971 por Plaza y Janés. La antología “Violencia de la palabra: poemas selectos 1957-1981” publicada por la Universidad de Cádiz en 1992.Una antología temática, “Poemas de animales” (1999) publicada por Mondadori, “Cuervo” (Hiperión, 1998) en edición de Jordi Doce, la antología “El azor en el páramo” (Bartleby, 2010) en edición de Xoán Abeleira y “Gaudete” (Lumen, 2010), traducido por Juan Elías Tovar. No es la obra completa, pero sí nos ofrecen una muestra suficientemente amplia como para apreciar la envergadura de sus logros.

  • Artículo publicado en el suplemento Sotileza el 26/10/2018

 

 

Anuncios