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PABLO FIDALGO LAREO. CRÓNICA DE LAS AVES DE PASO. ACCÉSIT DEL PREMIO ADANÁIS, 2017*

La poesía de Pablo Fidalgo ha sido fiel desde su primer libro publicado, el sorprendente La educación física, a unos pocos temas que han servido, sin embargo, de eje argumental para desarrollar su pensamiento —un pensamiento crítico—, su adscripción ideológica, su forma, en definitiva, de estar en el mundo. En primer lugar, nos encontramos con la memoria, una memoria capaz de rastrear sucesos en los recodos de la historia, de la intrahistoria, con el ánimo de dar a voz a los silenciados, a quienes no pudieron articular palabra alguna para defenderse. En segundo lugar, su adscripción ideológica —sí, estoy hablando deliberadamente de ideología política para reseñar un libro de poemas—, muy determinada por las indagaciones de carácter histórico que ha realizado, primordialmente en sus perfomances—O Estado Salvaxe. Espanha 1939 o Habrás de ir a la guerra que empieza hoy— pero también en sus libros de poemas (Fidalgo Lareo compagina la actividad teatral —tanto en la labor creativa como en la función gestora—con la creación poética, hasta el punto de que no siempre es fácil desligar la una de la otra). El tercero de esos temas primordiales se refiere a la familia, a sus padres y abuelos. Un libro como Mis padres: Romeo y Julieta basta para confirmarlo, aunque su presencia de extiende a otros volúmenes. El último eje argumental que nos parece de indudable interés es el del viaje, muy presente, como se ve por el título, en su más reciente libro: Crónica de las aves de paso. Este estar de paso quizás sea la forma —muchas veces involuntaria— de estar en el mundo de la juventud actual,

De una forma más o menos perceptible, todos estos temas aparecen ahora de nuevo, aunque algunos hayan pasado más que a un segundo, casi a un tercer plano, como el de la memoria histórica (sigue, no obstante, presente: «Nos escondemos del pasado / pero el pasado está demasiado cerca») y otros, como el del compromiso ideológico, se desmarquen ahora de una visión personal («Durante un tiempo lo único que el mundo quiso de mí / era que yo mostrase mi intimidad = y yo obedecí sin saber por qué») y avancen hacia la denuncia de carácter colectivo, como podemos comprobar en estos versos finales del poema «Mediterráneos»: «Este es nuestro mar, se está perdiendo, / se está secando, / se está llenando de una muerte / que ya no nos da vida, que ya no tiene épica. / Este fue nuestro mar: háblale ahora o calla para siempre».

El lenguaje descriptivo que Fidalgo Lareo utiliza no es, en su caso, subsidiario de consigna alguna. Lejos del panfleto, sus poemas ahondan en la realidad sin necesidad de tomar partido, solo es preciso estar a atento y extraer de un simple hecho que podríamos calificar de anecdótico sino encerrara tanto odio, las necesarias consecuencias, como ocurre en el poema «Capo Vaticano. Diario», que nos pregunta: «¿De verdad quieres saber qué pensamos de nuestra juventud que avanza al lado de la suya». Podemos encuadrar una gran parte de este no demasiado extenso libro dentro de esa poética del compromiso tan actual y que, desde mi punto de vista, solo tiene en común con la llamada poesía social de mediados de siglo pasado, la denuncia de la injustica: los métodos y las formas, como no podía ser de otra forma, se han perfilado con un lenguaje más esmerado y sutil que trata al lector como un cómplice, no como un correligionario: «Nos construimos juntos / y sabemos que lo difícil no es llegar a acuerdos / sino a verdaderos desacuerdos / que iluminen a los que vengan detrás / cuando ellos ya no estén».

El argumento familiar sigue estando muy presente. Las relaciones paternofiliales, siempre conflictivas, tampoco se exponen directamente. El simbolismo , el propio título del libro es la mejor prueba, esta muy presente en estos poemas, quizá más que en ningún otro de sus libros y el poema titulado «El padre» es un claro testimonio de este conocimiento que adquiere por contigüidades semánticas, no por certidumbres. Las aves, los pájaros, el vuelo mismo, además de libertad, ejemplifican bien esa capacidad de transformación interior que suponen las migraciones. Cambiar de hábitat invita a ser otro, resulta propicio para desprenderse de las rémoras de un pasado que puede llegar a resultar asfixiante y es que «Desplegar las alas es recoger el mundo, / el mapa que te dieron. / Desplegar las alas es ser fiel a una posibilidad / que siempre estuvo allí». El vuelo, como escribiera Jenaro Talens, excede el ala, de igual manera que la preparación, la intención del viaje supera al viaje mismo. Crónica de las aves de paso nos muestra a un Fidalgo Lareo en tránsito hacia una más universal herencia de conocimiento que da una consolidada intensidad emocional a unos poemas que, por otra parte, han demostrado con creces su riqueza compositiva y (nos encontramos ante unos de los poetas imprescindibles de las última hornadas, por más que los antólogos al uso se empeñen en ignorarlo). Poemas como «Tríptico de Módica», «Paolo Orsi» o «Lecciones de tinieblas» (que nos recuerdan tanto a Valente como a la música de François Couperin), así parecen anunciarlo.

*https://elcuadernodigital.com/2018/10/17/cronica-de-las-aves-de-paso

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