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GABRIEL INSAUSTI. SAQUE LA LENGUA. V PREMIO INTERNACIONAL JOSÉ BERGAMÍN DE AFORISMOS. CUADERNOS DEL VIGÍA. 2018

Saque la lengua es el tercer libro de aforismos de Gabriel Insausti (San Sebastián, 1969), un autor imbuido de literatura por los cuatro costados, ya que frecuenta la poesía —Línea de nieve es su último título en este género—, la escritura de diarios —El oro del tiempo se acaba de publicar—, la crítica, el ensayo, la novela o la traducción. Como se ve, nada literario le es ajeno. Como sabemos, el género aforístico exige ciertas obligaciones, una de ellas es respetar la concisión. Cuando pasa de ser un chispazo del pensamiento representado en dos o tres líneas se transforma en otra cosa, en un fragmento discursivo, en un microrrelato, en una anotación de diario o en una reflexión con carácter ensayístico, por ejemplo.

     Los aforismo de Insausti cumplen perfectamente esta premisa y cualesquiera que podamos asociar a dicho género porque combinan brevedad, una dosis muy proporcionada de ingenio, juego, paranomasias, alteración del significado habitual de las frases hechas y una mordacidad nunca hiriente, como en este ejemplo que transcribo: «En el mejor de los mundos posibles no se pierde el tiempo especulando sobre el mejor de los mundos posibles». Los temas que aborda Insausti son variados, desde una solapada crítica social (o política): «El drama de hacer huelga y que nadie lo note» hasta las fraudulentas condiciones de vida o el paso del tiempo, como en este logrado juego de palabras: «El tiempo borra la diferencia entre moderarse y demorarse». La reflexión sobre la escritura no se escapa tampoco al ojo escrutador de Gabriel Insausti: un cierto matiz irónico prevalece en muchos de los aforismos que tienen al ejercicio de la escritura como argumento: «La mirada del poeta emite su propio flash», «Después de la poesía no es posible Auschwitz» o «Cada poema documenta un fracaso» y es que «El escritor de aforismos es como ese tipo que en el safari solo dispara su cámara», es decir, que está más atento al hecho de retener el asombro que se esconde en la realidad por medio del lenguaje que a alterar esa realidad para acomodarla a sus intereses. El aforista es testigo, no verdugo. El conflicto identitario también asoma en estos aforismos: «El yo es la prisión en la que se entra voluntariamente» o «Al yo no se va, se vuelve». Podemos concluir de estos ejemplos que los aforismos de Insausti están llenos de dobles sentidos que obligan al lector a repensar sus convicciones, que incitan a mirar la realidad desde un punto de vista diferente. Están, además, escritos sin ánimo de deslumbrar, todo lo contrario, trasmiten una sensación de complicidad no muy habitual. No es extraño que el jurado del premio José Bergamín de aforismos eligiera Saque la lengua entre otros firmes candidatos, porque es un libro escrito a la vez desde el asombro y desde el desconcierto y seduce porque la ausencia de dogmatismo, por la contención de un yo que se sirve de sí mismo solo de manera referencial, nunca con afán ejemplarizante. Las grandes verdades buscan otros escenarios, acaso más espectaculares. Hay mucho más, pero aunque solo fuera por eso, merecería la pena leerlos.