JUAN DOMINGO

JUAN DOMINGO AGUILAR. LA CHICA DE AMARILLO. ESDRÚJA EDICIONES, 2018

Juan Domingo Aguilar (Jaén, 1993) fue con La chica de amarillo finalista del I Premio Esdrújula de Poesía, libro que ha sido publicado en los primeros meses de 2018. En junio de este mismo año el autor ha sido galardonado con el Premio de Poesía Villa de Peligros con el título, que verá la luz en los próximos meses, Nosotros, tierra de nadie. Esta circunstancia nos obliga a plantearnos dos aspectos, el primero de ellos es el estado de gracia en el que se encuentra el autor y, el segundo, su prodigalidad, porque es muy posible que ambos libros hayan sido escritos apenas sin solución de continuidad. En cualquier caso, debemos dar la bienvenida a un joven autor como Juan Domingo Aguilar por la intensidad con la que ha irrumpido en el panorama poético nacional, desde una ciudad con tantísima tradición poética como Granada.

Conviene decir ya que La chica de amarillo es un libro que, sin renunciar al amparo de la poesía de la experiencia, presenta matices personales en la representación de la cotidiana experiencia del fracaso amoroso, de la ausencia o del abandono. Quizá el más llamativo de esos matices sea el tono conversacional (alternado con largos monólogos) con un tú casi imaginario reflejo de un yo distanciado, que consigue dar al poema una calidez inusual a la par que convierte la experiencia propia en una especie de carta sin destinatario o, al menos, con un destinatario inaccesible. Por otra parte, la ausencia de puntuación imprime un ritmo más vivo a ese diálogo ficticio, a este diario de una ruptura amorosa y amplifica el sentido al permitir al lector decantarse por diferentes interpretaciones de lo narrado en función del lugar donde establezca las pausas versales. Veamos un ejemplo: «Me llamas me dices Domingo tengo ganas de verte / una leve pausa hasta luego un beso el último pitido / se mezcla con la suciedad que arrastran las calles en agosto / tu nombre en la pantalla del móvil la cama deshecha / Marta Ana Luía tiemblan pronuncian mi nombre / por toda la habitación gemidos / que no se parecen en nada a los tuyos / me pregunto si estarás sola me pregunto si tú también tiemblas». Antonio Praena, uno de los dos prologuistas del libro, escribe que «Nos encontramos un poeta que proyecta sobre el papel excrecencias sentimentales. Hay una forma de saberse y saber el mundo que habitamos que no precisa convertir a los oyentes en pantalla de nosotros mismos». Esto, como parece inevitable, no le convierte en especial. Juan Domingo Aguilar es un poeta muy joven y habla —escribe— sobre sí mismo, algo natural en un primer libro, pero hay muchas formas de hacerlo. Cuando se describe el fracaso de una relación es frecuente caer en el patetismo y eso, afortunadamente nuestro autor lo ha solventado con una especie de irónica resignación que no se circunscribe solo a los avatares de la truncad relación; orbitan alrededor poemas que funcionan por asociaciones mentales que solo podemos intuir, la historia personal se extiende a la historia general. Los poemas íntimos se transforman en poemas de corte social, como los titulados «El primer mundo» («mientras tú y yo hablamos de nosotros / en las noticas dicen que han encontrado / en Alepo a una niña que lloraba / entre las ruinas de su casa una niña / que llevaba puesto un vestido amarillo») o «Europa ha muerto», quizá el menos conseguido del libro. Las cicatrices del fracaso se marcan en la piel con surcos profundos, surcos que recuerdan el pasado pero que ayudan a dejarlo atrás: «eso es lo que queda de nuestra historia —escribe Aguilar— / dos extraños que se miran a lo lejos / y que cuando llegan a casa / cuentan los días que llevaban sin verse». Como escribe el otro prologuista, Javier Fernández, «La chica de amarillo es un torrente emocional escrito con la urgencia del que ha callado mucho tiempo y necesita gritar». Toda emoción necesita macerarse con el paso del tiempo, y esto es lo que ha hecho, templado ya el ánimo, Juan Domingo Aguilar, por eso sus versos nos parecen tan frescos, como si hubieran sido escritos al calor de una confidencia.