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NAJWAN DARWISH Y CRISTINA OSORIO. NO ERES POETA EN GRANADA. EDICIÓN BILINGÜE. EDITORIAL SONÁMBULO EDICIONES Y VALPARAÍSO EDICIONES.

«Cuando me encontré olvidado en tus calles / supe que estaba en mi ciudad / y me dije: el hombre no es profeta en su ciudad y tú no eres poeta en Granada». Estos versos del poeta palestino Najwan Darwish (Jerusalén, 1978) forman parte del poema que da título a un libro especial que combina la fotografía —a cargo de Cristina Osorio— y los poemas de Darwish (ya conocidos por el lector español gracias a la publicación por Valparaíso Ediciones de Nada mas que perder en 2016). La razón de que consideremos a “No eres poeta en Granada” un libro especial no reside en la combinación de poesía y fotografía, dos géneros que comparten muchos fines artísticos, aunque el proceso y la técnica para detener la fugacidad del instante, para inmovilizarlo y hacerlo nuestro difieran notablemente. La razón la encontramos en que los autores no han esquivado un escenario tan manoseado, tan visitado, tan cantado, tan fotografiado como la ciudad de Granada y, fundamentalmente, su edificio más emblemático, la Alhambra, plagado de referencias iconográficas y culturales. ¿Se puede aportar una mirada diferente sobre un lugar como este? Es lícito que nos lo preguntemos y la respuesta, después de mirar detenidamente las fotografías de Osorio, de leer los poemas de Darwish y de asistir al diálogo que ambos establecen, no puede ser más que afirmativa. Claro que se puede, si uno consigue liberarse de prejuicios y logra contemplar lo real con una mirada no contaminada, en busca de «la eterna novedad del mundo». El prologuista del libro, Paco Baena, se pregunta «Cómo sobrevivir a la saturación icónica, a la fagocitación del referente inducida por la multiplicación masiva de la producción de sus imágenes y por su difusión y circulación global?». Posiblemente solo gracias a la emoción que nos trasmite esa mirada personal que logra desleer las imágenes repetidas y consigue ofrecer al espectador un enfoque diferente y original, en el caso de Cristina Osorio, paradójicamente, a través del desenfoque, y no es que las imágenes no sean reconocibles, sino que se impone sobre ellas una cierta dislocación sensorial que estimula la imaginación del espectador, capaz en muchos casos de crear para ellas un nuevo emplazamiento en su memoria.

     ¿Cómo se compaginan entonces las imágenes con los poemas de Darwish? Podríamos afirmar que casi de forma espontánea porque el vínculo que une ambas disciplinas es una sabia y bien proporcionada mezcla de poesía y de historia. Darwish no pretende ignorar el pasado que le une a esta ciudad, por más que simbolice una dolorosa fisura sentimental: «Dónde está el cuaderno de las tinieblas en el que escribía la historia de mi destino / sin cambiar una línea alguna para salvarme. / Un cuaderno que puede devorar ciudades enteras, / construidas o todavía sin construir por la imaginación». La imaginación construye también las imágenes que nos brinda Cristina Osorio. De líneas difuminadas, de manchas borrosas y colores impuros —ocres, bermellones, musgosos y sombríos verdes, celestes grises—, de un ojo pensante surge la ciudad soñada, acaso idealizada por ese afán por mitificar lo perdido que todo ser humano desarrolla íntimamente.

     A pesar de que Darwish —poeta reconocido internacionalmente, como demuestra el hecho de que esté seleccionado en la antología Language for a new century. Contemporary Poetry from the Middle Easte, Asia and beyond— escriba en un verso que «La poesía huye hacia el otro lado», este volumen está impregnado de ella. Las imágenes son también poéticas —en un sentido estético, no edulcorado, adjetivo al que parece asociarse últimamente dicha palabra—y   precisan de un espectador meticuloso, de alguien que sepa rastrear en ellas las huellas de la experiencia particular de quien las fotografía. Los poemas, que gozan de una existencia autónoma y de un significado independiente, no están circunscritos a esa realidad geográfica tan determinante, son, podríamos decir, más universalistas y por esa razón pueden amoldarse a un significado concreto. Provienen de un lugar innominado, de «Un país llamado canción»: «Viví en un país llamado canción, / innumerables cantoras me concedieron la nacionalidad, / compositores de todos los rincones / compusieron para mí ciudades con mañanas y tardes. / Me movía en mi país / como se mueve un hombre por todo el mundo. // Mi país es la canción, / en cuanto se detiene, me vuelvo refugiado». Granada encierra poesía en muchos de sus rincones. Cientos de poetas de todas las épocas han cantado sus virtudes y han añorado, desde la distancia, su recuerdo. No eres poeta en Granada combina dos sensibilidades afines, la de la fotógrafa Cristina Osorio y la del poeta Najwna Darwish —cuyos poemas han sido traducidos del árabe por Ibrahim El Yaichi— que unidos logran sumarse a la corriente de emoción que fecunda la tierra y el cielo del sultanato.

*Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés el 7/09/2018