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PEDRO GASCÓN. LAS MUDAS SOLEDADES. CHAMÁN EDICIONES, 2018

El título de este primer libro de Pedro Gascón (Albacete, 1977) nace bajo la advocación de Lope de Vega: «hablar ente mudas soledades, / pedir prestada sobre fe paciencia, / y lo que es temporal llamar eterno». No es mala sombra tutelar, todo lo contrario, sobre todo en esta época en la que nos ha tocado vivir, una época en la que una gran parte de los libros que se venden bajo el epígrafe de poesía no lo son, y los autores de dichos engendros ignoran por completo nuestra tradición poética (el poema «Dicen» es suficientemente explícito en este aspecto: «Dicen que hay pseudopoetas / que venden más libros que Horacio» son los dos versos con los que comienza). Por eso, encabezar Las mudas soledades con un autor como Lope supone toda una declaración de principios. Ya en la poética que precedía a sus poemas en la antología El peligro y el sueño, preparada por Andrés García Cerdán, Pedro Gascón escribió: «Quizá haya que entender la poesía, en estos tiempos de derrumbe humanístico y social, como la captación de la esencia espiritual de la realidad». Siguiendo esa línea de pensamiento, nos encontramos con un libro que ofrece un compendio de vivencias que han dado un sólido argumento a una forma de vivir y de entender la realidad. Los poemas no están fechados y por esa razón desconocemos cuando están escritos, pero al leerlos sí percibimos diferencias de calado entre ellos, fundamentalmente en lo que respecta al paso del tiempo. Significativo, en ese aspecto, es el titulado «Estados y espacios», un poema de cuya madurez reflexiva deducimos que está escrito no hace mucho tiempo: «Ahora, que el tiempo es otro, / que mi hija ha abierto un nuevo cajón de ese armario de la memoria, / que el vacío y los huecos han quedado llenos por su presencia, / que mi madre abre el armario /para coger únicamente prendas para su nieta, / es ahora cuando abro el cajón de las ausencias ordenadas / y decido vestir esos ropajes. // sin duda, ahora, el padre soy yo». Sirva esta larga cita para verificar que el tiempo de la infancia —recurrente en otros poemas— se ha dejado atrás. El autor es consciente de que ha adquirido otras responsabilidades (el poema «Defendí la casa del padre» es paradigmático en este aspecto). No está concebido Las mudas soledades como un libro unitario. Las cuatro partes en las que está dividido: «En el mundo ausencia», «Fuego en el alma», «Y en la vida infierno» y «Con alma ajena» presentan diferencias entre ellas, pero también entre los poemas que respectivamente las integran, véanse si no los poemas «Elegía» y «Llueve» de la primera sección o «Llegarás bordeando el camino» o «Pensamiento». En ambos casos, los poemas citados en primer lugar son marcadamente narrativos, siendo los segundos poemas más líricos, con un fraseo mas concentrado. Por supuesto, el modo de organizar un libro responde a criterios personales, muy difíciles de enjuiciar, más sobre todo, si, como intuimos, este libro recoge poemas de muy distintas épocas creativas. En cualquier caso, lo que si unifica todo el libro, incluso los poemas que ensayan el monólogo dramático, es la persistente búsqueda de uno mismo a través de un lenguaje que se interroga sobre sus efectos —la referencia a Roberto Juarroz no es baladí—, la no menos persistente asunción de la paternidad expresada en poemas como «Homo opositor habla con su hija en la distancia», donde la ternura se combina sin patetismo con la ironía. Pedro Gascón vive la creación como un todo del que forman parte, por supuesto, los poemas, pero también la gestión cultural, la música y la labor editorial. Chamán Ediciones es el proyecto en el que, junto con Anaís Toboso, lleva trabajando desde 2015. No hay más que echar un ojo a su catálogo para comprobar que el camino emprendido hace tan solo tres años se está consolidando en el muy complejo mundo poético de nuestro país. Según Juan Ramón, un libro dice cosas diferentes según cómo esté editado. El libro Las mudas soledades es, además de un excelente libro de poesía, un perfecto ejemplo del cuidado que sus responsables ponen en la edición, algo que el lector agradece especialmente.