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ELIAS MORO. DE NÓMADAS Y GUERREROS. COL. TOURMALET. EDITORIAL LETOUR 1987. 2018

No es Elías Moro —nacido en Madrid, 1959 pero residente en Mérida desde 1982— un autor que se prodigue en exceso. Su presencia editorial suelen estar suficientemente espaciada en el tiempo como para que seamos conscientes de que nada hay más ajeno al mundanal ruido que la forma de entender el acto poético que tiene nuestro poeta. En el ámbito poético su primer título fue Contrabando Después han aparecido Casi humanos (Bestiario) (2001) , Palos de ciego, La tabla del 3, Abrazos y sendas antologías de su obra, En piel y huesos (1987-2008) y Hay un rastro (2015). Por lo que respecta a la narrativa, ha publicado el libro de relatos Óbitos súbitos, un volumen misceláneo titulado Me acuerdo (2005), un dietario: El juego de la taba (2010); 99 morerías, Manga por hombro (2013) y los volúmenes de aforismos Algo que perder (2015) y Morerías, publicado en 2016. A la vista de lo aquí enumerado, podemos decir que la actividad poética se bifurca en distintos géneros, tal vez porque, a tenor de lo leído, las fronteras temáticas son fácilmente transgredidas por la mano del escritor seguramente sin tener de conciencia de ello en muchas ocasiones. En uno de sus aforismos escribe: «Poeta: traductor del silencio». Es muy posible que esta máxima sea la que le obliga, de alguna manera, a no tentar la suerte y a escribir textos fragmentarios, libros de escasa extensión, como este De nómadas y guerreros, que contiene poco más de veinte poemas —y, en general, de breve factura—, una renta escasa para quienes admiramos su poesía.

   Percibimos en esta nueva entrega un aliento épico del cual podemos rastrear influencias en Cavafis, en Borges (las enumeraciones del poema «Roles del cobarde» remiten indefectiblemente al argentino) y en alguno de sus herederos poéticos, como Julio Martínez Mesanza: «Han sacado brillo a los escudos / —atacarán de cara al sol— / y han apacentado a los caballos / que defecan nerviosos en las cuadras»., que recuerdan al ciclo Europa. Elías Moro se pone en la piel de nómadas y guerreros (ambos confluyen en muchas ocasiones) de diferentes tribus y relata sus costumbres, aunque violentas, muchas veces generosas y heroicas. Hay una admiración implícita en estos poemas, incluso en el titulado «Sicario» (una profesión ciertamente denostada), que finaliza con estos versos: «Era glotón y lascivo, / pero nunca satisfizo sus lujurias / por serle fiel a la pereza». Hasta el asesino posee, en el fondo, debilidades, y es que no estamos ante una glorificación del vencedor, sino ante un intento de penetrar en la memoria que ha configurado la historia de pueblos como el mongol o el bosquimano. Elías Moro no oculta sus predilecciones y nosotros, sus lectores, nos dejamos llevar por sus versos y nos sentimos cómplices de ese «hombre que camina, / [de] esa mancha negra y escasa que se aleja».

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