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SARAH HOLLAND-BATT. LOS PELIGROS. VASO EDITORIAL, 2018

Nacida en Southport, Queensland, en 1982, Sarah Holland-Batt creció en Australia y Denver, Colorado. Estudió en las universidades de Queensland y Nueva York. Sus poemas han aparecido en numerosos periódicos internacionales, publicaciones periódicas y revistas, como The New Yorker y Poetry, entre otros, y han sido ampliamente recogidos en antologías como Treinta poetas australianos (2011) o Jóvenes poetas australianos (2011). Ha sido la editora de The Best Australian Poems (2016), The Best Australian Poems (2017) y de la revista Island. Ha publicado los libros de poemas Aria (2008) y Los peligros (2015) con los cuales ha obtenido reconocimientos como el Premio Thomas Shapcott o el Anne Elder. Actualmente es profesora de Escritura Creativa en la Queensland University of Technology.

La traducción de Los peligros, a cargo de Gabriel Ventura, supone ver por primera vez sus poemas publicados en español en forma de libro. Hasta ahora su poesía era prácticamente desconocida en nuestro idioma. Sólo la meritoria actividad que realiza la revista digital Círculo de Poesía en pro de la traducción había reparado en dicha autora y nos había ofrecido algunas versiones de su poesía de la mano de Diana Itzel Marín Salazar, de Mario Licón Cabrera y de Alain Pallais. Los peligros, voy ha decirlo desde el comienzo, es un libro deslumbrante. Está dividido en cuatro partes que nos hablan de los peligros que acechan en el mundo actual, sea los propios de una naturaleza salvaje o de la intervenida y convertida en paisaje, como en el poema titulado «El paisaje ante mí», del que extraigo estos versos: «No me atreveré a decir / qué es el sufrimiento o cómo se infligió en este lugar. / En qué punto se rompe un cuerpo, no lo sé». Holland-Batt posee una cultura cosmopolita fruto de su condición viajera y de su amplia formación humanística y eso se deja ver en los múltiples poemas que dedica tierras tan distantes como su lugar de nacimiento, Australia, hasta La Habana, Ravello, Berlín o Boston, por ejemplo. Parecen ser postales, pero esa descripción detallada no se apoya solo en la imagen fotográfica que conserva la memoria, a ella se superponen reflexiones e ideas que convierten el poema en un escenario trágico, como en el poema «Postales desde otra vida», que finaliza con estos versos: «Todas las Troyas son saqueadas alguna vez». Los actos violentos del ser humano no son los únicos que contribuyen a la destrucción. Hay también una serie de fenómenos naturales que dejan sus terrible huellas en la orografía y en la vida de las gentes —no tenemos más que fijarnos en las lluvias torrenciales que han arrasado Japón recientemente, causando decenas de víctimas—: «Más tarde el valle fue arrasado / por un incendio», escribe. No cabe duda de que Sarah Holland-Batt tiene una particular e inquisitiva forma de mirar cuanto la rodea, pero esta mirada poco aportaría al lector más allá de lo anecdótico sino estuviera acompañada de una inteligente indagación en lo visto, como ocurre, por ejemplo, en el poema «Contra Ingres» —uno de los muchos que practican la écfrasis, es decir, el comentario a un cuadro—, que comienza así: «Aun observa por encima de su hombro, / su espalda paciente como arce pulido, / una línea de color e las tostadas de mantequilla / se despliega en arabesco por la columna / hasta el cóccix y las nalgas…». Por otra parte, queda manifiestamente claro que no teme adentrase en territorios más íntimos porque el amor está muy presente en estos poemas, no solo en ese afecto compasivo que se despierta ante la desgracia, sino ese amor físico y espiritual que desemboca en el otro, como en el magnifico poema «El Atlántico», plagado de evocaciones y pérdidas, de desencuentros y renuncias: «Junto a la cama, el tabardo y el pañuelo de bolsillo / tirados, renqueantes como una evidencia: / aún estamos atados». La manera de diseccionar la realidad de Holland-Batt es especialmente original ya que es capaz de alimentarla con pasajes personales del pasado y, a modo de collages, combinarlos con sucesos históricos: «Qué perfecto es el pasado —escribe—. / Allí todo ocurre una vez».

Nos encontramos —ya lo he dicho— ante un libro deslumbrante. La crítica de su país así lo ha confirmado: «Una de las cosas más sorprendentes e impresionantes de Sarah Holland-Batt “Los peligros” es que es un libro peligroso. La palabra sorprendente puede parecer una extraña elección dado que el título de la colección apunta hacia el peligro, riesgo o probabilidad malévola, pero es apropiada porque Holland-Batt es una escritora tan magistral y, formal y lingüísticamente, sus poemas son tan exquisitos y elegantes que la corriente oscura que anima muchos de ellos a menudo pasa desapercibida hasta que es demasiado tarde», escribe Fiona Wright. Tomen nota de esta autora, de lo contrario se arrepentirán en el futuro.

  • Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 13/07/2018

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