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JEREMY PADEN. RUINA MONTIUM. EDITORIAL: VALPARÍSO EDICIONES. 2018

Pocas veces un suceso tan luctuoso como el que describen estos versos tiene un final feliz. El 5 de agosto de 2010 se produjo el derrumbamiento de la mina san José en Copiapó. Dejó enterrados a 33 mineros a 720 metros de profundidad. Las labores de rescate se prolongaron durante casi 70 días y sufrieron diversos contratiempos —hubo un segundo derrumbe que dificultó aún más las cosas—que la técnica y la presión familiar —las familias se instalaron el llamado Campamento Esperanza, al lado de la mina— consiguieron solventar. El transcurso del rescate fue seguido por millones de espectadores con el alma en vilo y las muestras de solidaridad se sucedieron por todo el planeta. Este acontecimiento ha servido a Jeremy Paden —poeta nacido en Milán en 1974, pero criado en América Central y el Caribe y doctorado en español por la Universidad de Emory y autor, además del libro que nos ocupa, de Broken Tulips (Accents Press, 2012)  y prison recipes (Broadstone Press, 2018); de un breve libro de poemas en traducción Asuntos delicados/Delicate Matters (Argus House Press, 2016). Es co-coordinador de la antología Black Bone: 25 Years of Affrilachian Poetry (University of Kentucky Press, 2018) y autor de varios ensayos sobre la literatura colonial y la poesía del Siglo de Oro — como metáfora de la voluntad humana, del compañerismo, del amor y de la lucha por la vida. Pero Paden se remonta a dos mil años atrás, a las explotaciones romanas de comarca del Bierzo, para iniciar su exploración personal, por eso ha titulado el libro ruina montium, término con el que Plinio el Viejo se refería a las citadas explotaciones que han dejado un paisaje impresionante conocido como Las médulas: «dos mil años / desde que roma // horadara / las montañas del bierzo / las quebrara con cataratas // separara // el músculo del hueso // la capa ósea // de la diáfasis // hasta descubrir las médulas».Jeremy Paden utiliza un lenguaje común, pero cargado de resonancias metafísicas y ontológicas. Un mito leído a la inversa, el de Ícaro (acaso porque, como escribe, los túneles subterráneos «se parecen / tantísimo al espacio sideral en el que todo es tinieblas / y expansión»), contrapone la claridad del cielo a la oscuridad del mundo subterráneo, pero la conclusión es la misma. Arriba o abajo, el hombre debe caminar a tientas, sumido en la ceguera, guiado solo por sus instintos y lo que estos son capaces de revelar. ¿Qué impulsa al ser humano a aventurarse en lo desconocido? Paden habla de un metafórico «resplandor», de un «sudor solar», que afecta tanto al explorador aéreo como al minero, pero la realidad es mucho más dura, menos poética. La razón verdadera para enterrarse en vida es la pobreza, la necesidad que lleva a generaciones sucesivas a perseverar en esta especie de muerte en vida. El poema «Calabozo» lo describe con crudeza: «y ahora / la espiral, / que tú / y tu padre / y el padre / de tu padre / han cavado, / refulge // contra la oscura / pared de tu memoria. / y tú / ahora, / te encuentras / atrapado / por el derrumbe, / brillante / como de un sol muerto». Una necesidad que obliga a realizar un trabajo agotador y peligroso. La espalda curvada por el esfuerzo, la mente en blanco para que los recuerdos no paralicen los brazos, la costumbre y la oscuridad remiten a un mundo infernal que Paden no puede describir sin que asomen unos brotes de denuncia. No estamos hablando de una poesía social, pero sí de una poesía comprometida —toda poesía es, como sabemos, de algún modo política—que no puede obviar la injusticia y la humillación a la que se ven sometidos los más débiles (el poema «Asuntos de Estado» es un buen ejemplo). El lenguaje, sin embargo, no cae en ningún momento en lo fatalista o en lo panfletario, antes aún, sin falsear los hechos ni caer en manierismos, no es difícil encontrar versos de contenido onírico que trasmiten serenidad y consuelo, eso sí, desde una posición privilegiada, pues el desenlace del suceso ya es conocido: «haz de tu vida un sacramento. Besa a la mujer, / embrazada. abrázalos, a todos: a la madre, al recién nacido…». La vida, parece decir, Paden, te ha dado una segunda oportunidad. Corrige tus errores y vívela de otra forma. Resulta evidente que ha calado en el autor el mensaje cristiano de la redención. Si se te ha concedido la gracia, úsala para hacer el bien. Jeremy Paden ha escrito un libro de poemas sobrio y doliente, pero no se ha dejado intimidar por la dura experiencia narrada, se ha impuesto a la realidad con unos versos elípticos, pero que, lejos de sacrificar su belleza por la forma, indagan en las fases de la tragedia desde su propio origen. El tono grandioso queda para las grandes epopeyas militares. Lo íntimo no necesita héroes pero es lo que construye realmente la historia porque se adapta mejor a la conversación con los fantasmas propios.

* Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 29/06/2018

 

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