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HILARIO BARRERO. BLENDING. CUADERNOS DE HUMO. PROSPECTPARK, 2017

Hilario Barrero recogió en Educación nocturna una amplia muestra de su poesía, no muy conocida hasta entonces por las circunstancias editoriales en las que habían aparecido su libros y por la distancia física que le separaba de sus lectores (el autor vive en Nueva York desde 1978). La antología supuso un antes y un después porque en ella muchos lectores pudimos descubrir a un poeta de corte elegíaco, dueño de una expresión madura y un tono contenido que se vinculaba a la perfección con una de las variantes poéticas que más fortuna ha disfrutado en las últimas décadas, la poesía meditativa. Como digo, por fortuna esa antología, aunque tarde, puso las cosas en su sitio. Dejando al margen su excelente labor como traductor (en los últimos meses han aparecido traducciones de Emily Dickinson, de Sara Teasdale y un libro misceláneo de autores norteamericanos, A quien pueda interesar), por no obviar su prolífica ocupación de diarista —un tanto preterida en los últimos tiempos— Blending (una palabra que le enseñó su profesor de dibujo de Nueva York y que nosotros nos atrevemos a dar el significado de fusión o ensamblaje) supone la primera entrega de quien es ya un autor conocido y valorado como se merece por un grupo cada vez más numeroso de lectores y poetas.

     El libro está dividido en secciones: «Noche toledana», «Walhalla», «Andalucía»,«Welcome home» y «Desembocadura». El contrate entre la luz («la luz es presencia» y la sombra («el problema está siempre en las sombras»), entre lo visible y lo que está oculto pero necesita visualizarse, al menos a través de la palabra, de la escritura, ocupa la primera sección. Son poemas breves, de expresión concentrada, casi aforística en alguna ocasión, netamente diferentes de los de la segunda sección, más narrativos, acaso porque el argumento que los da vida precisa ser descrito más que vislumbrado entre líneas: «Resultaron humanos nuestros dioses, / bellísimos sus cuerpos, inmunes a la peste parecían, / pero sufrieron y fueron derrotados por la muerte». No estamos ante una poesía confesional al uso, porque Hilario Barrero sabe entreverar elementos simbólicos ( e incluso mitológicos) que logran introducir la distancia adecuada entre los hechos y quien da fe de ellos, pero conviene advertirlo por si algún lector se extravía y piensa que está leyendo un acta notarial. Barrero entona un convincente canto al amor, un amor más fuerte que la separación o la muerte: «Así estamos, amor, / cada vez más invierno, / una rosa fuga e inalcanzable / que mancha con su nieve / nuestra noches», como manda la tradición lírica.

     «Andalucía», la tercera sección, relata un recorrido por algunas ciudades andaluzas que han dejado en el autor una impronta imborrable. La sombra benéfica de Cernuda —y, en el concepto, también Aleixandre— está muy presente. Andalucía se presenta como la imagen del paraíso, un paraíso sensual idealizado donde el amor gobierna los actos humanos. Acaso porque Barrero sabe que solo lo inventado es capaz de sobrevivir en el recuerdo, la sección es muy breve y da paso a un bienvenido a casa, que, a mi modo de ver, no es otra cosa que poner los pies en el suelo, en la realidad. Continúan las referencias geográficas, pero ahora lo hímnico da paso a lo elegiaco. Cernuda sigue presente, pero la voz de Quevedo se impone: «Las manos de un muerto son polvo, / es ceniza el deseo y los ojos son barro». El pasado se hace presente cuando el poeta sucumbe al recuerdo. Un paisaje recuerda a otros, una imagen entrevista evoca otra similar, casi perdida en el baúl de los años. El poema «Parque de la Seda» es un excelente ejemplo de lo que digo.

   El libro finaliza con un toque manriqueño. La desembocadura del río es el morir: «Por qué te sobrecoge llegar al estuario / si por tu vida pasaron muchos ríos / que felices morían en el mar?». Amor vuelve a ser la única salvación, la misma justificación vital que ha alimentado a tantos y tantos poetas. Hilario Barrero ha escrito un libro con poemas lo suficiente polivalentes como para que sea el lector quien incline el fiel de la balanza hacia uno y otro lado (el lado de la desolación o el de la alegría). Puede que prevalezca la nostalgia, pero solo se tiene nostalgia de lo vivido, y vida es lo que trasmiten estos poemas de Hilario Barrero.

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