TED KOOSER

MÁQUINA DE COSER

La Singer de mi abuela tenía un pedal negro

como la rejilla de un desagüe que alguien había forzado

desde atrás, y lo mantuvo parcialmente abierto, y lo dejó

así, para que algo pudiera encontrar la salida

y escabullirse a lo largo de la pared durante la noche

mientras yo dormía. En la casa de un primo había visto

pedales de pie gemelos en un jadeante órgano de salón, también,

como las tapas de las cajas, forzado de la misma manera,

desde la parte posterior, inclinado y en parte lleno de música

polvorienta. Y había estudiado los zapatos de mi abuelo

con sus cordones enrollados en interesantes bucles,

haciendo funcionar los pedales de su Dodge de cuatro puertas

mientras conducía por la ciudad conmigo sentado a su lado,

de camino a la ferretería de Kuempel para comprar clavos

con los que sujetar algo. Y cuando lentamente desperté

a una brumosa mañana de verano en esa deformada cama

al lado de la máquina de coser, saqué un pie

por debajo del edredón, que olía ligeramente

a arcilla y gallinas viejas y al río cercano,

y miré ese pie y lo giré hacia la luz

y pensé en todos los lugares que podría encontrar

para instalarlo mientras estuviera viviendo en el mundo.

 

Versión de Carlos Alcorta

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