JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. DE CUNA Y SEPULTURA (SEXTO LIBRO DE FÁBULA). EDITORIAL EL GALLO DE ORO, 2018

No puede existir escritura —en ninguno de sus géneros— sin reflexión, sin incertidumbre, sin toma de conciencia no solo sobre la experiencia que la provoca, sino sobre el propio proceso que transforma dicha experiencia en lenguaje. El escritor, el poeta, para ahondar en esa reflexión, para observar desde todas la aristas posibles la realidad a menudo se nutre de disciplinas ajenas a la propia poesía; frecuenta, por ejemplo, la historia, la filosofía, la ciencia, la religión o la mitología y admite algunas de sus leyes y principios como fuentes de comprensión que enriquecen el conocimiento poético de esa realidad que escapa a la uniformidad y se resiste a las definiciones dogmáticas. El proyecto en el que Javier Sánchez Menéndez viene trabajando durante los últimos años, denominado genéricamente Fábula, se corresponde con esta idea de multidisciplinar. De cuna y sepultura, el libro que ahora comentamos, es el sexto volumen de los diez que están previstos inicialmente. Pocos proyectos tienen en la actualidad tanta ambición como este. Otros títulos que lo conforman son La vida alrededor (2010), Teoría de las inclinaciones (2012), Libro de la tormenta (2013), Mediodía en Kensington Park (2015) y Confuso laberinto (2016). Como vemos, Javier Sánchez Menéndez analiza con una regularidad envidiable las relaciones, siempre difíciles de ponderar, siempre resbaladizas, entre poesía y vida, por eso no nos puede sorprender que el autor necesite recurrir a quienes han indagado y recapacitado sobre este asunto con anterioridad. Como decíamos más arriba, han sido muchísimos los escritores que se han analizado esta vinculación, problemática, por eso es necesario discriminar e inclinarse por aquellos escritores en los que encontramos afinidad con nuestros propios pensamientos, Sánchez Menéndez lo hace con toda legitimidad. Sus textos están plagados de referencias, unas veces de forma explícita, con citas literales, y otras de manera más solapada, que alimentan como una corriente subterránea el núcleo expresivo. Muchos son los autores convocados, autores de la tradición occidental, desde la antigua Grecia, por ejemplo, como Platón (mencionado en numerosas ocasiones), la poética de Aristóteles, Homero o Safo hasta poetas del siglo XX como Rilke, Pound o Auden. En medio, Dante, Novalis (es muy posible que su libro de fragmentos Polen y sean un ejemplo a hay servido de ejemplo a Sánchez Menéndez ala hora de encaran este magno proyecto) o Leopardi (la lectura de el Zibaldone se aprecia en el planteamiento de estas reflexiones fragmentarias).

     De cuna y sepultura está compuesto por fragmentos generalmente no muy amplios que giran como hemos dicho, alrededor del acto poético, pero sin entrar en definiciones categóricas. Más bien, podríamos decir, el pensamiento de Javier Sánchez Menéndez actúa por asociaciones, no por certezas y es que cabe preguntarse si se puede ser sistemático a la hora de analizar el acto creativo. Es poco probable. Ahí tenemos, por ejemplo, el estudio que lleva a cabo María Zambrano —mencionada también en estos textos— de forma intermitente en muchos de sus libros sobre la razón poética. Por otra parte, sería faltar a la verdad negar que escasean opiniones contundentes como estas: «Sin música no hay poesía, aunque exista la palabra por encima de todo el universo» o «La poesía es lo que tiene, nada de maestría y mucho ce misericordia. Es el acompañamiento. La rendición del cuerpo sobre el verso». Evidentemente no es preciso estar de acuerdo con estas afirmaciones y es muy posible que el mismo autor busque, más que convencer, desestabilizar conciencias, incitar a la duda, jugar con la ambigüedad semántica, quizá porque «La palabra es orfandad. La palabra más pura, aquella que llamaban virginal. La palabra del hombre. La palabra del dolor. Es una palabra que no tiene tamaño, tampoco posee forma. La palabra del sentimiento mismo. La palabra es la súplica». El poema, el fragmento busca entonces la redención a través del lenguaje; busca conciliar los actos cotidianos con el más alto sentido de la existencia; busca la armonía entre el hombre y la naturaleza. Un objetivo, como se ve, casi inalcanzable. Lo que sí parece claro después de leer estas reflexiones es que si en algún momento se acaricia la idea de la supervivencia, únicamente a través de la razón poética se puede vislumbrar. A través de la razón poética o del silencio —tan ligado a ella—, porque como escribe Javier Sánchez Menéndez en este apasionante libro «Ahora toca el silencio. Un sigilo en movimiento. Lo que puede pensarse nunca debe decirse. Intento reflejar las intenciones y añoro los opuestos sensible. Los que no se reflejan en los libros».

  • Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza del El Diario Montañés, el 13/04/2018
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