LOPEZ-VEGAMARTÍN LÓPEZ. GÓTICO

 

MARTÍN LÓPEZ-VEGA. GÓTICO CANTÁBRICO. EDITORIA LA BELLA VARSOVIA, 2017*

Hay varios libros dentro de Gótico cantábrico, el último título de Martín López-Vega (Poo de Llanes, 1975), aunque el regreso a la infancia en busca de sus orígenes pueda ser el hilo conductor que los interrelaciona, que los pone a todos en contacto. Esa indagación autobiográfica posee —no podría ser de otra forma— una intención de descubrimiento personal, pero el individuo está enmarcado dentro la Historia y, por tanto, la acción, o la inhibición personal influyen de manera directa en el espacio colectivo.

     Con un diálogo de carácter socrático sobre la felicidad comienza el libro. Plotino, el interlocutor imaginario, alecciona al niño sobre el camino a seguir para ser feliz: «No debemos buscar la felicidad en las cosas exteriores», dice, y solo puede alcanzar la felicidad «quien posee una vida intensa, a quien la vida no resulta en nada deficiente»: Resulta evidente que la ordenación de los poemas que ha realizado López-Vega posee una intención clara, la de encontrar las verdaderas razones que le han llevado a ser el hombre que hoy es. Como sabemos, la herencia genética influye, pero no es tan determinante como la formación, la educación, el armazón cultural que soporta la existencia y configura el destino.

     Gótico cantábrico delimita una espacio sentimental en el que el poeta realiza una prospección arqueológica. En ese fragmento de cornisa cantábrica que se extiende desde el concejo de Llanes hasta el País Vasco, pasando por Cantabria, nacieron y vivieron sus ancestros y hasta ese pasado se remonta al contemplar unas fotografías antiguas, un pasado que le ha llegado de forma indirecta, a través de la palabras de los otros, pero que se ha reconstruido en el lóbulo temporal hasta el punto de pertenecerle tanto como que él ha vivido en carne propia, por ejemplo, la temprana sensación de sentirse diferente al resto de los niños de su entorno: «Tú en tu aldea creces hacia un destino / que ni siquiera adivinas / pero en el que quieres, / alerta ante lo posible, creer / y que sabes distinto / del de aquellos que te rodean». Como vemos, la poesía de Martín López-Vega —y esto es una especie de marca de la casa, porque está presente en desde sus inicios poéticos, que el lector interesado puede consultar en la antología Retrovisor. Poemas escogidos 1992-2012 editado por Papeles Mínimos o en su más reciente libro, La eterna cualquiercosa, editado por Pre-textos en 2014— posee un neto carácter narrativo en el que prevalece el deseo de contar por encima de la forma, siempre al servicio del contenido. Esta factura, que al no suficientemente versado en estas lides puede parecer desaliñada, es fruto, sin embargo, de la necesidad imperiosa de contarlo todo, de no dejarse nada en el tintero, de ofrecer todas las pistas posibles para que no solo el lector, sino el propio poeta, recreen la experiencia vivida en toda su magnitud, sin dejar apenas resquicio alguno a las hipótesis; desde ese punto de vista debemos leer versos como estos: «Pasamos la aspiradora por lo mismo / por lo mismo que escribimos poemas, por lo mismo que follamos: / para eliminar polvo, herrumbre, el fluido /de la podredumbre que es a la vez cuanto somos / y en lo que nos ahogamos». Ese deseo de contar, de saberse, no elude ningún tema, antes al contrario, el cuestionamiento de su propia identidad, de los olvidos voluntarios que facilitan la supervivencia («También hay chernóbiles de la mente, /zonas que evacuamos hace tanto / que ya ni siquiera sabemos de su existencia») está muy presente, como lo está el asunto de la identidad nacional, el viejo y consabido tema de España que López-Vega, un viajero impenitente que conoce de primera mano los conflictos étnicos y religiosos de otras zonas de Europa, escruta sin apasionamiento, con una corrosiva ironía nuestra historia más reciente: «… acordaron nunca hablar más del asunto, / se pusieron la camisa nueva / y sobre ellos descendió en silencio / el espíritu de la transición / como buena paloma / se cagó en España / pero no en ellos».

     No falta tampoco, en este intenso y extenso libro, la reflexión metapoética. López-Vega es, además de poeta, un reconocido traductor de varios idiomas, así como un penetrante ensayista que medita sobre la poesía ajena —que es, no olvidemos, una forma de analizar la propia—, razón por la cual está abierto a influencias muy diversas que le abocan, de excelente buen grado, a cuestionarse el papel de la poesía en la actualidad, la poesía, escribe «es un lugar por encima de los lugares y un tiempo más allá del tiempo», quizá sea esa la razón de que sigamos considerándola alimento imprescindible en nuestra dieta vital. En Gótico cantábrico encontrarán los lectores una porción concentrada de la mejor vitamina.

Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 16/02/2018

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