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MARÍA ÁNGELES CHAVARRÍA. DE CORAZÓN A CORAZÓN, DE HUESO A HUESO (Elementos simbólicos en la poesía de José Luis Hidalgo). Colección Torre de la Vega. Aula Poética José Luis Hidalgo. Torrelavega, 2017

Es sabido que cada generación lee y reescribe la tradición de forma diferente a como lo hicieron las generaciones precedentes, acaso porque, como escribe José María Pozuelos Yvancos, «los valores estéticos son cambiantes, movedizos y fluctúan en función del periodo histórico en que nos encontremos». José Luis Hidalgo, pese a su corta vida y a su parca obra, pertenece por derecho propio a nuestra tradición poética reciente. Nos referimos, más en concreto, al periodo que comienza al final de la guerra civil y que se ha convenido en denominar literariamente primera generación de posguerra. Estudiosos de dicho periodo como Santiago Fortuño Llorens o Francisco Ruiz Soriano (autor, por cierto, de un magnífico estudio sobre José Luis Hidalgo titulado José Luis Hidalgo, poeta surrealista) no dudan en calificar a nuestro poeta, especialmente por su libro póstumo, Los muertos, como una de las cumbres poéticas de esta etapa. No resulta extraño, por tanto, que siga concitando el interés de jóvenes poetas y de conspicuos investigadores, y un ejemplo de ello lo tenemos en el espléndido trabajo que la profesora María Ángeles Chavarría ha dedicado al poeta cántabro, De corazón a hueso, de hueso a corazón (Elementos simbólicos en la poesía de José Luis Hidalgo), publicado en la colección Torre de la Vega que edita el Aula Poética José Luis Hidalgo.

   Fruto de una labor investigadora realizada durante varios años, el estudio de Chavarría parte de investigaciones precedentes, tanto de algunas de las mejores tesis doctorales que se han escrito sobre Hidalgo, como la de María Romano Colangeli, José Luis Hidalgo, poeta della morte (1965) o la ya citada de Francisco Ruiz Soriano, publicada en 1996, como de estudios introductorios de su poesía —a cargo de María de Gracia Ifach, Julia Uceda, Juan Antonio González Fuentes, Ángel Luis Prieto de Paula, María Payeras o Leopoldo Sánchez Torre, por citar solo algunos nombres— y ensayos biográficos, entre los que cabe destacar Verso y prosa en torno a José Luis Hidalgo (1971) y Tiempo y vida de José Luis Hidalgo (1975), ambos escritos por Aurelio García Cantalapiedra, sin lugar a dudas uno de los mayores exégetas del poeta.

   La obra de María Ángeles Chavarría demuestra un conocimiento exhaustivo de las fuentes citadas pero da un paso más allá al ofrecer el lector interesado una detallada investigación sobre los más recurrentes elementos simbólicos que aparecen en la poesía de Hidalgo: «Si bien son varios los estudiosos —escribe Chavarría— que se han interesado por el empleo de los símbolos en Hidalgo […] nos interesaba realizar un estudio más detallado del mismo que englobase toda su obra, en vez de un acercamiento a un poema destacado o un grupo de símbolos en concreto, como se ha hecho hasta ahora».

   Chavarría divide con excelente criterio su estudio en tres apartados. El primero de ellos —«El estado de la cuestión»— contextualiza la obra de Hidalgo en el periodo histórico que le tocó vivir pero, además, analiza de forma pormenorizada las características estéticas del periodo y cuáles fueron las concomitancias y las divergencias que mantuvo con ellas. En el segundo apartado, «Introducción al universo poético de José Luis Hidalgo», se estudia la evolución poética del autor a través de sus tres libros, Raíz, Los animales y Los muertos, así como los temas más habituales de su poesía: Dios, la muerte y el amor. Es en el tercer apartado, «Los símbolos en la poesía de José Luis Hidalgo», donde Chavarría desarrolla con mayor profundidad sus tesis sobre los símbolos y el carácter ascensional y descensional que poseen muchos de ellos. Su elaborada interpretación personal nos permite «destacar la complejidad analítica de un autor en apariencia sencillo, en cuya obra predominan los contrastes y las dualidades que, en definitiva, son las que definen o reflejan la escritura, la riqueza expresiva e incluso el carácter del escritor».

   Nos encontramos, por tanto, ante un riguroso estudio sobre la obra de un poeta que, por fortuna, sigue vivo en nuestra memoria poética gracias, qué duda cabe, a la especial intensidad de su obra, pero también gracias al concurso inestimable de trabajos como el de María Ángeles Chavarría, profundo, documentado, erudito, pero con una escritura ágil que ha sabido combinar el empeño didáctico con la fluidez narrativa más propia de una biografía. Un trabajo que nos ha enseñado a leer la obra de Hidalgo desde otra perspectiva mucho más enriquecedora y que servirá, a partir de ahora, como referencia para futuros investigadores.

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