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HEBERTO DE SYSMO. MALDITO Y BIENAMADO BIBELOT. COLECCIÓN SITIO DE FUEGO. BAILE DEL SOL, 2017

Algunos poeta reconocen no tener un plan preconcebido cuando se disponen a escribir un poema; es el propio poema el que va descubriendo al autor las vías de conocimiento por las que discurren los versos, versos que no necesariamente han de coincidir con la emoción inicial que los puso en marcha. Otros poetas, sin embargo, parecen tener perfectamente clara la idea que intentan trasmitir, solo necesitan encontrar las palabras precisas que se acomoden a su pensamiento. Entre estos últimos se encuentra Heberto de Sysmo, seudónimo de José Antonio Olmedo López-Amor, poeta y animador cultural valenciano autor de varios libros de poesía y corresponsable de la revista literaria Crátera. Su último libro, Maldito y bienamado Bibelot, es un ejercicio de semiótica que tiene a la palabra como protagonista casi absoluta. El poeta intenta recorrer a través del lenguaje ese oscuro puente que enlaza lo que quiere decir con el signo (la palabra) que lo expresa (el lingüista suizo Ferdinand Saussure, padre de la dicotomía entre significante y significado, aparece en el primer poema) y sobre este propósito levanta un libro dividido en cuatro secciones, cuyos títulos remiten a una proximidad etimológica: «Physis», origen o principio de la indagación en el lenguaje; «Mathesis» o el aprendizaje; «Mímesis» o el diálogo entre las apariencia sensorial de las cosas y el mundo de la ideas, la imitación con palabras del pensamiento y «Semiosis», o la transformación del signo en concepto, en forma. Como se ve, Heberto de Sysmo intenta transformar las bases conceptuales de la lingüística moderna en materia poética, pero es un ejercicio no exento de dificultades, que tiene, sin embargo, en la intuición su mejor aliado, porque como escribe en el haikú «Desafío de los puntos suspensivos», «el folio en blanco / incita a los instintos; / virginal lienzo». El resultado, por tanto, no puede ser más que una indagación de carácter metalingüístico aunque el aspecto metapoético (poetas como el norteamericano James Merrill, sin embargo, dicen estar en contra «de que la persona del poema hable sobre los esplendores y miserias de la escritura») no esté del todo ausente, como sucede en el poema titulado «El encuentro»: «Atrapado en la hoja de papel / palpita un verso; / espera / estremecer un corazón, / deslumbrar una mente , / desarbolar una conciencia.. / Para ser Poesía».

   Pero inevitablemente en estas aproximaciones hay un componente mayor de prestidigitación que de erudición (no encontramos otras referencias a expertos y estudiosos del lenguaje), de lo contrario estaríamos leyendo un manual, no un libro de poesía. La estructura del poema atiende a un fin, en este caso preceptivo, casi didáctico, como si el poeta se impusiera el propósito de convencerse a sí mismo de que hay un antes de la escritura, el silencio, que reclama su dominio y convierte la expresión en una lucha con el sinsentido. No hablo aquí de verosimilitud sino de la fidelidad a unos principios estéticos que se amoldan a los vaivenes del pensamiento. Acaso por esa razón conviven en este libro poemas de tono jubiloso con otros más elegiacos, como el titulado «Asunción», que transcribimos íntegramente: «Nacido del dolor / un verso escapa; / como lamento, / como respuesta al daño / que su herida comporta. // Su lírica prosodia / invoca la piedad, / piedad que es sublimada / al convertirse en música».

   Este tipo de reflexiones, como decíamos más arriba, de carácter impresionista y, a la vez, simbólico, como el propio signo que las provoca, necesitan de la ambigüedad del lenguaje para no perderse en digresiones semióticas u ontológicas. Buscar la precisión con una herramienta tan maleable como la escritura no deja de ser una contradicción, pero en ese contraste radica su propia esencia. El laconismo en la expresión no es sinónimo de un pensamiento yermo, sino de ese deseo de precisión que antes nombrábamos.

   No es muy frecuente encontrar libros de esta índole en el ámbito poético español (el referente más cercano es quizá Actos de habla, uno de las últimas entregas de Jaime Siles). Estas reflexiones son acaso más propias, hablando de escritura creativa, del aforismo, por eso debemos encomiar el esfuerzo de Heberto de Sysmo por descender hasta las grutas primigenias del yo y del lenguaje. Y es que estos poemas, como apunta José Luis Rey en el prólogo «apuntan a una esperanza: ser es ser en el lenguaje, sí, pero la poesía vendrá a dotar de sentido y de unidad a todo lo que es ceniza de lo dicho».

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