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JOSÉ ANTONIO MESA TORÉ. EXCESO DE BUEN TIEMPO. PREMIO DE POESÍA CIUDAD DE MELILLA. EDITORIAL VISOR, 2017

Han tenido que transcurrir casi veinte años para que los lectores de José Antonio Mesa Toré disfrutemos de un nuevo libro. La primavera nórdica, su libro precedente, data de 1998 y desde entonces hasta ahora solo han aparecido dos breves muestras de su poesía. Sin norte, un conjunto de poemas publicado como suplemento de la revista Ultramar en 2005 y “Aburrimientos”, conjunto de haikús publicados por el Centro Cultural de la Generación del 27. Ambos adelantos están incluidos en Exceso de buen tiempo, un libro, como indicamos, forjado a fuego lento que da cuenta de la evolución interior de un personaje poético que ha pasado de ser un joven profesor y un poeta que busca asentar su voz para integrar su universo literario en su propia realidad, para convertirse en una persona madura con responsabilidades de mayor calado, entre ellas la de ser padre, que impondrán, como veremos en los poemas, un cambio trascendental en su visión del mundo.

     En veinte años son innumerables las transformaciones que experimenta un ser humano. Unas, las físicas, son sin duda más visibles, pero las emocionales, menos palpables, crean una corriente subterránea por la que discurre la verdadera savia de la existencia y la escritura tiene como misión levantar acta de esas experiencias transformadoras. Dicha experiencia nos enseña que el amor es, para la mayoría, el eje principal sobre el que gira todas nuestras acciones. José Antonio Mesa Toré parece, a tenor de lo que sus poemas sugieren, estar de acuerdo con ello. De hecho, los primeros poemas del libro —integrados en la sección «Primavera tardía»— narran la historia de un amor acabado y otro que se perfila en el horizonte. Un amor, este último, que se irá asentando con el paso de los años y que dará origen, junto con la paternidad, a los poemas más entrañables de “Exceso de buen tiempo”. Entrañables, pero no inmunes a los altibajos que sufre toda vida en común. Como no podía ser de otro modo, el nacimiento del amor lleva aparejada una transformación interior que provoca una crisis —en su sentido etimológico, es decir, un cambio importante— no solo de identidad sino de perspectiva: «Deja de llorar en los poemas / los días en que el sol se despertaba / abrazando tus sueños; y abandona / esta estúpida idea de que el tiempo / marchito se conserva en la mirada / de los versos que ahora escribes». El poeta se enfrenta a sí mismo y a la realidad que le circunda. El enamoramiento es un estado casi de levitación permanente, pero no logra nublar la vista a nuestro poeta, lejos de eso, es muy consciente de la transitoriedad de las emociones, razón por la cual en sus poemas se alternan luces y sombras, la celebración vital con versos que sugieren sentidas suspicacias: «Ella / es un ángel sonriente que me sueña / demonio de su cielo. / Ella —ya digo— un ángel de la guarda / que me quiere / sin vida».

     «Libro de familia», la parte central del libro, semeja una novela de la vida en orden cronológico. El poeta se reencuentra con la felicidad y del inicial enamoramiento pasa a fundar una familia, una familia que se completa con la llegada de una hija. En la subsección «Madre Rusia» Mesa Torá da cuenta del engorroso proceso de adopción, de las esperas interminables, de ese estar en vilo durante días y días: «Treinta y tres días pasan / desde que lo esperamos en esta tierra extraña, / a orillas de un río, oyéndose a lo lejos el mar Caspio / tocar con sus nudillos las puertas del Oriente», pero también de la explosión de júbilo que supone tener al fin a su hija entre sus brazos. El lector encontrará además en estos magníficos poemas una casi reverencial admiración por la inmensidad del paisaje ruso y por sus gentes («En nada se parece este país al mío: / el murmurar de sus inmensos bosques, / sus ríos desbordados, como mares, / sus muchedumbres de almas solitarias»). La descripción es minuciosa. La geografía y la etopeya conviven sin fracturas porque el verso de Mesa Toré posee una flexibilidad muy elaborada que le permite soslayar siempre los riesgos de la falacia patética. Los rasgos de su poesía que habíamos percibido en sus anteriores entregas: una expresión poética de tradición clásica sustentada en un ritmo muy elaborado, el argumento vital como soporte del poema y cierta melancolía por el paso del tiempo (especialmente evidente en «El sur de algún país» y la última sección del libro, «Con la edad de plata») se ven confirmados en Exceso de buen tiempo, un libro que concilia la experiencia biográfica con la alta poesía, esa que logra lo más difícil, convertir al lector en protagonista del poema ajeno.

*Reseña publicada en Sotileza, suplemento cultural de El Diario Montañés, el 19/01/2017