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SELECCIÓN Y TRADUCCIÓN DE ANDRÉS CATALÁN. EDITORIAL: KRILLER 71 EDICIONES

Entré en contacto con la poesía de Robert Hass (San Francisco, 1941) gracias al libro “Tiempo y materiales” publicado por Bartebly Ediciones en traducción de Jaime Priede en 2008 solo un año después de haber obtenido el Premio Pulitzer de Poesía y el National Book Award, algo poco corriente en nuestros lares y, desde entonces, no he desaprovechado la oportunidad de frecuentar sus versos en cuanto la ocasión lo ha propiciado. No mucho después llegó a mis manos “Alabanza. Deseos humanos”, reunidos ambos libros en un solo volumen de la UNAM en 1995, cuya traducción estaba a cargo de Pura López Colomé. Posteriormente, la editorial asturiana Trea editó “El sol tras el bosque” (2014), traducido, como la antología que ahora nos ocupa, “Una historia del cuerpo” por Andrés Catalán, que cuenta con un prólogo de Silvina López Medin. Disponemos por tanto de casi toda la obra de Robert Hass, una obra tan rigurosa como escasa, puesto que solo la integran, en el ámbito poético, cinco libros más una antología, “El manzano de Olema”. De todos ellos nos entrega una cumplida muestra “Una historia del cuerpo”, que aporta, además, un exquisito regalo, dos poemas inéditos, entre ellos el impresionante «Una imaginaria discusión sobre poesía en Squaw Valey tras una caminata nocturna a los pies de la montaña», poema en el que, a través de la figura de su amigo Czeslaw Milosz y con la excusa de hablar sobre arte y poesía, bucea en la sinrazón de la conducta humana y en las situaciones surrealistas que dicho sinsentido provocó durante la ocupación Alemana de Varsovia. Hass parece decir —las tesis de Adorno no parecen estar muy alejadas de este propósito— que es innecesaria la insurrección creativa cuando, por culpa del miedo y el terror, la realidad sobrepasa con creces a la imaginación: «Después de eso no quiere leer sobre poetas franceses / que pasean langostas en una correa y no quiere dar la impresión / de que celebra el hecho de que el mundo carezca de sentido».

   La poesía de Hass está basada en lo anecdótico pero a través de una anécdota aparentemente banal y de un lenguaje que huye de la abstracción para centrarse en lo tangible y recrear el detalle de forma minuciosa, es capaz de indagar en la esencia de ser humano. Lo inmediato es fuente de inspiración, pero eso no impide que el pasado salga a la superficie como contrapunto a esa observación contigua porque nada surge de manera espontánea. Todo remite a una paisaje previo, incluyendo también el paisaje del alma; así ocurre en poemas como «Contra Boticelli», «No iré a Nueva York: una carta» o «Leve música», que comienza así: «Quizá necesitas escribir un poema acerca de la gracia» y finaliza con estos versos que manifiestan el convencimiento de que la poesía puede poseer aún un carácter salvífico: «Se me ocurrió que el mundo está tan lleno de dolor / que algunas veces debe realizar de alguna manera un canto».

   No obvia Hass la práctica de la poesía como compromiso social y como denuncia. No es solo que en muchos de sus poemas —sobre todo en la segunda parte de su producción, la que comienza con “El sol tras el bosque”— los versos sean especialmente explícitos en este sentido sino que realiza una cáustica autocrítica. Así comienza la quinta sección del poema «Inglés: una oda»: «Están aquellos que piensan que sencillamente es de mal gusto / mencionar con frecuencia los problemas sociales y políticos / en los poemas. A esa gente les parece una forma de melodrama o de autobombo, lo que sin duda es, en parte. / Y no hay tampoco duda alguna en que esa misma gente también tiene/ a pensar que a una perfecta buena fiesta arruina / el hecho de estar constantemente aludiendo a los pobres y oprimidos / y a sus desgracias en poemas que, / después de todo, no mueven un solo dedo para ayudarlos». Puede parecer que el poeta se contradice con respecto a ese poder salvífico de la palabra que antes mencionaba, pero ¿y qué si lo hace? Lo que nos seduce es precisamente eso, la duda permanente, la falta de testimonios que nos convenzan del todo, el proceso de ordenamiento interno que el poeta lleva a cabo a través de la escritura y esa condición inherente al ser humano de la inestabilidad de los principios, por mucho que estos se crean inmutables. La poesía de Robert Hass nos resulta cercana porque indaga sobre las relaciones humanas desde una perspectiva a la vez inmediata e histórica. El arte, la naturaleza o el progreso coadyuvan a crear un universo propio lleno de asombro y vida porque «Obtenemos nuestra primera idea del moral sobre el mundo —sobre la justicia y el poder, / el género y el orden de las cosas— de algún sitio».

* Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 12/01/2018

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