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UT POESIS-UT PUCTURA. POEMAS ALREDEDOR DE JUAN VIDA.

MIGUEL ÁNGEL BARRERA MATURANA . JUANCABALLOS DE POESÍA. FUNDACIÓN HUERTA DE SAN ANTONIO, 2017

Todo en esta nueva colección de poesía es exquisito, desde el diseño de los logotipos o el cuidado de la edición hasta las ilustraciones y la calidad de las cubiertas, y no podía ser de otra forma estando en manos del granadino Juan Vida, un artista que ha vinculado siempre su arte a la poesía, haciendo buena aquella frase de Picasso, en la que afirmaba que «La pintura es poesía; siempre se escribe en verso con rimas plásticas». De hecho, el primer libro de esta meritorio proyecto se titula Ut poesis-Ut pictura. Poemas alrededor de Juan Vida y está integrado por más de treinta poemas de autores como el recientemente fallecido Juan de Loxa, como Luis García Montero, el siempre añorado Javier Egea, Antonio Jiménez Millán, Felipe Benítez Reyes o Pere Rovira, por citar solo a algunos, inspirados en la figura o en la obra del granadino. El volumen cuenta además con varios dibujos de muy distinta factura que complementan los textos, lo que no hace más que confirmar la maestría y la versatilidad técnica de Vida, un pintor que, como afirma Luis de la Higuera en el prólogo, sufrió una transformación que le condujo del inicial realismo al expresionismo abstracto, aunque, por fortuna «descubrió que después de borrar la pizarra tras su paso por la abstracción, sobre ese fondo empezaban a tomar cuerpo las figuraciones que alimentaban su mano y su memoria». La figuración ha pasado a conformar su estilo y acaso esas líneas definitorias ha contribuido a que se despliegue una singular sintonía estética y emocional entre su obra y algunos poetas vinculados, en su gran mayoría, a lo que se ha llamado poesía de la experiencia o de línea clara. Así, Felipe Benítez Reyes dice en el poema titulado «Chinoiserie» que «Juan Vida juega a ser volátil / entre los pájaros que saben rimar / una égloga en el aire frondoso» y Miguel Ángel Barrera Maturana, autor del segundo número de la colección, escribe que «El pintor dibuja una mancha con vocación de ausencia».

   Si mal no recuerdo, de Miguel Ángel Barrera Maturana (Granada, 1962) es, como hemos dicho, el segundo título de la colección (anuncia que otros dos títulos están en prensa), un autor, Barrera, excesivamente contenido ya que, desde que publicó su primer libro, De imposturas, allá por el año 1996, solo ha publicado otro libro, Las horas muertas, en 1998, es decir, que han tenido que pasar casi veinte años para ver en las prensas nuevos poemas. No conocemos las circunstancias que han motivado ese silencio editorial, pero, a tenor de los poemas que hemos tenido la oportunidad de leer gracias a la publicación de Si mal no recuerdo, nos atrevemos a decir que la escritura ha sido una constante en su devenir existencial, quizá de forma agazapada, pero siempre, de una forma u otra, visible en las profundidades de la conciencia.

   Tres son las secciones que integran este libro que cuenta, además, como un poema que hace las funciones de prólogo (aunque el prólogo, en sentido estricto, esté escrito por Ramón Repiso Ruiz) y un poema de cierre, un epílogo. Tres secciones que podemos clasificar de forma cronológica, por más que la tercera, la titulada «Tierra adentro» no cumpla con exactitud ese requisito. «El hombre que vive entre dos fechas» no puede evitar salirse de sí mismo y ponerse en la piel de los más débiles, de quienes sufren el desprecio y la violencia, de los vagabundos y los sin nombre. La crítica a la sociedad de la opulencia, a la falta de solidaridad, a la insensibilidad de quienes se sienten más afortunados, a la pobreza congénita o la discriminación racial es una constante en sus versos (algo que, por lo demás, podemos considerar ya como una característica común a muchos de los poemas que se escriben hoy en día y que nos hace concebir alguna esperanza en que la poesía pueda todavía transformar si no el mundo, sí despertar alguna conciencia adormilada): «Empieza el día / y en la cola de la miseria / hay ya muchos madrugadores. / Con el frío amanecen los cajeros / como insomnes y diminutos / apartamentos bien iluminados. / junto al cuerpo que yace en los cartones, / hay bolsas, ropas y latas de conserva. / A través del cristal la imagen / parece una perfomance, / una pieza de arte contemporáneo: / tal es su irrealidad».

   Ese aspecto cronológico que antes mencionábamos es más explícito en las dos primeras secciones, «Pan duro», más centrada en los recuerdos de la infancia, en la figura de la madre («Recuerdo el sol de invierno brillando en los alambres, / sus manos afanosas y rojas por el frío / tejiendo con primor la ropa desgastada») y «Mar adentro», en la madurez, una época en la que se toma conciencia del paso del tiempo, en la que la vida exige responsabilidades que uno no siempre está en condiciones de aceptar porque «Uno crece y declara / prescindir de ambiciones, / se limita a vivir / la esperanza en secreto, / y tal vez disimula / si la vida, impasible, / ha pasado de largo». En toda ellas, sin embargo, el ejercicio de la poesía enhebra un discurso coherente producto no de la improvisación, sino de la meditación, de la reflexión. Los poemas de Miguel Ángel Barrera Maturana nos hablan de situaciones cotidianas, de emociones comunes y lo hacen con un lenguaje sencillo, sin hacer concesiones a elementos irracionales (lo que no es óbice para que algunas imágenes surjan a partir de los sueños), aunque no debemos colegir de esta la claridad descriptiva una ausencia de profundidad emocional. Los poemas de nuestro autor recrean un mundo convulso y la confianza que deposita en el lenguaje para constatar dicha convulsión no puede obviar esa pérdida de la inocencia que transforma lo que antes era confianza en el futuro en un porvenir desolador. La perspectiva ha cambiado con el paso del tiempo y la tragedia que todo final lleva aparejado, lejos de ser un asunto de carácter personal, se ha convertido en un tribulación colectiva La palabra poética no solo indaga en las profundidades del yo, también puede —y debe— dejar constancia de los acontecimientos que restan humanidad a nuestra especie.

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