HENRI COLE

PIRAGÜISMO EN EL CHARLES

Realmente no me gustan los transbordadores que convierten el agua en

un torbellino espantoso,

o el nublado sol blanco que me ciega, o las adorables pequeñas familias

de patitos angustiados que nadan en estado de pánico cuando una lancha motora

los sortea, contaminando el río, pero me encantan las torres del Puente

Longfellow

que se parecen a los botes de sal plateada y pimienta

sobre la mesa de mi cocina. Pertenecían a mi Madre. Ahora el Departamento

de Conservación está restaurando la mampostería del puente. Me siento cansado

remando bajo sus grandes arcos, mientras la memoria flota, encendida

por las colillas

de cigarros arrojados por trabajadores siderúrgicos. Yo también quiero remar

lejos.

Las moscas están investigando mis pantorrillas desnudas y cuando las golpeo

con fuerza

me doy cuenta de que son muy felices. Soy su diversión. A veces

los recuerdos involucran a alguien a quien amé. Una amarra roza una bota.

Quiero que ahora mi vida sea post-pas de deux. Señor, mírame,

sin sombrero, con el torso desnudo, a los sesenta años, remando solo río arriba.

 

Versión de Carlos Alcorta

 

 

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