LEVINE

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PHILIP LEVINE. THE SIMPLE TRUTH. TRADUCCIÓN DE JUAN JOSÉ VÉLEZ OTERO. VALPARAÍSO EDICIONES, 2017 *

Publicado en 1994, The Simple Truth le valió el prestigioso Premio Pulitzer de Poesía al año siguiente, 1995, confirmado a su autor, Philip Levine (Detroit, 1928-Fresno, 2015) como uno de los autores fundamentales de la poesía norteamericana actual. Encuadrado en el género de la poesía lírica narrativa, Levine es un maestro en describir, a partir de una anécdota, el estado emocional no solo del individuo que la protagoniza sino del ser humano en general, porque el solipsisimo, por muy circunstancial que sea, está casi siempre ausente en los poemas de Levine. Vélez Otero —autor de esta excelente traducción— abunda en esta idea en el sucinto prólogo: «La mayoría de los poemas precisamente empiezan con la exposición de unas circunstancias […] situaciones provisionales que se expanden y conducen al desarrollo de una reflexión más profunda para dar respuesta al planteamiento de una cuestión puramente humana». Levine sabe situarse a una prudente distancia de la experiencia que narra y sabe, además, ponerse en el lugar del otro, por esa razón, aunque la autobiografía forma una parte sustancial de su poesía (poemas como «Lame Ducks, Mckesson & Robbins, 1945» o «My Mother with Purse the Summer» lo constatan), otros, sin embargo, provienen de una sabia combinación de imaginación y memoria (véase ese presunto encuentro entre Lorca y Crane que recrea en el poema «On the Meeting of García Lorca and Hart Crane» o «The Old Testament» en el que describe la actitud combativa que se forjó, y no le abandonó jamás, en la infancia). Pero no pensemos que la minuciosa descripción de los hechos anula la capacidad de sugerencia del poema. Todo lo contario, dicha minuciosidad alienta el deseo de indagar en aquello que queda más allá de las palabras porque la verdad es todo menos simple. Bajo la excusa de la historia, del antisemitismo, de la violencia o del propio ejercicio de la poesía se esconde una reflexión de carácter metafísico sobre el destino del ser humano, sobre la imposibilidad de conocer la esencia de la verdad. No cabe duda de que Levine consigue atrapar la atención del lector utilizando el anzuelo de su propia vida, por otra parte, de una intensidad poco frecuente (los poemas que tratan de España —país al que amó desde la juventud— son, para el lector español, especialmente sugestivos), pero consigue hacernos partícipes de sus experiencias gracias a un lenguaje directo que intenta ser lo más fiel posible a la realidad, aunque esto conlleve, en ocasiones, rozar el anticlímax de lo prosaico. Para hablar de la simple verdad, de las cosas sencillas y verdaderas, parece pensar Levine, no hacen falta trucos semánticos ni andamiaje retórico, basta con dejar fluir el ritmo puro de la conversación, del diálogo interior con la memoria. Los efectos de esa rememoración, tan fecunda en otros autores, nos evoca, por ejemplo, a Proust: «Recuerdo la habitación donde cogía / una cerilla y la encendía con la uña / del pulgar…». Un detalle tan insignificante provoca una catarata de imágenes que se suceden en el poema buscando esa verdad que las justifica en el presente, pero, claro es, no se trata de una verdad “verificable” sino de orden espiritual, íntima, casi indecible y, por tanto, de compleja percepción para un lector neutral. Es muy posible que esa verdad que busca nuestro autor se encuentre, paradójicamente, más en los intersticios de lo no dicho, en lo deliberadamente ahogado en el pensamiento que en lo expresado pormenorizadamente; en la música callada de las cosas, como sucede en la gran poesía.

     El tránsito desde el yo, desde lo personal hasta lo universal lo experimenta Levine en la mayoría de sus poemas de The Simple Truth, pero quizá sea en el largo poema titulado «Magpiety» donde mejor lo podemos percibir. El hecho de detenerse en el arcén de la carretera sin motivo aparente —o acaso con la sana intención de hacer un alto en el camino y preguntarse hacia dónde va su vida— es la excusa perfecta para hacerse uno con la tierra, con el otro, con la naturaleza, con el cosmos (en esto nos recuerda a Neruda): «Todo habla, o canta. / Aún estamos aquí». The Simple Truth, escrito al filo de los setenta años, desmiente ese viejo tópico que afirma que la poesía es más propia de la juventud. La fuerza, la intensidad, la emoción que trasmiten estos poemas es el resultado de una vida fructífera, bien aprovechada y eso solo con el paso del tiempo se puede verificar. Y es que, en ciertos momentos, hay que estar dispuesto a «cambiar un ejemplar de T. S. Eliot / por una navaja y dos espléndidos limones», por más que nos duela.

Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 24/11/2107