EDUARDO GARCÍA IMEDUARDO GArcía

 

EDUARDO GARCÍA. LA LLUVIA EN EL DESIERTO. POESÍA COMPLETA (1995-2016). PRÓLOGO DE ANDRÉS NEUMAN. EPÍLOGO DE VICENTE LUIS MORA. EDITORIAL: FUNDACIÓN JOSÉ MANUEL LARA. VANDALIA, 2017

Hace aproximadamente un año y medio, en abril de 2016, recibimos la triste notica del fallecimiento de Eduardo García (Sao Paulo, 1965). Aunque estábamos al corriente de que padecía una grave enfermedad, el cruel desenlace nos cogió a muchos desprevenidos, causándonos un doloroso estremecimiento. La prematura muerte interrumpía así una intensa experiencia vital y truncaba una trayectoria poética ya suficientemente consolidada que gozaba, además, de unanimidad en la valoración crítica y en el reconocimiento de los lectores. Afortunadamente, la obra de un poeta de esta envergadura sobrevive más allá de la tragedia y, para constatarlo, nada mejor que la publicación de la obra completa del autor, agrupada bajo el hermoso título de La lluvia en el desierto. No fue Eduardo García un poeta excesivamente prolífico, acaso porque empezó a publicar, para lo que está de moda actualmente, relativamente tarde, a los treinta años. Cartas marcadas, su primer libro, data de 1995. En 1998 publicó No se trata de un juego, con el que obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez y el Premio Ojo Crítico de RNE. Horizonte o frontera, un libro imprescindible en el desarrollo estético de García, fue Premio Antonio Machado en 2003 (para Andrés Neuman, este libro representa «La síntesis de sus conflictos estéticos. Que, como todo asunto genuinamente creativo, terminaron convirtiéndose en introspecciones personales»). Refutación de la elegía data de 2006 y La vida nueva, Premio Nacional de la Crítica y Premio de Poesía Fray Luis de León se publicó en 2008. Con Duermevela, el último de los libros publicados en vida del autor, obtuvo el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla que fue publicado en 2014, pero La lluvia en el desierto recoge también, con excelente criterio, los libros que el autor dejó inéditos y cuya lectura resulta estremecedora por su clarividente estoicismo: La hora de la ira (2016) y Bailando con la muerte (2016). El mismo Neuman escribe al respecto: «Personalmente, hubiera preferido no pensar que sus últimos poemas son, quizá, con desesperante armonía, sus mejores poemas». Un poema de este último libro, el titulado «Los muertos», que tanto nos recuerda a José Luis Hidalgo, resulta particularmente espeluznante: «Se despiertan los muertos en mis sueños. / Me contemplan muy pálidos con sus cuencas vacías. / Sólo miran y callan. Son discretos. / Sólo se descomponen poco a poco. // Cada noche los muertos me reclaman. / Cada noche me aguadan silenciosos. / se dejan fermentar en paz, sin prisa. / Tiene toda la muerte por delante. // Temo salir al día. Al caminar / su oscuridad me pisa los talones».

     La poesía de Eduardo García proviene de un realismo próximo a lo que se ha dado en llamar «poesía de la experiencia», marbete en el que se encuadran sin dificultad sus dos primeros libros, pero es a partir de Horizonte o frontera donde se aprecia una transformación estética que conducirá al poeta hacia la senda del irracionalismo, eso sí, sin renunciar al realismo inicial. Él mismo lo explica en una entrevista que transcribe Vicente Luis Mora en un estupendo estudio recogido como epílogo en esta poesía completa: «Se trata de, a partir de cierto realismo que es de donde yo procedo, intentar acercarme a la zona oscura de la personalidad, al mundo de los sueños, al territorio de lo irracional […] Lo que me propongo es encontrar el punto exacto entre razón y entre inconsciente, no hacer surrealismo, ni realismo, sino una veta que aún no se ah desarrollado en nuestra lengua» y es que, como escribe el propio Mora, «La escritura de García se plantea operar pisando esa línea, mirando a la vez a la realidad que se deja atrás y a la región de sombras (el inconsciente) a la que se quiere acceder, con un pie al otro lado». Duermevela es quizá en el libro en el que esta pretensión resulta más evidente. Bastan unos pocos versos para comprobarlo: «¿Cuánto pesan las yemas de un pianista? / ¿Qué refleja el espejo cuando nadie lo ve?». Solo las crueles circunstancias que oscurecieron su vida en los últimos años consiguieron que lo anecdótico adquiriera de nuevo relevancia. En los dos libros inéditos que acompañan este volumen, sobre todo en Bailando con la muerte, hay numerosos poemas que lo confirman, como «Cuenta atrás», del que entresacamos esta estrofa: «En los últimos meses hay notas discordantes, / chirría el corazón, una burbuja / de carne se rebela, los tejidos / desbordan territorios, algo turbio / se va infiltrando en mí». Eduardo García ha muerto joven, a los cincuenta años, lo que nos produce una inmensa tristeza, pero nos lega una obra con una personalidad innegable, una obra que podemos situar entre lo mejor escrito en las últimas décadas en el poesía española, una obra que lo mantendrá vivo para siempre y llenará de algún modo el vacío que nos deja.

  • Reseña publicada en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés, 13/10/2017
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