JERICHO

JERICHO BROWN. PLEASE. TRADUCCIÓN DE ANDREA COTE. VALPARÍSO EDICIONES, 2017

Con su primer libro, Please (2008) —el libro que hoy comentamos, traducido al español por la poeta colombiana Andrea Cote— Jericho Brown, nacido en Luisiana en 1976, obtuvo el American Book Award, y su segundo libro, The New Testament (2014) fue seleccionado como uno de los mejores libros de poesía del año por Library Journal. No es un mal comienzo para un joven poeta. Por otra parte, sus poemas han aparecido en revistas como The Nation, The New Republic, The New Yorker o The Best American Poetry. Brown es, además de poeta, profesor asistente en el programa de escritura creativa de la Universidad Emory de Atlanta y ha obtenido en 2009 el Whiting Writers Award, la beca del Instituto Radcliffe de Estudios Avanzados en la Universidad de Harvard en 2016 y el National Endowment for the Arts (2011).    

     Please fue recibido por la crítica con grandes elogios. Un poeta como Ilya Kaminsky (la traducción de uno de sus libros fundamentales, Bailando en Odesa, debida a G. A. Chaves, fue publicada por Libros del Aire en 2012) ha dicho que «Sus poemas son memorables, musculosos, majestuosos. La voz de sus versos está viva, algo infrecuente en los poetas de su generación, muy irónicos y arbitrarios. Los poemas de Brown respiran en la página y ofrecen al lector su enorme fortaleza». Terrance Hayes, otro poeta de la misma generación, dice que es algo así como un tipo de poesía intravenosa, porque indaga en el significado de la familia, del amor, de la sexualidad, sin olvidar las repercusiones que ejerce en todo ello el dolor y las posibilidades de redención.

     El libro está dividido en tres partes (hay una cuarta, «Stop», (simbólica, nos parece, porque no contiene ningún poema). La primera, «Repetir», comienza con el poema «Pista 1: La vida exuberante» en el que el autor establece una sutil comparación entre el cable del micrófono que usa una cantante y la correa de cuero del padre, entre el poder simbólico del lenguaje y su significado más denotativo. No vivió Jericho Brown una infancia idílica. La figura del padre se yergue poderosa en muchos de estos versos: «Bendice / Al chico que cree / Que las mejores palizas carecen de / Intención, la marca de la bestia. / Resucita al hijo / que se glorifica en el pecado / De lo inmediato, al llamarlo amor». Parece haber un claro contrapunto entre el deseo de redención, entre esa intención fugaz de corregir sus hábitos perniciosos cuando es cogido en falta y la exaltación que estos le procuran en el momento álgido de la experiencia. Please es un ruego, sí, pero también es una forma de decir basta a la marginación social, a la discriminación sexual, a la violencia y el odio.«Pausa» se titula la segunda parte. «Una experiencia rigurosa. El deseo conduciendo mi acatarrado Corolla a través de la 90 / A la hora más oscura de la mañana. El deseo abriendo / su puerta atrancada. / nosotros desparramados como por castigo / En cada rincón de la alfombra. De repente / Pausa para el condón, / Elástica molestia contra la muerte / Pesada en su mano». Esa es la pausa, el intervalo que media entre la irracionalidad del deseo y la lógica de la voluntad que codifica el instinto, la cual, sin embargo, lo transforma en una sucesión de palabras regeneradoras y vivificantes, como ocurre en el poema «Acabo de recordar a un hombre»: «Pero de cualquier forma, le leeré / Algunos poemas, me miraré a mí mismo // En sus ojos, y durante unos instantes / justo antes de que lo deje en cualquier lado // Al que él quiera ir. / Ninguno de los dos estará a salvo». Los poemas de Brown son lo suficientemente explícitos como para que el lector asuma una postura y no se quede indiferente. La sexualidad gay se muestra abiertamente, sin ambigüedades, y se revindica su normalización, la abolición de los códigos de conducta dominantes que la margina y persiguen.

     «León», un poema de la tercera sección, mantiene esa tensión entre el deseo de ser tal como se es y la punición social que eso acarrea, entre una identidad que lucha por afirmarse y las consecuencias de esa decisión. Brown enarbola sin miedo la bandera de la diferencia y toma conciencia de esa alteridad, a pesar de la confrontación paternofilial (el padre representa la ley, el orden, lo moral): «El abrazo de mi padre es más estrecho / Ahora que sabe / Que no es el único hombre en mi vida […] // El abrazo de mi padre es firme y cálido / Ahora que él lo sabe. Pide perdón / Por cualquier coas que haya hecho para que yo / Me convirtiera en esta abominación». La crudeza con la que está expuesta esta desavenencia de carácter moral no impide que percibamos signos de ternura en la narración. El poeta trata de establecer cierta complicidad porque los vínculos de sangre son capaces de aplacar la animadversión que provoca en el padre el estigma social, porque la integración final solo es posible si prevalece el amor. Esta parece ser la conclusión que desean trasmitir los poemas de Jericho Brown. Please es un magnífico libro de carácter testimonial, no exento de acritud, pero en el que predomina un lirismo no edulcorado, capaz de recrear con fidelidad realista prácticas sexuales o fantasías eróticas que pueden incomodar a los más pudorosos, pero que resultan del todo necesarias para alimentar esa estética de la integración, de la normalización, del encuentro entre formas de vivir diferentes, pero complementarias. Please es un catálogo de intenciones, un libro conciliador y necesario. Andrea Cote, traductora y responsable de la edición lo resume de manera ejemplar: «Como la realidad que confronta, la poesía de Brown opta es vital y desgarradora y se atreve a interrogar manifestaciones de la violencia cotidiana, especialmente aquellas que pasan por el lenguaje. En todas sus formas, la belleza de este libro se acentúa por lo neecsaria».

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