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RECONOCIMIENTO Y NOSTALGIA. EXPOSICIÓN DIEGO LARA/REVISTA POESÍA

Se está convirtiendo en una agradable tradición. Cada verano, durante el mes de agosto —este de 2017 hace el cuarto— el Archivo Lafuente, juntamente con la Autoridad Portuaria de Santander y con la colaboración de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo expone una pequeña parte de sus formidables fondos documentales en el Palacete del Embarcadero, junto a la bahía santanderina. En esta ocasión, el argumento elegido ha sido “Diego Lara y Revista Poesía”, cuyas colecciones fueron adquiridas por el Archivo Lafuente el pasado año. Para los poetas de mi generación, la llamada “generación de los 80”, “Poesía. Revista ilustrada de Información Poética”, auspiciada por el Ministerio de Cultura y dirigida por Gonzalo Armero desde su fundación, en 1977, (también había dirigido, entre 1971 y 1974, junto a Mario Hernández, la revista “Trece de Nieve”, de la cual conservo con mimo algún ejemplar adquirido hace años en la madrileña Cuesta de Moyano), supuso una bocanada de aire fresco y alimentó la esperanza de que las cosas, en el ámbito político, social y cultural, empezaban a cambiar de rumbo. “Poesía” se presentaba, inicialmente, con visos continuistas pero suponía, en el fondo, la confirmación de que se avecinaba nuevos tiempos en nuestra historia y la cultura, como protagonista de esa transformación que iba a experimentar España, no podía quedar al margen, antes bien, tenía que marcar el paso y servir de puente entre la las jerarquizadas estructuras políticas y la estructura real de la sociedad. El nombramiento de Gonzalo Armero daba a entender que el continuismo con una revista ya entonces legendaria como “Poesía Española”, luego reconvertida en “Poesía Hispánica”, tenía los días contados (“Nueva Estafeta”, la nueva versión de “La Estafeta Literaria” creada en 1944 languidecía hasta desaparecer en 1983). La apuesta, como todas las apuestas que merecen la pena, fue arriesgada y alentada por el éxito inmediato del proyecto. En esta exposición es fácil reconocer el por qué, y a uno le invade la nostalgia al constatar la imposibilidad de realizar hoy en día, cuando la cultura se ha convertido en un accesorio prescindible, un proyecto de tal envergadura. Dos aspectos llamaron la atención en el planteamiento editorial de “Poesía”. El primero, la importancia extrema que se le concedió al diseño, un diseño que no tuvo inconvenientes en utilizar registros del constructivismo, del dadaísmo compaginado, entre otros, con la exquisitez de las pautas estéticas defendidas por Juan Ramón Jiménez. En esta parcela es donde la figura de Diego Lara adquiere toda su relevancia. Colaboró en los diez primeros números de la revista —el número uno, que vio la luz en marzo de 1978, lleva en la portada un “collage” constructivista suyo—. El segundo aspecto tenía más que ver con el contenido. En contra de lo habitual, “Poesía” se desmarcó de cualquier vinculación a la actualidad poética. Su campo de visión era mucho más amplio y no estaba sujeto a los dictados de la moda ni, por descontado, adscrito a una determinada estética. De hecho, ese primer número contó con colaboraciones de Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Francisco Pino, Maurice Blanchot o Sánchez Ferlosio, por ejemplo. Es muy posible que la conjunción de ambas directrices fuera la causa de que gozara de un beneplácito prácticamente unánime por parte de lectores, de poetas y de críticos durante sus 45 números y de que su permanencia, a pesar de su elevado coste, de su periodicidad irregular y de su no muy efectiva distribución (en las librerías de nuestra región no era muy fácil hacerse con ella) se extendiera más de 25 años, no sin sufrir transformaciones, sobre todo en lo que compete a los contenidos, durante ese dilatado periodo, notables, como la que se impuso a partir de 1991 —con el número doble dedicado a Rubén Darío—, año en que la revista inicia una nueva etapa en la que ya no dependerá en exclusiva del presupuesto ministerial y comenzará a editarse en coedición con editoriales como Gran Vía. Gonzalo Armero seguirá encargándose del cuidado completo de la edición, desde la selección de contenidos, la documentación, la redacción y el diseño hasta la producción final de la revista. Precisamente, algunas de las maravillas que podemos contemplar en esta exposición tienen que ver con los documentos originales del proceso de construcción de la revista, con bocetos, maquetas, textos y fotografías que desentrañan el proceso absolutamente manual de composición de cada número y engrandecen aún más la labor que realizaron los responsables de la revista. En 2004, para conmemorar los 25 años de su creación se celebró en la Biblioteca Nacional de Madrid la exposición “Revista Poesía 1978-2003”. Poco tiempo después, con la edición de un número monumental dedicado al Quijote como homenaje a su cuarto centenario (1605-2005) se puso fin a esta aventura insólita e insustituible, en la que tanto tuvo que ver, como hemos señalado, el artista Diego Lara (1946-1990), cuyos fondos han sido adquiridos por el Archivo Lafuente. Pintor, diseñador, «cáustico, seductor, ingenioso y bohemio», en palabras de Francisco Calvo Serraller, con sus “collages” revolucionó el diseño gráfico en libros, catálogos de arte o revistas, como las citadas “Poesía” y “Trece de Nieve” y es que, como dijo Amaranta Ariño, fue “un cazador de imágenes” que desplegó su enorme energía creativa en proyectos editoriales como Nostromo o Fundamentos (en el espacio núm. 3 de la exposición podemos ver algunas de sus obras) cuyas portadas diseñó hasta la desaparición de la misma, en Entregas de la Ventura, colaboró con editoriales como Turner, Siglo XXI, Cátedra o Editora Nacional (suyo es el diseño de la colección de poesía, expuesta en el espacio núm. 4), fue el creador de la imagen de la Feria de Arte Contemporáneo Arco y el factótum de Buades. Periódico de Arte, así como el responsable gráfico de las publicaciones de la Fundación Juan March. Esa responsabilidad no se limitaba al diseño, sino que se ocupaba también de la composición y la diagramación de los catálogos de la institución. Trabajó además para afamadas galerías de arte y diseño los catálogos de las principales exposiciones que se celebraron en Madrid en la década de los 80. Junto a toda esta actividad, digamos pública, Diego Lara esa completaba esa actividad febril con la elaboración de sus “collages” y dibujos de tono más personal. Algunas ejemplares de esta obra personal se pueden contemplar en los espacios 1 y 2 de la muestra. La Casa Encendida de Madrid le dedicó una retrospectiva en 2012: “Diego Lara. Be A Commercial Artist!”, que contaba con 370 piezas de su trabajo como diseñador y 107 de su obra plástica más personal: “collages”, dibujos, cuadernos de campo, objetos y libros de artista. Hoy tenemos el privilegio de contemplar estas dos colecciones excepcionales en el Palacete del Embarcadero de Santander, hasta el próximo 3 de septiembre. Yo que ustedes, no esperaba hasta el último día, porque desearán repetir la visita y será imposible.

*Artículo publicado en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 1/09/2017

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