MARINA

MARINA GURRUCHAGA SÁNCHEZ. LLAMAD A LAS SOMBRAS DE VUESTROS PADRES. EDICIONES LA TIENDA DE KIRGUISE, 2017

 Marina Gurruchaga (Santander, 1970) comenzó su trayectoria literaria a muy temprana edad. En 1990 publicó El manto de oro, libro con el cual había sido finalista del Premio Consejo Social de la Universidad de Cantabria en 1989. El mismo año fue, además, accésit del Premio José Hierro del ayuntamiento de Santander, sin embargo tendrían que pasar más de quince años para que viera la luz sus siguientes libros, Ater y La puerta de Volterra (libro integrado por cincuenta poemas escrito entre 1999 y 2007), ambos publicados en 2007. Es cierto que durante este largo periodo la autora publicó variadas muestras de su escritura en diversas antologías, como Historia y antología de la poesía femenina en Cantabria (1997) o En homenaje a José Hierro (1999) y en revistas como Ultramar, pero como libro individual nos hemos de remitir a las fechas más arriba consignadas. Afortunadamente, a partir de entonces, la frecuencia de títulos de Marian Gurruchaga en las máquinas de la imprenta ha sido más regular. En 2011 publicó La tienda de Kirguise y en 2013 Pareidolia, ambos editados por la editorial de la que ella misma es responsable, Ediciones La Tienda de Kirguise, un proyecto editorial que nació en 2010. Ahora ve la luz un nuevo libro, Llamad a las sombras de vuestros padres, un breve libro de poemas prologado por Óscar Losa, quien define la poesía de nuestra autora como «Poesía con un halo melancólico, dolorosa sonrisa de quien busca la plenitud espoleada por una aguda consciencia de la tragedia inherente a todos los humanos y, sabiéndola, calla y asume su destino». Efectivamente, tomar conciencia de la fragilidad del ser humano, de la fugacidad de toda existencia no puede desembocar más que en versos elegiacos, nostálgicos, escépticos incluso, lo que no significa, sin embargo, que aliente en ellos el halo de la resignación, porque, dentro de los poemas hay lugar también para el júbilo, como delatan los versos finales del primer poema: «Bailemos, sí, bailemos / como locos, como niños, con los muertos, / pues hoy comienza lo que resta de futuro». Es cierto que la melancolía está muy presente, una melancolía que recuerda, a veces, al Juan Ramón del poema «El viaje definitivo», pero que remonta el vuelo cuando se evocan recuerdos, bien infantiles o bien más recientes, una prueba de ello es el poema «Vuestra edad», del que tomo estos versos: «Sé que hubo muchas vidas antes que la vuestra […] / Pero en cada edad que atravesasteis , en cada forma / que vuestro único vibrar encarnó / así os he amado, y no solo a vosotros, / sino a mí mismo, y a mi género entero, / y a aquellos que durmieron, / y a las flores y animales consumidos para / acrecer la llama». Llamad a las sombras de vuestros padres es un libro heterogéneo. La organicidad la brinda, por encima de los temas de los respectivos poemas, una personal manera de concebir el poema como una especie de testimonio —y no estoy hablando de poesía confesional— vital en el que la imposibilidad de llegar al conocimiento exhaustivo de la realidad, en primer término, porque también subyace el propio desconocimiento personal, se erige como el principal argumento de meditación introspectiva: «Solo nos buscamos a nosotros mismos —escribe Gurruchaga en el poema titulado «Lirismos cuánticos»—. En el mundo, en el amor, en el conocimiento». Esta reflexión de carácter metafísico no impide que la poeta se sitúe es un estrato superior desde donde observar el devenir humano y desprecie los acontecimientos cotidianos que decantan nuestra vida. La guerra o el excesivo poder que otorga la sociedad actual al dinero («Un poema no es dinero, / no compra un trozo de pan / o un jarro de leche») están presentes, aunque sí resulte paradójico — después de leer versos como estos— esa visión del poeta como un hechicero o un chamán, más propia de otras épocas, del Romanticismo, por ejemplo, que traslucen poemas —y no es el único— como «El poema de nadie». En todo caso, el poeta es un ser que vive en la contradicción y de ella se alimenta. La poesía de Marian Gurruchaga está abierta a cualquier camino que conduzca a ese conocimiento del ser, de un absoluto que, en muchas ocasiones, está más cerca de la neurología y de la física pero que nunca puede renunciar a la revelación de la palabra poética, porque es ella la que arranca el velo de lo inefable, como ponen de manifiesto los poemas de este libro.

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