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ANDRÉS GARCÍA CERDÁN. PUNTOS DE NO RETORNO. I PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA SAN JUAN DE LA CRUZ. EDITORIAL REINO DE CORDELIA, 2017

El punto de no retorno es aquel en el que no es posible dar marcha atrás, solo se puede continuar hacia adelante. Lo saben bien los que están acostumbrados a transgredir los límites, ya sea puramente físicos o, más arriesgados aún, emocionales. Lo sabe bien, por ejemplo, el nadador que se interna en mar abierto y exprime el límite de sus fuerzas. Los Puntos de no retorno de los que habla Andrés García Cerdán (Fuenteálamo. Albacete, 1972) tienen más que ver con esta última posibilidad, con una especie de sublevación controlada contra el estado de las cosas, quizá por esa razón, en el poema titulado «Petite morte», escribe: «Desobedece y di que no y cállate. / Estás mejor callado». Evidentemente, el interlocutor de estos poemas, el tú al que parecen ir dirigidas las admoniciones, puede atender la recomendación o puede desestimarla y remodelar el texto poético a su antojo, aislarlo de cualquier referencia y reutilizarlo con otro significado. Los poemas de García Cerdán parecen encajar a la perfección en las propuestas de las que habla Araceli Iravedra cuando afirma que «Se trata de una serie de propuestas que […] colabora en la elaboración de respuestas, o siquiera de incómodas preguntas, ante las urgencias del espacio público originadas por el nuevo escenario de la globalización, las contradicciones del capitalismo postindustrial y las presiones homologadoras de la sociedad contemporánea». Un poema como el titulado «Ensayo sobre el mirlo», por ejemplo, en el que el poeta establece una dicotomía entre ceguera y luz, entre belleza y dolor realmente espeluznante, en sí mismo contiene una crítica a la sumisión a los imperativos sociales que están detrás del éxito o la fama: «Solo una canción pura,/ solo su esclavitud desaforada». Otro, quizá el más estremecedor del libro, describe la profanación y la expoliación de los tesoros de la cultura griega, «Grecia (Huesos)» («Saquearon su filosofía y sus artes —escribe Cioran—, le aseguraron el éxito a sus producciones, pero no asimilaron sus talentos»), todo un símbolo de la barbarie (Barbarie se titulaba el libro anterior de Andrés García Cerdán) moderna: «A la intemperie, expuestos a la luz/ y a las palabras de los hombre,/ los huesos de los dioses se oxidan»

    Puntos de no retorno es un libro misceláneo, junto a poemas que surgen de potentes imágenes ancladas a la memoria como «Edith»,«1995» o «Urbanova», hay otros que indagan en la desubicación del yo, un yo moldeable como el barro, aunque mantenga la apariencia granítica de una estatua, un yo que es «nada moldeando la nada». Hay poemas, además, que reflexionan sobre el propio poema o, mejor sería decir, reflexionan a través del poema sobre la fragmentación de la realidad; hay poemas que hablan del desorden y de lo imperfecto, de la fatalidad del destino o el paso destructor del tiempo, del pacto de supervivencia del hombre con el mundo y cómo este se acomoda al hombre, del júbilo o del fracaso de la existencia, al fin y al cabo varios artistas —músicos, preferentemente— son homenajeados en estos versos, pero, sobre todo, lo que abunda en estos poemas es la consideración del poema, defendida por Antonio Machado vía Schiller, como palabra en el tiempo y la conciencia de que de esa derrota de la que hablaba más arriba puede ser el germen de la insurrección, la fuerza, aunque muy debilitada por los acontecimientos, que permita seguir adelante y no renunciar al cambio, acaso porque sea «la desolación, la única forma/ de no morir del todo, de resistir un poco más». La poesía es, para nuestro autor, otra forma de resistencia, pero, tal vez presa de cierto fatalismo, no parece tener otra misión que la de constatar la inutilidad de escribirla. Confío en que, pese a eso, Andrés García Cerdán siga persistiendo en el intento de cambiar el mundo con sus palabras, porque ese intento es un antídoto contra el fracaso.

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