LEVERTOVDENISE LEVERTOV CUBIERTA

DENISE LEVERTOV. PAUSA VERSAL. ENSAYOS ESCOGIDOS. TRADUCCIÓN DE JOSÉ LUIS PIQUERO. EDITORIAL: VASO ROTO EDICIONES, 2017

Robert Duncan escribió en 1984 El poema: «Cartas a Denise Levertov. Un divertimento para mi musa» que finaliza con estos versos: «Su apetito no es experimental». La correspondencia de Duncan con Levertov se prolongó varios años en el tiempo y sufrió notables altibajos tanto en la frecuencia como en el grado de complicidad. De todo ello da cuenta nuestra autora en el ensayo: «Algunas cartas de Duncan: una semblanza y un homenaje crítico». Denise Levertov (Ilford, 1923- Seatttle, 1997) se encontraba en Florencia cuando leyó, en la revista Poetry, una reseña del libro Ciudad celestial, ciudad terrenal que sirvió de «trampolín trasatlántico» para una poeta cuyo conocimiento de la poesía norteamericana se limitaba por entonces a Whitman y W. C. William. Parcialmente conocía también a poetas como Dickinson, Frost, Pound, Stevens o Rexroth (Eliot estaba considerado entonces como un poeta inglés): «Lo que me conducía a la obra de otros poetas cuando tenía veinte o treinta años —confiesa Levertov— era a menudo la forma de sus poemas, su dicción, su organización rítmica, sin que me importase mucho, y a veces ni siquiera entendiese, qué era lo que decía […] A medida que me hago mayor, sin embargo, estoy más interesada en el contenido, y me atraen los poemas que expresan algunos de mis intereses». Duncan se convirtió a partir de entonces en un sabio corresponsal con el que tuvo la oportunidad de comentar tanto su propia poesía como obras ajenas: «A lo largo de la correspondencia —escribe Levertov— aparecen ciertas vetas de desacuerdo fundamental; pero un mentor no es necesariamente una autoridad absoluta, y aunque la erudición de Duncan, el hecho de ser mayor que yo, su estilo a menudo autoritario y cierto elemento reverencial en mi afecto por él se combinaban para hacerme desempeñar, la mayoría de las veces, el papel de alumna, él era con mayor razón un mentor cuando mis propias convicciones resultaban clarificadas al contraponerse a las suyas». Esta correspondencia es una de las guindas de este magnífico libro, pero no es la única, ni mucho menos. Pausa versal se centra, fundamentalmente, en asuntos de carácter teórico sobre poesía, como en «Algunas notas sobre la forma orgánica» o «Sobre la función de la pausa versal», en el que hace una defensa de las «formas abiertas», en contraposición a las estrofas tradicionales. La poesía contemporánea «más que la mayor parte de la poesía del pasado, incorpora y revisa el proceso de pensar/sentir, sentir/pensar, más de lo que se concentra exclusivamente en sus resultados». Sobre la idoneidad el uso de la pausa versal y del verso libre es contundente porque, por ejemplo «permite al lector compartir de una forma más íntima la experiencia que está siendo articulada; e introducir un contrarritmo alógico en el ritmo lógico de la sintaxis provoca, en la interacción, un efecto más cercano a la canción que a la oración, más cercano a bailar que a caminar». Hay artículos de fuerte contenido social y político. Denise Levertov fue una poeta comprometida con su tiempo y, como tal, jamás rehuyó trasladar ese compromiso al poema, porque, según dice, «necesitamos poemas del espíritu, que nos alerten de lo esencial, que nos ayuden a vivir los grandes cambios sociales que se hacen necesarios y que deben ser internos para que su forma externa prospere». El poeta debe servir de altavoz a las demandas de justicia, de igualdad, de paz, aunque el compromiso personal «es inseparable de la atención al lenguaje y a la forma», toda una lección de coherencia que deberían estudiar muchos poetas para quienes la potencial bondad de sus sentimientos está muy por encima de las exigencias del poema, con lo que justifican el desaliño verbal, la ineficacia y la ignorancia en aras de sus beneméritas intenciones. «Los buenos poetas —afirma Levertov— escriben malos poemas políticos solo cuando se permiten escribir retórica testaruda y deliberada, abaratando su arte para hacer propaganda». Otro conjunto no menor de artículos se dedica a analizar la obra de otros poetas. El espectro es amplísimo ya que se ocupa de autores tan distantes estéticamente como Rilke o Anne Sexton (Rilke ejerció en ella una influencia que afectaba «no al estilo ni a la técnica, sino a una actitud hacia la propia obra que debe ser la base del estilo y del oficio: es desde esa postura básica, un sentido de ética estética, desde donde los otros han de desarrollarse») y de otros que influyeron decididamente en su forma de entender la poesía y de ubicarse en una tradición trasnacional, la europea, representada por Eliot y la norteamericana, representada por W.C. Williams: «Para Williams, ni siquiera es la historia literaria lo que el escritor debe conocer, sino la historia de la entidad política en relación con el continente americano» Pausa versal. Ensayos escogidos es una auténtica joya. Un libro para leer y releer, un libro de cabecera que cubre un espacio muy poco frecuentado por la crítica literaria en nuestro idioma.

*Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 4 de agosto de 2017

 

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