EVELYN caligrafia_isopodos

EVELYN DE LEZCANO. LA CALIGRAFÍA DE LOS ISÓPODOS. HUERGA Y FIERRO EDITORES. 2017

Lo primero que uno se pregunta al leer el título de este libro, La caligrafía de los isópodos —un título, por otra parte, sugerente— es qué son los isópodos. Pues bien, una rápida consulta a la Wikipedia remedia, en cierta medida, mi ignorancia: «Los isópodos son el orden más diverso de crustáceos de amplia distribución en toda clase de medios, especialmente en los marinos, aunque existen especies terrestres y dulceacuícolas». ¿Qué analogía pretende establecer entonces Evelyn de Lezcano, en este su tercer libro, entre la involuntaria caligrafía que en su acontecer cotidiano van construyendo dichos crustáceos y el devenir del ser humano? A eso es a lo que nuestra autora dedica los casi cien poemas del libro, pero que nadie se llame a engaño, no vamos a encontrar en ellos, por fortuna, respuestas de tipo biológico ni indagaciones gnoseológicas. De Lezcano desarrolla sus pesquisas a través de la observación, pero no como alguien acostumbrado a convivir, sin preguntarse nada, con todo aquello que le resulta familiar (Paul Valéry decía que «Hay una especie de construcción de la visión de la que nos hemos dispensado gracias a la costumbre»). Todo lo contrario, la complicidad entre el mundo animal y el humano que trata de encauzar nuestra poeta se basa en una menesterosa atención a los detalles, como, por ejemplo, ser testigo del efecto que el repiqueteo de la lluvia sobre su caparazón produce en sus movimientos: «Así la lluvia para que huyan y se alarguen/ de los surcos de tus manos a los surcos de la tierra/ al cobijo de un arbusto/ al ritmo del silencio/ al lugar de los isópodos». El libro, como he dicho, es extenso y, sin duda, complejo, a pesar de que el lenguaje directo y coloquial con el que están construidos los poemas insinúe lo contrario. La excusa de los isópodos es una artimaña bien empleada para especular sobre el rol de la mujer en la sociedad actual: «La mujer repta sus ojos sobre los ojos de otros/ por error/ y por error,/ lanza sobre un medio día de ceniza/ un precipicio de pupilas./ Se derrumba en un erial sin nombre,/ la mujer,/ gota última del grifo, perpetra un árbol,/ el primer golpe del haca que escarba en la rama,/ el suspiro del hierro en la sangre/ y la mujer/ y el error»; sobre las relaciones familiares, sobre lo siempre intrincados conflictos de identidad: «Se significa ella,/ parte velada responde a todos los nombres,/ se construye con todos los fragmentos./ Algo así,/ como la turba,/ se significa ella»; sobre «los pantanosos confines de la memoria», porque «La memoria adultera los recuerdos», y no faltan, además, reflexiones sobre el propio acto de escribir, sobre la presunta fidelidad de la palabra al pensamiento: «¿Y si la pregunta que se diluye en la palabra/ es la sibila que vaticina el pasado?». La inteligente combinación de versos de largo aliento con otros más breves hace que la lectura de La caligrafía de los isópodos no resulte fatigosa, a pesar de que la mayoría de los poemas dicen mucho más que las palabras significan. Hay muchas capas de sentido que desvelar en ellos, por eso yo recomendaría leerlos con parsimonia (como, por otra parte, debemos leer siempre la poesía), dejando que el eco de las palabras se propague por los pliegues de la mente o perfore la superficie, como «las raíces de un árbol bajo las aceras».

 

Anuncios