FRANCISCO DÍAZ DEFRANCISCO DM

FRANCISCO DÍAZ DE CASTRO. CUESTIÓN DE TIEMPO. EDITORIAL RENACIMIENTO, 2017

Todo es cuestión de tiempo porque el tiempo, dicen, es un juez imparcial, el tiempo ejerce su labor de destilación y poda, ajusta los engranajes de la vida, selecciona, deshecha, retoca, separa el polvo de la paja, pero el tiempo, claro, no actúa por sí mismo, el tiempo es solo el escenario donde se representan los sucesivos actos de nuestra existencia. En “Cuestión de tiempo”, la selección poética de Francisco Díaz de Castro, ha intervenido de manera contundente la mano del autor, que es, por otra parte, la persona más cualificado para realizar modificaciones, adiciones o supresiones a su propia obra., por más que algunos lectores encuentren excesivamente riguroso su criterio porque echan en falta algún que otro poema grabado en su memoria desde la primera lectura. No cabe duda, sin embargo, de que lo esencial de la poesía de Díaz de Castro, una poesía absolutamente vinculada con la vida cotidiana en la que nostalgia por las pérdidas inherentes al transcurso vital está muy presente: «Pienso ahora, además, en qué distinto/ se siente, con los años, lo que no cambia nunca:/ la manera en que ven los ojos desde dentro/ la realidad de uno, cómo el instinto niega/ una vez y otra vez las corrupciones,/ cómo el humo de antaño matiza arteramente/ el color indudable de los nuevos afanes». Pero no se piense que todo en la poesía de Francisco Díaz de Castro es elegíaco, hay en sus versos también lugar para ensalzar la belleza del instante, para cantar la alegría de vivir («Ya que la vida es corta y se nos va/ hagamos lo que hagamos, ¿por qué no/ cantar lo que es verdad?»), para exaltar al deseo como alimento de las más intensas emociones, como rotor que mueve el eje del mundo («El cuerpo deseado en la penumbra,/ dispuesto a que sirvamos al amor,/ me hace sentir el mundo y su regalo,/ concreta la importancia cotidiana/ del vuelo de vencejos allá fuera/ contra las nubes malvas de la tarde»), hay lugar además para ese amor «che move il sole e l’altre stelle» («Días de amor, de generoso amor,/ de alegre amor hasta sentirse últimos,/ de amor más poderoso que el deseo,/ de amor más fácil que la soledad») y para practicar la autoironía («Como barcos borrachos/ regresamos a casa […]/ Como viejos guerreros/ que perdieron sus armas./ Sin botín, sin honro,/ sin caballo y sin dama»). Es la poesía de Francisco Díaz de Castro una poesía de la experiencia —¿qué poesía no se sustenta en ella?, cabría preguntarse— en la que prima la confesionalidad trasmitida a través de un personaje construido ex profeso para tal fin, un personaje que evidencia ciertas similitudes con la biografía del autor que lo sustenta, aunque mantiene un distanciamiento que le brinda autonomía de conducta. Con la connivencia de dicho personaje, el autor establece unos vínculos con la realidad en lo cuales lo verdaderamente significativo no será encontrar la verdad absoluta, la verdad notarial, sino que lo narrado posea verosimilitud, es decir, credibilidad y, en este aspecto, la poesía de Díaz de Castro resulta ejemplar, porque, para alcanzar este fin, no rebaja ni un ápice el rigor en la construcción del poema —formalmente impecables— ni tolera veleidades en el tratamiento de la palabra, entendida esta como herramienta esencial para describir la emoción, las aristas de la intimidad. Su poesía da cuenta de sucesos cotidianos que puede vivir cualquiera, pero lo hace desde un punto de vista reflexivo que convierte la anécdota inicial en una fuente de pensamiento. “Cuestión de tiempo” reúne libros como “Inclemencias del tiempo” (1993), “El mapa de los años” (1995), “La canción del presente” (1999), “Hasta mañana, mar” (2005), “Fotografías” (2008) —compuesto este último por poemas en prosa relacionados con imágenes de, entre otros, Sander, Cartier–Bresson o Salgado— y un conjunto de poemas inéditos agrupados bajo el título provisional de “Verano en Duke y otros poemas”. Para aquellos lectores que aún no hayan leído a Francisco Díaz de Castro esta edición es la mejor forma de descubrirlo.

Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza del Diario Montañés, el 16/06/2017

Anuncios