PORTADA

HOMENAJE A RAÚL ZURITA. LA GALLA CIENCIA, NÚMERO 7, 2017

Zurita es el nombre de una población del municipio de Piélagos (Cantabria), que cuenta con poco más de 900 habitantes y entre sus hijos ilustres presume del poeta del Siglo de Oro Antonio Hurtado de Mendoza. Zurita es también el apellido de un poeta de nombre Raúl, nacido en Santiago de Chile en 1950, al que está dedicado el número 7 de La Galla Ciencia, revista que coordinan Joaquín Baños, Noelia Illán, Samuel jara, Daniel J. Rodríguez y Sara J. Trigueros con envidiable tesón y excelente criterio. Este número homenaje, de casi 200 páginas, comienza con un texto inédito del poeta chileno titulado «El mar del dolor», que está dedicado a Galip Kurdi (cualquiera que dese saber algo más sobre este desgarrador suceso no tiene más que teclear el nombre en el buscador de Google). El volumen recoge una selección de poemas zuritianos de autores de distintas nacionalidades y generaciones. «Hoy se escribe más que nunca y, sobre todo, hoy que la liberalización de las fórmulas de edición ha provocado un estallido de jóvenes poetas que ofrecen su obra no solo a través de los cauces editoriales habituales , sino también haciendo ruido en la red a través de blogs, tuits, páginas personales, a través de micromecenazgos, autoediciones, y proyectos colaborativos. Hoy más que nunca, decíamos, preparar una antología es cargar con la piedra de Sísifo, tratar de poner orden en el torrente descomunal de un río que apenas empieza su curso.», escriben Carmen Juan Romero y Víctor Manuel Sanchís Amat en el prólogo. Toda antología lleva en su seno la controversia. Se cuestionan inclusiones, se echan en falta nombres excluidos, se discrepa del método y de los criterios de selección, etc, más si la antología se ocupa de autores vivos (sobre los muertos suele haber un mayor consenso). Los responsables de esta selección son conscientes de ello y han hecho su apuesta asumiendo riesgos. Hay nombres que gozan de un reconocimiento casi unánime, pero otros muchos otros son jóvenes aún en agraz que necesitan que el tiempo afine su filtro para definir su importancia. «En estos tiempos convulsos […] los jóvenes poetas están hiriendo de muerte al lenguaje. Si algo define esta poética es el experimentalismo lingüístico, la ruptura del endecasílabo, la supremacía de la prosa poética, donde el ritmo salmódico se construye con una sintaxis abrupta y cambiante, a partir de enumeraciones disruptivas y de la brusquedad de las imágenes», escriben los prologuistas y responsables de la antología. Bien, no son éstas actitudes originales, evidentemente, pero reconforta leer estas muestra de sangre nueva, ahora que en las librerías el espacio para la poesía ha sido ocupado por novelas rosas en verso, por desahogos sentimentales sin ningún ambición estética, por nimiedades de manual de autoayuda. En este número de La Galla Ciencia hay poesía de verdad, porque a un autor tan exigente, tan comprometido, tan generoso como Zurita no se le puede homenajear con vulgaridades. Nombres como Antonio Gamoneda, Ana Blandiana, Antonio Colinas o Efraín Bartolome pertenecen ya al canon más exigente Otros como María Auxiliadora Jordi Doce, Jorge Riechman, Valerie Mejer son suficientemente conocidos por todo lector atento. Junto a ellos un plantel de poetas de ambas orillas del Atlántico que abarcan un arco temporal amplísimo, desde 1969 (Lionel Lienlaf) hasta 1995 (Myriam Seda). Resulta imposible mencionarlos a todos, ni siquiera intentar agruparlos por tendencia estéticas, tan dispares son sus planteamientos. En todo caso, y esta es otra de las virtudes de esta revista de diseño exquisito, el número se completa con una breve, pero imprescindible, nota bibliográfica que ayuda al lector a ubicarse en el mapa poético que esta antología dibuja.

Anuncios