IMG_20170512_123715529LUIS BAGUÉ

LUIS BAGUÉ QUÍLEZ. CLIMA MEDITERRÁNEO. XXX PREMIO TIFLOS DE POESÍA, 2017

 Los lectores que frecuenten la obra de Luis Bagué Quílez (Palafrugell, 1978) percibirán, al comenzar “Clima mediterráneo”, de inmediato un cambio notable en su poesía. Se ha despojado de retórica para volverse más concentrada; evita los circunloquios para percutir en ese centro no siempre inmóvil de la diana de los significados. Y este cambio se efectúa, sin embargo, siendo fiel a unos principios estéticos que, con pocas variaciones, el autor ha defendido desde sus primeros libros, principios como la claridad formal y la cotidianidad argumental. ¿Qué ha ocurrido entonces?, podemos preguntarnos. Nos atrevemos a afirmar que ese despojamiento verbal al que aludíamos tiene que ver con esa toma de conciencia de la responsabilidad histórica del poeta (estamos hablando de un poeta que ha escrito un ensayo imprescindible como “Poesía en pie de paz. Modos de compromiso en el tercer milenio”, con el que obtuvo el Premio de Investigación Literaria Gerardo Diego en 2006 y en el que afirma que «El retorno al paradigma ilustrado provee a los jóvenes autores de unas premisas ideológicas basadas en la solidaridad y el mantenimiento de la libertad, de un discurso racional que se enuncia en un tono moderado y de un estilo figurativo que subraya la comunicación entre el autor y los lectores») que anteriormente había permanecido más en retaguardia. La visión del antihéroe se ha vuelto panorámica. En “Clima mediterráneo” —el mismo título nos da ya alguna pista— se recurre a la ironía como técnica para que el exceso de realidad, una realidad insoportablemente trágica, no adultere la emoción, como en estos versos del poema «Dieta mediterránea»: «Lo nuestro, desde siempre,/ han sido el ascetismo y los productos frescos,/ la carne mística/ y la caducidad». No cabe duda de que el verdadero compromiso del poeta reside en el propio poema, pero, como hijo de su tiempo que es, no le resulta fácil permanecer ajeno a esta época de degradación individual y de pérdida de valores humanos, de declive democrático y de desigualdad social. Las maneras de enfrentarse a esta circunstancia histórica no difieren en lo principal. Poetas en español de ambas orillas del Atlántico («También está el Atlántico,/ que es el Mediterráneo/ bajo cero: más litoral que costa,/ un balcón colonial venido a menos») se reconocen en un mismo Mediterráneo simbólico, porque el mar es visto «como una puerta giratoria», «Es el mar contra el mar:/ un maricidio».

En la segunda parte del libro, «Hecho en España», la mirada de Bagué Quílez se detiene en establecer correspondencias entre esa España atávica tan presente en la conciencia colectiva, «patria de mil exilios,/ tierra para el destierro,/ imperio donde nunca/ llega a ponerse el sol que más calienta», y la España actual, no tan distinta, como sabemos. Familias reales (la goyesca de Carlos IV y la “antioniolopezca” de Juan Carlos I), símbolos imperecederos (el Quijote o el toro de Osborne) o el grave problema de la especulación urbanística (palacios versus viviendas de protección oficial). Pero quizá el poema que mejor ejemplifica esta transformación a la que aludíamos más arriba sea el titulado «Contra lo sublime», que surge a partir de unos versos de la poeta norteamericana Kay Ryan y finaliza con esta estrofa: «Pido una proporción hospitalaria./ Busco la magnitud de lo habitable», tal vez los más testimoniales del libro. Nada de grandes epifanías, nada de dogmas ni heroicas conductas tan proclives, por otra parte, a ceder al vulgar patetismo. Bagué Quílez regresa a la realidad más real y lo hace con un verso incisivo, con un lenguaje exacto, determinante que refleja un desencanto insurgente o, como escribe Ángel L. Prieto de Paula en el paratexto, que trasmite un «escepticismo expansivo» que resulta aleccionador, y contagioso.

*Reseña publicada en en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 12/05/2017

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