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JAVIER BOZALONGO. PRISMÁTICOS. EDITORIAL TREA, 2017*

Es probable que el momento más álgido del género aforístico esté aún por llegar y que aumenten de manera notoria las editoriales y colecciones dedicadas a difundir este género híbrido que colinda con la poesía y con el apotegma casi a partes iguales, pero de lo que no nos cabe ninguna duda es que Trea, la editorial gijonesa, es una de las que lo lleva acogiendo en su catálogo desde hace más tiempo —varias décadas— no tenemos más que ver los títulos publicados de un un auténtico experto en estas lides como Fernando Menéndez o el ensayo ‘Pensar por lo breve: Aforística española de entresiglos (1980-2012)’ de José Ramón González, un libro que combina la antología de textos con un estudio pormenorizado de este resurgimiento.

Le toca ahora el turno a Javier Bozalongo (Tarragona, 1961), conocido sobre todo por su quehacer poético, recogido en tres antologías recientes: ‘Nunca el silencio’ (2012), ‘Has vuelto a ver luciérnagas’ (2015) y ‘Las raíces aéreas’ (2016), aunque también frecuenta la narrativa (acaba de publicar el libro de relatos ‘Todos estaban vivos’). Prismáticos recoge un conjunto de reflexiones de diferente calado: unas son como relámpagos: «Vivir es anterior a cualquier verso» y otras desarrollan esa idea originaria con mayor detalle: «Cuando apagas la luz desaparece el mundo. Cuando cierras los ojos desapareces tú. Nunca dejes de asombrarte al abrirlos de nuevo», aunque ambos poseen una fuerza expresiva que no deja de sorprendernos, aborden el tema que aborden, intensificada incluso por una ironía inteligente que brilla con especial energía en la sección titulada «Gotas de tinta», un particular abecedario del que entresacamos, por ejemplo, la reflexión a que da lugar la letra h: «Hotel: puede ser divertido y, como mínimo, cambias de almohada». En una disciplina como esta no debe resultar fácil dominar la tendencia a caer en la ingeniosidad o a dejar que vuele la imaginación hasta el cielo ininteligible de la fraseología buscando beneficios fugaces y significados pretenciosos, sin embargo, ambas gratuidades las solventa Javier Bozalongo con la destreza de quien no necesita justificaciones exógenas. Bozalongo mantiene a raya el juicio fácil y la idea refulgente, las inseguridades valetudinarias porque sabe que abundan menos las joyas que la bisutería, además, como toda idea sin una elaboración definitiva, esta permanece en continuo movimiento semántico. «Cualquier intento de dar solución a una cuestión humana por medio de una pequeña fórmula es una utopía», escribió la Nobel polaca Wistawa Szymborska. Nada más cierto, y es que estos aforismos no pretender pontificar sobre ningún aspecto de la realidad, sino levantar el velo de la cotidianidad para acceder a lo que oculta, a la parte no visible y, sin embargo, porcentualmente, de mayor densidad. Quizá por eso abunden en ellos la preguntas sin respuesta, que no dejan de ser más que formas difuminadas del pensamiento: «¿Ser padre es lo mejor que le pude pasar a uno?. ¿Y ser hijo?». Cada lector urdirá desde su propia experiencia la red que lo atrape.

*RESEÑA PUBLICADA EN EL SUPLEMENTO SOTILEZA DE “EL DIARIO MONTAÑÉS” EL 21/04/2017

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