LUCIA PERILLO

TEORÍA DEL AGUA

Ahora vivo donde veo agua —tú pagas más

por verlo. Quizá el ojo prefiere la sutileza

del líquido al desorden de las hojas,

que ahora son amarillas y moteadas,

a punto de florecer en el aire. Mientras que los atractivos

del agua son que nunca se marchita, que nunca muere,

su superficie se oscurece o clarea por las nubes

que pasan —aunque también estas

se disuelven cuando son barridas por el viento, o cuando el sol cabalga

en ellas como un señor de la guerra en su jeep.

 

O podría ser que prefiramos el agua

por su parecido con el dinero, una pobre variedad de monedas.

El gris es común; es su el resplandor el que es extraño,

como el semicírculo rojo en el ala del mirlo

que fue antiguamente apreciado por los nativos de Occidente

al no conocer a el cardenal.

 

Dos teorías. Ahora descreo de teorías.

 

Salvar uno para que reclame la llana vastedad

es también una etapa que la naturaleza supera.

Y pensamos que la sensibilidad del cuerpo

tan hueca como una cáscara de nuez o una envoltura

es el producto de amenazarlo con muchos

metros cúbicos de cielo, no de que finalmente está seguro en alguna parte

para practicar su reverencia final.

 

Versión de Carlos Alcorta

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