CARMEN

CARMEN RIVERO. ¿HACIA DÓNDE SE RETIRA LA MONTAÑA? SONÁMBULOS EDICIONES./VALPARÍSO EDICIONES, 2017

 ¿Hacia dónde se retira la montaña? no es exclusivamente un libro de poemas ni un libro de fotografía, es ambas cosas a la vez combinadas en un hermoso continente. Las fotografías de Carmen Rivero, fotógrafa cubana nacida en 1974 y residente en Granada desde 2001, se complementan con textos en prosa y, en su mayoría, con poemas de diferentes autores de origen cubano. Antonio Armenteros (1963), Omar Pérez (1964), Ludmila Quincoces (1975), Soleida Ríos (1950), Jamila Medina Ríos (1981), Legna Rodríguez Iglesias (1984) y Katherine Bisqeut (1992). La particularidad de este volumen es que los textos carecen de cualquier referencia autorial (encabezan sus datos curriculares distintas especies arbóreas que, sin embargo, no nos aclaran nada en este aspecto), porque esta razón el lector goza de total libertad para indagar sobre qué poema corresponde a tal o cual autor. Dentro de este juego podemos considerar también el contraste entre la fotografía de cubierta, un paisaje costero con un horizonte perfectamente delineado, y el propio título, ¿Hacia dónde se retira la montaña? Unos versos pueden acaso resolver esta antinomia: «¿Hacia dónde se retira la montaña?/ En los beneficios del cielo pasea un ejército de preguntas// Intercambian: la rudeza de las sumisiones se desierta ante/ el único relámpago que tiene ojos de niño».

Todas las fotografías están realizadas en blanco y negro, aunque la variedad argumental, la distinta amplitud de plano o el uso de la técnica del desenfoque hacen que estas imágenes compongan un puzle temático, eso sí, perfectamente arropado por los textos, de vuelo e intención dispar. «La intuición de que todo nade, que todo sea flexible. Quiere hacer que las islas vuelen. Es algo extraño, transparente, móvil, polivalente. La idea, (re)crear el sentido de las proporciones/provocaciones. La idea: Mirar hacia el interior desde unas dimensiones exteriores perfectas». Bien pueden resumir las palabras entrecomilladas el propósito de esta simbiosis artística. Una simbiosis que, por momentos, nos parece arbitraria: la relación entre ambas carece de puntos de apoyo. En otras ocasiones, sin embargo, parece que imagen y palabra proceden de un estímulo común, aunque no sepamos si la imagen ha avivado la escritura o es a la inversa (lo cual, para el lecto/espectador, carece de importancia). En cualquier caso, un libro como este, que abarca dos disciplinas antagónicas, aunque complementarias, admite un sinnúmero de interpretaciones, todas ellas, además, legítimas. Y quizá esta pluralidad sea lo mejor del libro. Que la mirada fluya libre entre nubes o entre las paredes de un dormitorio, que se apropie de la luz de igual forma en un paseo nocturno tamizado por las farolas del paseo que una tarde invernal, de lluvia amenazante. Que la mirada se despoje de toda rémora y se diluye en la imagen, como parecen hacer los escasos personajes que las habitan. El texto final del libro puede resumir la aspiración de ¿Hacia dónde se retira la montaña?: «Todo es tan extraño…/ el misterio de las cosas, la alegría de la simbiosis,/ del conocimiento del otro en una misma,/ La inquietud de lo que no se puede explicar, lo inatrapable».

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