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EMILIO AMOR. MANUAL DE PÁJAROS EXTINTOS. GRAVITACIONES. COLECCIÓN GRÁFICA, 2016

No siempre es fácil conciliar dos disciplinas artísticas en un mismo formato, un formato de tamaño acaso reducido para la envergadura de la obra plástica que se reproduce, sin embargo, hemos de reconocer con placer que la esmerada edición de este libro resulta del todo oportuna para combinar pintura y poesía y que la vieja locución horaciana ut pictura poesis cobra así su verdadero sentido. Emilio Amor es un poeta y pintor, además de actor y activista cultural. Asturiano (Gijón, 1955) que tiene tras de sí un largo bagaje, tanto en lo que se refiere a su actividad artística como en la literaria. De su autoría son títulos de poesía como Cuaderno de bitácora (1981), Crónicas de Samuel Stauwton (1989), Canciones de amor en los campos de Marte (2002) o Territorio perdido (2014). Bajo el hermoso título Manuel de pájaros extintos se agrupan, divididos en cuatro secciones, algo más de cuarenta poemas, generalmente intitulados, acompañados de una decena de ilustraciones del propio poeta, que ofrece así dos visiones complementarias de un mismo impulso creativo, la subsidiaria de la imagen y la que revelan las palabras, y hablo de revelación porque estos poemas provienen de un estado que podríamos definir como de ensoñación y es que, aunque el lenguaje utilizado sea cotidiano y realista, logra transferir una capacidad simbólica que sobrepasa la mera función descriptiva, como, por ejemplo, en estos versos: «Cuando el sol se levanta sobre las alambradas/ hay una paloma que vuela en el cielo de los microchips». Debemos dejarnos llevar por lo que dicta la emoción a la hora de leer estos poemas y de contemplar estas obras pictóricas (parcialmente figurativas y de colores impactantes); debemos subrogarnos a la intuición, entendida esta como una mezcla de instinto e inteligencia, solo así conseguiremos desvelar las capas de sentido que palabras e imágenes ocultan. No resulta difícil advertir el vitalismo, teñido con notorias inflexiones de desengaño, que impregna estos poemas, algo perfectamente entendible cuando la experiencia personal se solapa con la experiencia poética. No insinuamos siquiera que abunden los motivos autobiográficos, pero el paso del tiempo va unido inexorablemente a una necesidad de consolación que, de manera obvia, tiene que ver con cierta sensación de fracaso vital, con la presencia de la enfermedad, con la crisis social («Existir es claudicar cien veces:/ los amores perdidos una tarde,/ los trabajos forzados por la necesidad,/ los hijos que se alejan en aviones vibrantes/ hacia un destino incierto y sin fronteras,/ y la salud mellada por los años»), pero es este un fracaso redimido, en ocasiones, gracias también a una exaltación fugaz, como en este verso: «He llegado al lugar donde habitan los sueños». Esta decepción vital, esta conciencia de la temporalidad no está vista, sin embargo, con dramatismo, ni siquiera con pesadumbre, porque la vitalidad creativa de Emilio Amor a la que hemos aludido más arriba se eleva por encima de esas contingencias y el mero hecho de confiar en la palabra poética, por esencia, radicalmente distinta de la palabra comunicativa, así lo atestigua. Quien vive sugestionado por el efecto nocivo de la resignación no puede ser capaz de elaborar esos paisajes anímicos que muestran las obras que acompañan estos poemas, obras iluminadas por colores encendidos, delimitadas por trazos consistentes que sugieren vigor y fortaleza. Manual de pájaros extintos no es un libro nostálgico, no es el libro de alguien que ha tirado la toalla; debemos leer entre líneas y descubrir el esperanzador latido que vibra en esa corriente subterránea que alimenta sus poemas. No todo lo que el poeta ha querido decir se encuentra en lo que dicen los versos, porque, como escribe el poeta, «Para reinar en esos ojos tristes/ he de vivir deprisa y sin aliento».

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