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JAVIER VELA. FÁBULA. FUNDACIÓN JOSÉ MANUEL LARA. VANDALIA, 2017.

 No se aviene la poesía de Javier Vela (Madrid, 1981) a una lectura apresurada ni circunstancial, todo lo contrario, sus versos exigen un lector implicado, atento, cómplice, un lector que esté dispuesto a dejarse seducir por metáforas, por imágenes, por comparaciones fuera de lo habitual —aunque no por ello abuse el autor de cifrar en lo extraordinario un método de composición que, por otra parte, a muchos conduce a cierta abstracción ininteligible— como esta: «su frente ancha y humana, ennoblecida como piedra en el mar». El posible hermetismo de los versos no se encuentra en lo que dicen, sino en esa especie de eco que resuena después de haberlos leído, cuando el poso de su significado se transforma en experiencia vital. Fábula —la fábula, según Wistawa Szymborska, es una mezcla de realismo y fantasía— es un libro complejo que tiene a la memoria como hilo conductor de las seis partes que lo integran. La cita de Wallace Stevens que lo precede despeja cualquier duda sobre el falseamiento que ejercen sobre la realidad tanto la evocación como su reflejo en el lenguaje: «Poetry is the supreme fiction», y es que «El lenguaje —como escribe Gadamer— y lo que el poeta logra en su lenguaje dan testimonio de una realidad común que no necesita de otra legitimación». Es, sin embargo, la escritura, para Javier Vela un modo de conocimiento que parte del yo y se dirige hacia el otro, hacia el mundo del que forma parte: «Escribir, escribir, como si camináramos/ por un hilo invisible,// para buscar a tientas el corazón del otro…» , dice en uno de sus poemas. Como decíamos, son seis las partes que integran el libro. Imbuido por el espíritu de la época en la que vive, la primera parte, «Correspondencias», enlaza su propia experiencia con la de películas o series televisivas. Quizá el más desasosegante sea el poema titulado «El nadador» (la referencia literaria y cinematográfica es evidente): «Sale del agua muerto, y sus pisadas –brillan como diamantes enjaulados». La segunda sección agrupa unos poemas de tono amoroso, «En el país de Amara», en los que la presencia/ausencia de la amada recrea un paisaje anímico mutable y contradictorio, como ocurre a menudo con el amor: «Ahora que te has ido, he de pensar en ti, en la callada estructura del amor, esa extensión anímica que agita dos océanos bajo una misma sábana». En la tercera sección, «El sur», la contemplación retrospectiva se convierte en el leitmotiv principal: «La memoria es un puente derruido/ bajo el que fluye un tiempo sin orillas». Los vínculos familiares y ciertas alusiones a los males de la sociedad contemporánea, no exentas de crítica son la columna vertebral de la cuarta sección, la titulada «Retrato de familia». Las dos últimas, «Habla el fabulador» (cuyo carácter autobiográfico es más palpable) e «Invocaciones» (más metapoética), cierran un libro misceláneo, plural tanto en su construcción, aunque la mayoría de los poemas están escritos en prosa, como en su alcance semántico. La perspectiva que ofrece mirar desde los primeros libros de Javier Vela, La hora del crepúsculo (2004) y Tiempo adentro (2009) esta nueva entrega, Fábula, permite intuir un progresivo cambio de rumbo que solo puede depararnos a sus lectores buenas nuevas.