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CHARLES SIMIC. DÍAS CORTOS Y LARGAS NOCHES. TRADUCCIÓN Y PRÓLOGO DE NIEVES GARCÍA PRADOS. VALPARAÍSO EDICIONES, 2017

La aparición de un nuevo libro de Charles Simic (Belgrado, 1938) supone siempre un motivo de satisfacción para todos los amantes de la poesía, aunque, en este caso, no sea el género poético el asunto central de estos textos, por más que muchos de ellos estén colmados de aliento poético. Días cortos y largas noches recopila artículos publicados previamente en el New York Times, en un arco temporal que abarca desde el 20 de octubre de 2009 hasta el 25 de agosto de 2015. Pero, como saben muy bien sus lectores, no es este volumen la primera muestra de la calidad prosística del poeta norteamericano que podemos leer en español. Hace un par de años se publicó Una mosca en la sopa (Vaso Roto, 2010), una magnífica autobiográfica; El monstruo en su laberinto (Vaso Roto, 2015), un libro que recoge fragmentos de los cuadernos que Simic escribe regularmente y, anteriormente, se había publicado un volumen misceláneo de prosas titulado El flautista en el pozo: ensayos reunidos 1972-2003 (Ediciones cal y arena, 2011). Las vinculaciones entre estos libros son evidentes, no solo formales sino temáticas: hay asuntos que, como no podía ser menos, se repiten, hay fobias recurrentes y filias inquebrantables, hay un concepto de la creación que unifica todo texto escrito por Simic, porque «Un poeta que merezca la pena leer vive en el presente, lo que le mantiene evolucionando continuamente hacia otra cosa».

     Días cortos y noches largas «no solo ofrece —como escribe la traductora y prologuista Nieves García Prados— su particular visión de la literatura y de la poesía, sino también sus juicios sin cortapisas sobre su país de origen, Serbia, la independencia de Kosovo»: («No sorprende nada la sentencia de la Corte Internacional de Justicia sobre la legalidad de la declaración de independencia de Kosovo en 2008»), sobre la política armamentista de Estados Unidos: («Como alguien que a la edad de seis años estaba acostumbrado a escuchar disparos, explosiones y gritos y a ver muertos y heridos durante la Segunda Guerra Mundial, la ocupación alemana y la guerra civil en Yugoslavia, aprendí pronto que el propósito principal de un arma es matar gente. Quien diga que tener un montón de ellas alrededor nos hará más seguros o bien quiere hacer dinero con niños muertos, o bien vive en el paraíso de los tontos») «o la situación de indigencia en la que permanecen miles de sus conciudadanos», asuntos que un poeta como Simic, para quien la poesía es «algo importante que mi perro sea capaz de entender. Desde luego, no es una actividad elitista reservada para almas sensibles» no podía eludir. Pero su posición ante los acontecimientos que suscitan sus comentarios dista mucho de ser neutral. Estamos hablando de artículos de opinión, y la opinión de Simic no suele coincidir con la de la mayoría de sus conciudadanos. Son opiniones de alguien que está atento a lo que sucede a su alrededor, no las de un mero teórico que dialoga más con el pensamiento que con la acción, aunque las lecturas tengan una importancia fundamental en su quehacer: «Donde quiera y lo que sea que lea, tengo que tener un lápiz, no un bolígrafo, preferiblemente un lápiz gastado y pequeño para que pueda estar más cerca de las palabras, subrayar las frases mejor construidas, ideas brillantes o estúpidas, palabras interesantes o alguna información, escribir cortos o elaborados en los márgenes o poner signos de interrogación, marcas de verificación y otras anotaciones privadas junto a los párrafos que sólo yo, y a veces ni eso, puedo descifrar». Como hemos anotado, los intereses que motivan estos artículos son muy variados, desde el cine mudo al fútbol («No he hecho nada en las últimas tres semanas salvo ver fútbol», pasando por la política interior y exterior de Estados Unidos («Lo que tenemos en este país es la rebelión de las armas embotadas contra el intelecto: por eso, aman a los políticos que claman contra los maestros que adoctrinan a los niños contra los valores de sus padres y les ofenden los que muestran habilidad para pensar de forma independiente. Esta, en mi opinión, es la razón por la que se gastan millones en mantener ignorantes a mis conciudadanos») o por la rememoración de escenas infantiles. Ser nombrado poeta laureado de su país le concita sensaciones diferentes, por una parte está la pérdida de intimidad y el ajetreo continuo que desestabiliza sus costumbres y, por otra, la toma de conciencia de las enormes posibilidades de difusión de la poesía que tal galardón permite, aunque no ignora que «Los versos patrióticos, sentimentales y de postal siempre han sido tolerados, pero el tipo de cosas que los poetas modernos escriben ofenden supuestamente a esos “verdaderos americanos” a los que Sarah Palin alababa en las últimas elecciones». Es imposible enumerar en un comentario como este la diversidad de sensaciones que nos producen estos textos, con los que, por otra parte, tanto nos identificamos como poetas y como ciudadanos, por eso nos limitaremos solo a recomendar con especial énfasis su lectura. En la mayoría de sus párrafos encontrarán motivos sobrados para justificar su inversión.

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