BILLY COLLINS
DÍA DE AÑO NUEVO

Según el ensayista inglés Charles Lamb,

todos tenemos dos cumpleaños
el día en que nacemos y el día de Año Nuevo—

una observación divertida para reflexionar
mientras espero que el agua del té hierva en la cocina
que se está convirtiendo, gracias a la luz de la mañana,
en una de esas luminosas habitaciones de Matisse.

«Nunca nadie ha visto el uno de enero
con indiferencia», escribe Lamb,
a diferencia del Día de la Marmota o la fiesta de la Anunciación,

éste no marca más que el paso del tiempo,
me di cuenta mientras sumergía una escafandra
de hojas de té en un pequeño cuerpo de aguas enturbiadas.

En relación a mi propio cumpleaños lo acepto
como el feliz aniversario de mi existencia
probablemente porque yo fui, y continúa siéndolo
este día de finales de diciembre, un hijo único.

Y como un hijo único—
un sorbo de té, tostado y mordisqueado
en una extravagante habitación esta mañana—
le daría la bienvenida a un cumpleaños extra,
una oportunidad más para detener lo que estamos haciendo
durante un momento y reflexionar sobre mi estancia aquí en la tierra.

Y un cumpleaños más podría ser un consuelo
para todos nosotros por tener que afrontar el día de fallecimiento, también,
una X en un cuadrado
en algún calendario de cocina del futuro,

el día en que cada uno de nosotros es arrojado del tren del tiempo
por un corpulento conductor desalmado
mientras truena atravesando meses y años,

sombreros de fiesta, velas, confeti y horóscopos
agigantándose en la turbulenta tormenta de su estela.

 Versión de Carlos Alcorta

 

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