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YUSEF KOMUNYAKAA. NEON VERNACULAR. TRADUCCIÓN DE JUAN JOSÉ VÉLEZ Y RENATO ROSALDO. VALPARAÍSO EDICIONES, 2016

 Resulta sorprendente que un libro como Neon Vernacular, publicado por Valparaíso Ediciones la primavera pasada no haya alcanzado mayor repercusión en la crítica especializada en poesía. Algo grave está ocurriendo cuando se da pábulo a determinadas corrientes estéticas —aunque llamarlas corrientes estéticas resulte exagerado— sustentadas en el sentimentalismo más ramplón que, además, presumen de la falta de elaboración poética de la experiencia y, por el contrario, se hacen oídos sordos a libros de la importancia del que ahora comentamos, una importancia que si le concedió, en su momento, la crítica norteamericana al otorgarle el Premio Pulitzer y el Premio Kingsley Tufts en 1994. Por otra parte, no es éste el primer libro de Komunyakaa que se vierte al español. Con traducción de Juan José Vélez, Valparaíso Ediciones publicó el que acaso sea su libro más emblemático, Dien Cai Dau, en el que retrata con crudeza y conmiseración su paso por la guerra de Vietnam. De este libro se recogen aquí algunos de los poemas más representativos y es que Neon Vernacular es una antología de la obre de Komunyakka que abarca el periodo comprendido entre sus primeros poemas, que datan de 1977, hasta 1989. Quedan fuera, por tanto, los libros que el autor ha ido escribiendo a partir de dicha fecha, libros tan importantes como Thieves of Paardise (1998), Talking Dirty of Gods (2000), Pleasure Dome: New & Collected Poems, 1975-1999 (2001), Taboo: The Wishbone. Trilogy. Part 1 (2006), Warhorses (2008) o The Emperador of Water Clocks (2015).

Toda recopilación, si no se atiene a un tema predeterminado, debe por fuerza mostrar diferentes tonalidades, distintas formas de abordar una misma experiencia poética y, a la vez, una variedad temática inherente a la complejidad vital, por eso, los autores de la edición, Juan José Vélez y Renato Rosaldo nos informan en el prólogo de que este «variado poemario aborda temas que van desde los recuerdos de la infancia hasta las atrocidades de las experiencias en el campo de batalla de la Guerra del Vietnam, donde el autor sirvió como soldado, sin olvidar los que tienen por asunto las dificultades de ser negro en los Estados Unidos, la lucha de los afroamericanos durante el periodo de la intolerancia racial, momentos y retratos de su propia existencia, la forma de vida de ciertos personajes al margen de la ley, o el mundo del blues y el jazz, entre otros».

Yusef Komunyakaa nació en 1947 en Bogalusa (Luisiana) y participó, como hemos dicho, en la guerra de Vietnam, experiencia que marcó el rumbo de su poesía, una poesía eminentemente narrativa que, por otra parte, se adapta al ritmo musical del blues y del jazz. «Sus poemas —ha escrito el crítico del New York Times, Bruce Weber—, muchos de los cuales se basan en detalles ferozmente autobiográficos —sobre su estancia en Vietnam, sobre su infancia— tratan de los ultrajes que la experiencia deja en una vida y, a menudo, son dolorosamente sugerentes, pero no resuelven el conflicto» que Como hemos dicho, Neon Vernacula reúne las líneas maestras de su visión poética, una visión impregnada de la cultura del sudoeste norteamericano en la que la reivindicación de los derechos de la raza negra ocupan un lugar determinante. Komunyakaa es un cronista de la época y del lugar en el que le ha tocado vivir, y en esa sociedad, en esa cultura, la influencia de la música, del blues y del jazz es insoslayable: «Al igual que el músico—escriben los autores del prólogo—, el escritor, bajo la influencia de la poesía del jazz emplea copiosamente la improvisación, el dictado irracional e ilógico, la figuración y conceptos surrealistas, creando unas imágenes y situaciones que no pueden ser siempre interpretadas por la lógica y la coherencia, a veces ni siquiera sintáctica, lo cual conduce en ocasiones al uso de un lenguaje surrealista, delirante y onírico que no puede ser descifrado mediante los cánones propios de la poesía “convencional”, sino mediante la adopción de actitudes intuitivas transgresoras de análisis e interpretación». Ese lenguaje un tanto críptico proviene también de la mezcla de las imágenes que se superponen en su mente. Mediante la escritura intenta reordenarlas, encontrarlas sentido, domeñar a los demonios que le acosan desde la infancia, como sucede en el poema titulado «Aguardiente casero»: «Desde detrás de la valla trenzada/ de madreselva llegan risas/ de borrachos hasta donde/ yo estoy. El amigo de mi padre,/ Carson, está a su lado: los tres beben/ de una jarra esmaltada mientras/ miran a una mujer/ que, de puntillas, recoge una camisa/ transparente del tendedero: miran sus piernas/ de campesina al subírsele el vestido encendido/ por el sol como la última imagen de la sobriedad». En otros, sin embargo, esa infancia se vislumbra como un lugar feliz, como en «Buena memoria», un poema dividido en 10 partes que rememoran diferentes escenas de su infancia (la más dramática, sin duda, es la recreada en la sección 5, «Escopetas», que finaliza con estos versos: «Nos sentamos apiñados y en silencio fuera/ del quirófano, hasta que/ una luz roja sobre la puerta empezó a latir/ como una vena rota en un cráneo». Hay otros poemas que me gustaría subrayar, como «Canciones para mi padre», «El estado anómalo del unicornio» o «Emboscada», sobre la guerra de Vietnam, pero son demasiados para enumerarlos. Conviene, para saborear bien este cóctel poético, dar pequeños sorbos, picotear aquí y allá, leer un poema y, antes de comenzar a leer el siguiente, oír su eco en las paredes de nuestra conciencia. Últimamente parece que resurge —casi de las cenizas, es verdad— un tipo de poesía que no teme explorar el compromiso social (términos estos casi anatematizados no hace tantos años) y la denuncia de las terribles consecuencias que el neolibarismo más demencial está provocando. Neon Vernacular, en los diferentes libros que lo componen (New Poems, Dedication and Other Dark Horses, Lost in The Bonewheel Factory, Copatic, I Apologize for The Eyes in my Head, Toys in a Field, Dien Cai Dau y February in Sidney) es un claro ejemplo de cómo la excelente poesía se puede conciliar con la crítica social y política, por eso los amantes de la poesía, los poetas comprometidos con su tiempo, no deberían dejar de leerlo.

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