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CANDELAS GALA. SINERGIAS. POESÍA, FÍSICA Y PINTURA EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XX. TRADUCCIÓN DE ISABEL PALOMO. EDITORIAL ANTHROPOS, 2016*

La lejanía impone ciertas restricciones no siempre franqueables a pesar de la buena voluntad de algunos de sus protagonistas. Esa, la lejanía, debe ser sin duda la causa de que una especialista en poesía contemporánea de la talla de Candelas Gala no tenga más predicamento en el, por otra parte, impermeable mundo universitario de nuestro país. De otra forma nos resultaría incomprensible. Y no sólo por que Candelas Gala ocupe la cátedra Charles E. Taylor en Lenguas y Literaturas Románicas de la Universidad Wake Forest en Carolina del Norte, sino porque ha escrito algunos de los mejores estudios sobre la poesía de García Lorca, sobre la Generación del 27 y sobre la poesía escrita por mujeres, por ejemplo. Una muestra más de su excelente quehacer lo encontramos en el libro que ahora comentamos, un exhaustivo estudio que pone en relación la obra poética de autores como Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén. Juan Larrea. Gerardo Diego, Rafael Alberti y Concha Méndez con los descubrimientos científicos de la época y con los movimientos artísticos que surgieron simultáneamente, una relación no siempre bien avenida porque a menudo ha habido, y seguirá habiendo, quienes den primacía al conocimiento empírico sobre el poético, o a la inversa, aunque, afortunadamente, se hayan mitigado mucho esas discrepancias. En el imprescindible ensayo Las palabras de la tribu, José Ángel Valente escribía que «ha desaparecido la vieja oposición entre ciencia y poesía, construida a base de asignar a la primera el sólido reino de lo que se ve y se toca, de la materia como algo inmediatamente perceptible […] Esa oposición ha desaparecido, además, gracias a la evolución de los supuestos de la ciencia misma, pues es ésta la que ha sustituido la materia sólida por haces de energía que operan en campos de fuerza invisibles». No podemos ser tan optimistas, pero es evidente que dichas relaciones han mejorado cualitativa y cuantitativamente.

Después de leer el documentadísimo estudio de la profesora Gala, no albergamos duda alguna sobre el conocimiento de las novedades científicas que poseían los poetas aquí analizados, un conocimiento propiciado por diversas instituciones españolas, empeñadas en la difusión de los más recientes avances científicos de la época, como Gala enumera en el apartado titulado «El panorama científico en España: breve visión de conjunto», de tal forma que «La obra de estos poetas—concluye Candelas Gala—, cada uno en su propio estilo, se relaciona con alguna de las teorías más significativas de la física, principalmente con la búsqueda de un más allá en la línea de la cuarta dimensión, con la energía de la creación que la física exploró en las teorías del campo electromagnético, la luz, la termodinámica y la energía, y con la naturaleza relativa, azarosa e imponderable de la realidad y la materia».

Los tres primeros libros de Salinas sirven a la autora para indagar sobre «la naturaleza del ver y de la percepción, de la realidad de lo invisible y lo imponderable, de lo predecible y lo impredecible y el azar; [para establecer] conexiones analógicas entre todos estos temas y la relatividad junto con teorías físicas sobre la probabilidad y con avances tecnológicos» en la obra del poeta. La poesía de Jorge Guillén es examinada desde la óptica de las teorías del físico austriaco Ernst Mach. Juan Larrea «recurre a nociones científicas […] que funcionan como correlativos analógicos de su búsqueda de conocimiento sobre la vida y el arte». En Gerardo Diego influyen también las nuevas teorías, hasta el punto de que «los fenómenos físicos, como el mar y la espuma, la luz, la electricidad, las estrellas y la periodicidad, desencadenan su imaginación su imaginación poética y son elementos esenciales en su construcción de un nuevo panorama del arte donde nada está fijo y donde el conocimiento es algo incierto y provisorio». Rafael Alberti y el cometa Halley, la importancia de la actividad física y de la imaginación en la poesía de Concha Méndez y la realidad vista a través de su reflejo en la obra lorquiana son, a grandes rasgos, los asuntos centrales de este estudio plagado de referencias y de nuevas interpretaciones. La poesía de los autores tratados adquiere otra dimensión más universal después de repasar los argumentos que esgrime la profesora Candelas Gala, que finaliza este excelente trabajo afirmando que «A todos les guió el deseo de construir el mundo de un arte nuevo para enfrentarse, paradójicamente, al desvanecimiento de todo tipo de base sólida, a palabras que se entremezclan con otras palabras a medida que los límites con otros elementos se van desdibujando».

Lo cierto es que hoy en día, entre ciencia y poesía sigue habiendo numerosos recelos, pero son numerosos los poetas actuales de nuestro país que se atreven a conciliar materiales provenientes de ambos ambientes. Un número reciente de la revista malagueña Litoral, tan vinculada a la generación del 27, así parece atestiguarlo. Antonio Gamoneda, Clara Janés, Jaime Siles, Carlos Marzal, Jesús Aguado, Agustín Fernández Mallo, Andrés Neuman o Vicente Luis Mora, por citar sólo unos pocos nombres, lo han hecho con intensidad y convicción diferentes. La tradición anglosajona es quizá más proclive a cultivar estas interrelaciones. Basta con mencionar que Sara Howe ha sido galardonada con el premio T. S. Eliot 2015 por Loop of Jade, libro dedicado a Stephen Hawking, o el último premio Pulitzer de Poesía, Peter Balakian, ha titulado el libro ganador Ozone Journal. En cualquier caso dichas sinergias han sido esclarecidas por Candelas Gala con rigor y erudición, pero también con significativa amenidad, características que no siempre van de la mano y que este volumen están imbricadas de forma natural, como el objeto y su sombra.

Reseña publicada en el núm. 120 de la revista TURIA

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