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PEDRO JUAN GOMILA MARTORELL. LA PASIÓN SEGÚN DIONISO. EIDOLON III. LA LUCERNA, 2016

 Es muy posible que Eidolón, el proyecto poético en el que Pedro Juan Gomila lleva embarcado los últimos años, una tetralogía de la que La pasión según Dioniso constituye la tercera parte (Arcadia desolada fue el primero y En la tierra de Nod, el segundo), sea uno de los más ambiciosos de cuantos se están desarrollando en poesía actualmente, por eso sorprende que no haya tenido el eco que se merece por parte de la crítica. Es cierto que no estamos hablando de una poesía complaciente con el lector, que exige una predisposición particular para internarse en la toma de conciencia de un poeta que lucha por reivindicar su identidad ante una realidad que se muestra especialmente hostil; resulta, además, evidente que el tratamiento formal, especialmente en este libro, se desliga de las convenciones al uso y recupera formatos de nuestra tradición casi por completo eclipsados por las nuevas corrientes estéticas (y estáticas), pero aun con todo, o quizá, precisamente, por eso, merece la pena leer libros como éste y no desaprovechar la oportunidad de asistir a la batalla que libra un alma atormentada consigo mismo y con el entorno, contemplar cómo evoluciona —como dice Alberto Chessa en el prólogo— «la construcción de un yo fantasmático».

La poesía de Pedro Gomila exige, como hemos dicho, una lectura paciente y minuciosa porque, de lo contrario, al lector le pueden pasar desapercibidas referencias indispensables para una comprensión cabal de los poemas, plagados de conexiones casi ocultas para el profano y de filiaciones de la mitología clásica, empezando por el propio título. Dionisio era, como todos sabemos, el dios de la rebeldía, el dios del éxtasis, el dios de la locura y lo incontrolado que ha servido de modelo para innumerables reflexiones estéticas y, por supuesto, morales. Nietzsche o Freud, sin ir más lejos han analizado la presencia de su filosofía vital a lo largo de la historia y la han contrastado con Apolo. Por reducirlo a un breve esquema, podemos decir que lo apolíneo, más circunscrito a lo que hoy podríamos llamar lo bien visto, lo políticamente correcto, y lo dionisíaco, lo que rompe las normas, lo que se subleva contra lo reglado. Y es desde esta perspectiva como debemos leer La pasión según Dioniso, libro que se estructura en diferentes escenas, como si estuviéramos ante un libreto teatral. Cada escena comienza con la descripción del escenario, posteriormente se desarrollan los respectivos monólogos: «¿Y de dónde ese muchacho, este demonio,/ que se encuentra aquí en el centro de mi cráneo,/ cabe el lecho de hojarasca donde yazgo,/ coronado con las hojas de la hiedra?», ces la primera estrofa del libro, encontramos además numerosas acotaciones, diferentes personajes como el chico de la cítara o la doncella de las serpientes, un coro, los guardianes y el llamado el extranjero, de quien tomamos estos versos: «Este Pedro en hora aciaga nos ha caído./ ¡Fuera de la sala, malos consejeros!/ Y si tanto os empeñáis con las masacres,/ destinad a la batalla a vuestros hijos,/ a los mismos que guardáis entre percales,/ mas aquellos que robasteis, devolvedlos». Pedro, un hombre enardecido por la incomprensión, que es y no es quien dice ser, que está construyendo todo un entramado verbal para confirmar su identidad, que da voz a sus desvelos, a sus incertidumbres, pero no oculta la opinión de los demás, a quienes, sí, ridiculiza en muchas ocasiones; Pedro, un hombre que muestra en su carne unas heridas que no son fáciles de curar. El volumen se completa con una apartado de notas explicativas, más propias, como decíamos de un texto teatral que de un poemario, pero es que, como explica Chessa en el magnífico prólogo, «La pasión según Dioniso es la danza de las tipografías y sangrados en la propia disposición de la página que nos está indicando la condición de dramaturgia de esta obra. Estamos, en efecto, ante un largo poema dramático en ocho cuadros». A quién hacen referencia los diferentes personajes, qué papel asume cada uno de ellos, qué simbolizan lo tendrán que averiguar esos lectores que con tanta justicia reclama un libro como éste.

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