AIREA D. MATTHEWS

DESCENSO DEL COMPOSITOR

Cuando menciono los estragos del ahora, quiero decir de este momento.

Quiero decir los abruptos límites del tiempo y del espacio,

un continuo que se pliega sobre sí mismo en los intentos furtivos

por presenciar lo que fue, lo que es y lo que será. Pero lo que

 

yo en realidad pienso es que aquel tiempo y el espacio tienen límites abruptos.

¿Cómo lo sé a ciencia cierta? No, no soy un astrofísico. Aún tengo

que presenciar lo que fue, lo que es y lo que será. Pero lo que sé,

lo sé bien: cuerpos que desafían la limitación espacial.

 

¿Cómo lo sé a ciencia cierta? No, no soy un científico. Aún tengo

que demostrar que los cuerpos desafiantes existen incluso como teoría; ofrezco

lo que sé. Sé de sobra que mi cuerpo anhela el tiempo pasado,

un planeta en crónico retroceso, buscando la sombra del sol.

 

Como prueba de que existen cuerpos desafiantes en teoría, ofrezco incluso

la evidencia que tengo: mi vida y las vertiginosos órbitas de Mercurio, o

dos planetas en crónico retroceso, buscando la sombra del sol.

Es decir, dos objetos desapareciendo intencionadamente ante tus ojos.

 

Quizá la vida no es más que vertiginosas órbitas solares, o pliegues

dobles a lo largo de un continuo que se desmoronan al final y al comienzo,

lo que implica que la gente puede moverse a la inversa, yendo a su propia desaparición;

o al menos revivir los estragos de entonces, aquí y ahora.

Versión de Carlos Alcorta

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