JAMES TATE

EL PILOTO PERDIDO

Tu cara no se pudre

como las otros —la el copiloto,

por ejemplo, lo vi

 

ayer. Su rostro es de pasta

de maíz: su esposa y su hija,

pobre gente ignorante, miran fijamente

 

como si se fuera a recomponer pronto.

Él estaba más equivocado que Job,

pero su rostro no se pudrió

 

como el de los demás, se oscureció

y endureció como el ébano;

Estos rasgos resaltaron su

 

distinción. Si pudiera camelarte

para volver una tarde,

para descender a tu compulsiva

 

orbita, te tocaría,

leería tu cara como Dallas,

tu inmoral artillero, que ahora,

 

con los ojos hechos ampollas, lee

sus ediciones en braille. Tocaría

su cara como un desinteresado

 

escolar toca una página original.

Sin embargo, por espantoso que fuera,

te lo descubriría, y no

 

te lo entregaría. No mostraría

tu cara a tu esposa, o Dallas,

o la del copiloto, Jim.

 

Tú volverías a tu loca

órbita y yo no intentaría

entender completamente lo que

 

significa para ti. Todo lo que sé

es esto: cuando te veo,

como te he visto por lo menos

 

una vez al año,

rotar alrededor de las selvas del cielo

como un pequeño dios africano,

 

me siento morir. Me siento como si fuera

un residuo de la vida de un extraño,

que te perseguirá.

 

Mi cabeza ladeada hacia el cielo,

no puedo abandonar el suelo,

y tú, pasando por encima de nuevo,

 

rápido, perfecto y poco dispuesto

a contarme que lo estás haciendo

bien, o que fue un error

 

que te colocó a ti en ese mundo,

y a mí en éste; o aquella desgracia

que repartió estos mundos entre nosotros.

 

Versión de Carlos Alcorta

Anuncios