SARAH HOWE

[HABÍA PERCEBES …]

Había una vez. . .

Cormac McCarthy

Había percebes que señalaban los bordes de los océanos.

Los últimos escaladores de las rocas podían sentir su rugosidad calcárea

incomodando bruscamente debajo de los pies. Las rocas húmedas brillaban debajo

y en el viento ellos olían a verdín. Los percebes

agrupados en intrincados asentamientos. Durante toda su vida

viven adheridos y a la vez la frágil roca se adhiere a ellos.

Volcanes y dedales y extrañas constelaciones.

Juntos cartografiaron ciudades distantes y desearon que el mar

los sobrepasara y cuando llegó la marea rojiza se escindieron

como amantes desconocidos. Todo esto

por un principio actínico: un bosque creció en un segundo, gracias

a un mundo donde el sol era una lámpara acuosa. Donde nadie

había estado antes, bocas blancas agitándose suavemente en la corriente y

la armadura achaparrada simulando sucesivamente el más improbable de los cilios:

transparente, ligeramente peludo, aprovechando cada corriente ascendente cuando,

emplumados, se movían con ella. Sólo existían en ese

terreno semihundido. Y como vivieron brevemente, esas tiernas

púas escribieron sobre su misterio.

 

Versión de Carlos Alcorta

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