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HEBERTO DE SYSMO. LA FLOR DE LA VIDA. ELOGIO DE LA GEOMETRÍA SAGRADA. ILUSTRACIONES DE VANESA TORRES. EDITORIAL LASTURA, 2016

 Un reciente estudio de la profesora Candelas Gala, catedrática de la Universidad Wake Forest (Carolina del Norte), publicado originalmente en inglés bajo el título Poetry and Painting in Twentieth-Century Spain y traducido al español como Sinergias. Poesía, física y pintura en la España del siglo XX, estudia la relación de algunos de nuestros más renombrados poetas (desde Lorca a Salinas, pasando por Diego o Larrea) con la física en particular y con las nuevas formas de conocimiento que surgen de las innovaciones científicas. Este trabajo, exhaustivo como pocos, revela el contacto directo que los poetas objeto de estudio y muchos otros, repasados más superficialmente, mantuvieron con los científicos más prominentes de la época —primeras décadas del siglo XX— y cómo los avances tecnológicos y las teorías físico-cuánticas fueron destiladas en sus poemas. «En sus escritos —escribe Candelas Gala— hacían frecuentes referencias a descubrimientos científicos a partir de su lectura de revistas y publicaciones diversas, así como de artículos periodísticos y de su participación en debates con diferentes amigos y colegas. En sus escritos poéticos se filtraron ideas de la física moderna —como las teorías de la relatividad, la energía en la termodinámica, los imponderables en la materia, la electricidad, los campos electromagnéticos, el éter y la cuarta dimensión, la geometría no eucladiana o las incertidumbres cuánticas…». La extensión de la cita resulta del todo necesaria para sustentar el planteamiento que describo a continuación. La principal diferencia (hay muchísimas más, pero detallarlas sobrepasa el alcance de este comentario) entre estos poemas a los que alude Gala y los que ha escrito Heberto de Sysmo (autor de una nutrida obra en diferentes disciplinas pese a que no ha cumplido aún los cuarenta años) estriba en la palabra filtrar. Los poetas aludidos en el estudio filtraron los conocimientos científicos en sus poemas. Heberto de Sysmo ha escrito, sin embargo, poemas que parecen tener más que ver con un tratado sobre alguna variante de la física o de la astronomía —más bien de ambas— (que a mí, por mis escasos conocimientos en esas disciplinas, se me escapa) que con la poesía entendida como un espacio de incógnitas, de incertidumbres, de epifanías. Del crítico británico Terry Eagleton son estas palabras que hago mías: «Es mejor no ver las obras literarias como textos con un sentido fijo, sino como bases capaces de generar un elenco completo de significados posibles. No se trata tanto de que contengan significado, sino que lo generen». Cada lector posee la potestad suficiente como para decidir si un lenguaje tan críptico como el que revelan versos como estos: «Cúmulos de energías montaraces/ se ordenaron cabalísticamente/ y tras una sémola de subrepticias interacciones/ Dios, alguna entidad superior, o nadie sabe qué, dio lugar al prodigio .// Se materializó un corion de forma ovoide,/ de textura anafayística y esponjosa….» es capaz de romper las barreras de un significado unívoco y de mostrar, en su caso, las enormes posibilidades de sugerencia que, sin duda, llevan en su seno: amor, deseo, alegría, sufrimiento, emoción, miedo a lo desconocido, etc. La complejidad de esta poesía exige eso que Seamus Heany llamó «operaciones compensatorias», es decir, un acopio de conocimientos especializados que lastran la emoción, que debilitan esa nutriente complicidad mutua entre autor y lector.

Cierta crítica se limita a parafrasear la historia, el argumento, lo sustancial, en el caso de que pueda realizarse tal operación en un poema lírico, con palabras diferentes a las que emplea el autor. Siempre me parece inadecuado, pero, particularmente en este libro, caer en ese error sería más imperdonable aún puesto que los comentarios a cada poema de David Acebes contextualizan magistralmente la intención de los versos y son en sí mismos no sólo un contrapunto ensayístico, sino una forma de crítica. A modo de ejemplo, copiamos el comentario sobre el poema del mismo título que el libro «La flor de la vida». David Acebes escribe, utilizando versos del propio poema, lo siguiente: «La vida es “un milagro de números y sueños”, no de palabras. Siendo consciente de nuestra imposibilidad de conocer el mundo, al menos de nombrarlo, estamos condenados a vivir “condenados en el tiempo”. “Jamás conquistaremos lo absoluto”. Y eso es algo, a todas luces, terrible. “Ya no nos queda tiempo suficiente/ para desentrañar tanto enigma”, por lo que debemos acostumbrarnos a vivir en el centro de un mundo “devastado”. O, como diría Gil de Biedma, “en el centro de las ruinas de nuestra propia inteligencia». Fue también Gil de Biedma quien escribió que «todos —poetas, lectores y críticos— damos en definir la poesía de acuerdo a la peculiar función que tiene asignada dentro de nuestro esquema de vida». No me cabe ninguna duda de que Heberto de Sysmo asume voluntariamente este aserto y, de acuerdo con él, concede una mayor importancia a las formulaciones matemáticas que a las aproximaciones semánticas del lenguaje (provengan de la ensoñación o del razonamiento) a la hora de indagar en los misterios de la existencia. Acebes así lo constata en una de sus notas: «La existencia (dasein) se encuentra codificada en números y son las Matemáticas la única herramienta conocida por el hombre para descifrar su misterio». Es una opinión respetable, claro está, pero, creemos que, por fortuna, la poesía, la música y el arte en general nos demuestran día a día que son formas también válidas—interrelacionadas además muy directamente con la ciencia— y capaces de generar estímulos más emotivos, para acceder a estratos de conciencia más ocultos, para desentrañar, siquiera parcialmente, los misterios que encierran.

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