STUART DYBEK

CORTINAS

A veces son lo único bonito

de un hotel.

Al igual que los transeúntes,

cuando llega el invierno desaparecen,

disfrazadas de luz sucia,

colgando al lado de un cristal enmasillado.

Entonces cualquier tarde de abril

un inquilino levanta una ventana abierta,

entra una brisa

que resucita la memoria,

y de repente quieren volar,

mientras que los hombres,

levantando la vista desde la calle,

son engañados durante un momento

haciéndoles pensar

que una chica en una planta alta

está saludando con la mano.

Versión de Carlos Alcorta

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