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NACER EN OTRO TIEMPO. ANTOLOGÍA DE LA JOVEN POESÍA ESPAÑOLA. ED. DE MIGUEL FLORIANO Y ANTONIO RIVERO MACHINA. EDITORIAL RENACIMIENTO, 2016

Dos jóvenes poetas, Miguel Floriano (Oviedo, 1992) y Antonio Rivero Machina (Pamplona, 1987) son los responsables de la edición de Nacer en otro tiempo. Antología de la joven poesía española, una selección que aparece casi de forma simultánea con Re-generación, la antología preparada por José Luis Morante que ya hemos comentado en este foro.

La primera diferencia que observamos entre una y otra es que Nacer en otro tiempo está preparada por dos de los protagonistas más notables del proceso en construcción de la poesía actual. Sin embargo, aunque por méritos propios, ambos podían perfectamente estar incluidos en la selección, han tenido el buen gusto de no incluirse entre los antologados, a pesar de que, como digo, por ambición estética y por edad bien pudieran haber formado parte de este plantel, de hecho, Miguel Floriano es uno de los veinticuatro poetas seleccionado por Morante. Las razones que les empujan a embarcarse en este proyecto son varias, algunas de ellas comunes a todo intento de sistematización: «Lo hacemos —escriben—con el objetivo de bosquejar un mapa que aproxime cabalmente al lector a nuestra joven poesía y, al tiempo, arrojar un poco de luz sobre esa actual diáspora de autores activos, caótica de tan vasta». Los autores, siendo conscientes como son de que las taxonomías suelen ser en exceso reduccionistas, se ven, sin embargo, obligados a utilizarlas en su intento de ordenar el panorama al que se enfrentan, así incluyen a «autores cuya praxis lírica conserva en todo momento un delicado respeto por la tradición y por la métrica clásica, además de una insólita soltura tanto con el poema estrófico […] como con la plasticidad y la relajada cadencia del endecasílabo». Encuadran aquí a poetas como Xaime Martínez, Rodrigo Olay, Constantino Molina, Martha Asunción Mateo, Gonzalo Gragera, Ben Clark o Andrés Catalán, aunque resulta evidente, y los propios antólogos lo señalan, que la permeabilidad entre las corrientes estéticas es norma común entre los poetas actuales, razón por la cual es muy difícil —y por otra parte, estimulante— insertarlos en un determinado procedimiento creativo.

Otra de las agrupaciones que realizan Floriano y Rivero tiene que ver con «la imbricación […] entre una alta cultura —con frecuencia avalada por licenciaturas, grados e incluso doctorados— y una insoslayable cultura de masas, dos ámbitos referenciales que no son sino la cotidianidad de sus vidas». Entre los poetas que combinan la llamada «alta cultura» con el «kitsch» (suponiendo que la frontera entre ambas estén claras, algo que hoy no se puede afirmar sin asumir riesgos) están nombres como Sergio C. Fanjul (de dicción entrecortada, las redes sociales y la impronta que dejan en nuestra forma de comunicarnos son motivo de una reflexión cargada de ironía), Xaime Martínez, Víctor Peña Dacosta, Aitor Francos o Diego Álvarez Miguel. El tono testimonial, en algunos poetas volcado más a lo puramente confesional, es perceptible en nombres como María Alcantarilla, Francisco J. Navarro, Gema Palacios, Javier Vela, Pablo Fidalgo Lareo, Laura Casielles, Juan Bello, Martha Asunción Alonso, Berta García Faet, Emily Roberts o Paula Bozalongo.

Mencionan «otros registros»: «el aliento hímnico y natural de Luis Llorente, el hondo minimalismo existencial de Javier Vicedo, la metáfora insólita de Unai Velasco o de Ruth Llana, la reflexión serena de María Higueruelo, el corte metafísico de María Eugenia Motilla, la insólita amplitud verbal de Óscar Díaz», todo lo cual abunda en la diversidad estética, es decir, en la libertad y la carencia de presupuestos fijos a los que aferrarse. Álvaro Valverde, autor del prólogo, lo explica así: «La pluralidad […] brilla por su presencia y de ello da también buena cuenta este florilegio. En mi modesta opinión, no prevalece ninguna corriente ni se ven, como hace pocas décadas, grupos bien alienados».

Diferentes trayectorias, algunas incipientes, otras más consolidadas como las de Pablo Fidalgo Lareo, Javier Vela, Andrés Catalán, Martha Asunción Alonso o Ben Clark avalan el interés de esta nueva antología, un nuevo intento —nos da la sensación de que se ha abierto la veda y que, a partir de ahora, se sucederán las antologías de época— de significar, esta vez desde dentro, las voces más sobresalientes de la joven poesía. De más está añadir la parcialidad del juicio de los editores, algo imposible de soslayar, por más que tienda la mano en un afán conciliador cuando escriben que «Las razones que nos han llevado a emprender este proyecto podrán sintetizarse, sin perder rigor ni hondura en absoluto, en una sola. Tal ha sido —ante la plétora de jóvenes vates que en los últimos años han publicado en suelo patrio, obras ni poetas nada desdeñables a juicio de estos antólogos— el deseo casi irrefrenable de compilar en un volumen a veintiocho de ellos». Dejando al margen el tono irónico que se desprende de un lenguaje tan decimonónico, ironía que no siempre el lector es capaz de compartir, los argumentos son loables, aunque manidos, pero eso no es óbice para que la antología nos resulte muy interesante, a pesar de que la muestra, reducida a tres poemas, sea excesivamente breve para hacernos una idea de la obra de cada autor. Somos conscientes de que las imposiciones editoriales determinan la extensión. Especialmente interesante nos parece la inclusión de poemas inéditos, aunque debiera haberse señalado cuáles son en cada caso para apreciar los derroteros hacia los que se encamina la obra de cada autor. En todo caso, esto es una minucia que en nada empaña el magnífico trabajo que han realizado los antólogos, un trabajo que, estamos seguros, servirá de guía para futuras recopilaciones.

El lector de ambas antologías, Re-generación y Nacer en otro tiempo, comprobará que hay varios nombres que se repiten. Personalmente, me preocuparía que no fuera así, porque eso reflejaría una desorientación crítica preocupante. Por otra parte, dicho lector también puede echar en falta algunos nombres que con todo merecimiento hubieran podido ser incluidos en alguna de ellas, como Alex Chico, Nacho Escuín o Carmen Beltrán, por citar sólo unos pocos (otros autores está excluidos por estrictos criterios metodológicos), pero toda antología —se ha escrito numerosas veces— es un error, un error, creo, necesario. Es evidente que las decisiones de los respectivos antólogos y los riesgos que éstas conllevan son responsabilidad de cada uno de ellos y debemos admirar su arrojo y ser respetuosos con su criterio, aunque no lo compartamos del todo.

 

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